La ciudad
Martes 24 de Mayo de 2016

En escuelas de la zona sur empezaron a dar clases custodiados por la policía

Están en La Tablada, un territorio surcado por la violencia armada de bandas antagónicas. Desde ayer la PAT está apostada en la puerta.

sdezorzi@lacapital.com.ar

LA CAPITAL

Nadie quiere dar el nombre, todo el mundo tiene miedo. Hay alumnos, docentes y asistentes escolares que ya saben qué hacer al escuchar un tiroteo. "Alejarse de las ventanas, apoyarse contra la pared, tirarse al suelo", resume una de tantas voces que ruegan reserva de identidad en el complejo educativo de Alice y Lamadrid, límite sur de La Tablada, donde conviven tres instituciones: una primaria, una técnica y un jardín de infantes. En todas, las clases se dictan con custodia policial.

Enfrente está el barrio Municipal, un territorio disputado por bandas delictivas de largo derrotero y donde vivió Roberto "Pimpi" Caminos, el asesinado jefe de la barrabrava de Newell's. Hace una semana también murió allí un chico, emboscado por varios delincuentes que portaban ametralladoras. El gravísimo episodio terminó incluso con una agresión de los vecinos a la policía, señalada por complacencia hacia uno de los grupos en pugna.

En ese marco, que obligó a suspender las clases por "desinfección", ayer las escuelas reabrieron sus puertas, esta vez con diez efectivos de la Policía de Acción Táctica (PAT) apostados y recorriendo durante todo el día.

La narración, casi catártica, de uno de los docentes de la Escuela Técnica 393 es más que elocuente.

"Son las 10.35 y el timbre llama al recreo, los alumnos salen corriendo del aula a gozar de los 10 minutos que tienen, de repente se siente un traqueteo feroz que lleva a todos los miembros del colegio a tirarse cuerpo a tierra. El sonido puede pasar desapercibido para un oído no entrenado; sin embargo, nuestros alumnos y docentes se han especializado en distinguir cuándo ese ruido proviene de un arma. La escena se repite también a la tarde o a la noche. Se sabe qué hacer, ya se ha hablado: tirarse cuerpo a tierra y esperar a que todo pase. Esperar hasta escuchar el ruido de esa moto o auto que se aleja velozmente. Esta escena casi cotidiana no sucede en un país en guerra, sino en Rosario, en plena zona sur. Tampoco en una sola escuela, sino en varias".

Aun con esa realidad de tiroteos "diarios", contó otra docente de la institución, el temor a hablar encuentra varios filones. Por un lado, a que alguien del barrio ligado a la narcocriminalidad los identifique como "buchones" de la prensa y ni qué hablar de la policía; por otro, a quedar "pegados" si expresan sospecha sobre una connivencia policial.

Agachados. Lo cierto es que "el martes pasado, el día después de que mataran al último pibe (por Leonel Sánchez, el chico alcanzado por una de las ráfagas de ametralladora), los nenes del jardín de infantes tuvieron que salir a la calle cantando una canción bien agachaditos", recordó una profesora de la escuela técnica, pegada al establecimiento de nivel inicial.

En la escuela primaria 1.280, la que ocupa la esquina de Alice y Lamadrid, los docentes tuvieron argumentos de sobra para no hablar. Básicamente, que trabajan allí cada día y más de uno incluso vive en el barrio. "Somos nosotros los que ponemos el cuerpo", graficaron.

Celebraron con cautela la llegada de los efectivos de la PAT, porque saben que es mucho más que nada en un barrio "que no quiere a la policía de su seccional", de la que sospechan cambia de bando según con quién arregle para "liberar" zonas.

Con aviso. Esos son apenas algunos trazos de la dura realidad que docentes y directivos de la escuela reiteraron varias veces ante el Ministerio de Educación provincial, que la semana pasada dio intervención al de Seguridad.

La delegada de la Región VI de Educación, Daiana Gallo Ambrosis, contó que se coordinó una reunión de la que participaron autoridades de ambos ministerios, integrantes de las comunidades educativas e incluso dirigentes de la Asociación del Magisterio de Santa Fe (Amsafé, ver aparte).

"Es obvio que se trata de una problemática que excede a Educación, pero entendimos que debíamos dar una respuesta", dijo, para detallar que también participaron del encuentro el secretario de Seguridad Pública, Omar Pereyra, y el director de Seguridad Comunitaria, Pablo Suárez.

En lo inmediato, la respuesta consistirá en dotar a la zona de una nutrida custodia de efectivos de la PAT (ayer eran diez los agentes apostados por Alice), que prometen también recorrer las cuadras en vehículo y a pie.

"La idea es garantizar la seguridad en el ingreso, el egreso y por supuesto la permanencia para todos los turnos de las escuelas", confirmó Suárez. Eso significa, de mínima, de 7.30 a 23.

Según Gallo Ambrosis, el esquema de seguridad será "permanente" (como de hecho, aseguró, ya se dispuso también para otras escuelas de la zona), mientras se encaran en paralelo "otras acciones a mediano plazo", lo que incluye el necesario aporte de "la Justicia, que tiene que hacer su parte".

Y aunque ayer se registró en las escuelas un marcado ausentismo de alumnos y personal, la funcionaria no se cansó de ponderar "el compromiso de los maestros, que quieren escuelas abiertas con los chicos adentro", y de quienes el ministerio se siente "orgulloso".

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