Cartas de lectores
Miércoles 11 de Mayo de 2016

En defensa de la universidad pública

El ahogo al que está sometiendo el actual gobierno nacional a las universidades públicas es una expresión más del conjunto de medidas regresivas puestas en marcha contra la sociedad civil.

El ahogo al que está sometiendo el actual gobierno nacional a las universidades públicas es una expresión más del conjunto de medidas regresivas puestas en marcha contra la sociedad civil. Esta actitud no sólo merece nuestro explícito repudio sino que además es preciso que la sociedad toda tome conciencia de lo que esto significa. La universidad pública en la Argentina es el ámbito en el cual se formaron los premios Nobel de este país: Carlos Saavedra Lamas, Luis Federico Leloir, Adolfo Pérez Esquivel y César Milstein. Ninguna de las universidades privadas alcanzó ese reconocimiento, entre otras cuestiones porque sus objetivos son puramente mercantiles. Hay una larga historia plagada de jalones vergonzantes como la decisión de Arturo Frondizi de dar lugar al florecimiento y expansión de la enseñanza privada. El movimiento estudiantil de la época enfrentó con coraje esas medidas y también muchos docentes, que pocos años después fueron obligados a emigrar hacia otras latitudes. César Milstein que ejercía su labor de investigador en el Instituto Malbrán fue víctima de la oleada oscurantista y antisemita bajo la presidencia de Guido. El dictador Juan Carlos Onganía prohijó la tristemente célebre "Noche de los bastones largos" en la Universidad de Buenos Aires. La fascistoide intervención de Ottalagano en 1973, siendo ministro de Educación Oscar Ivanisevich, durante el gobierno peronista, persiguió con saña a los profesores que cultivaron el pensamiento crítico. La dictadura cívico-militar del 76 también intervino las universidades públicas, estableció la censura, prohibió los centros de estudiantes, impuso la restricción del ingreso y aranceló los estudios universitarios. Además de derivar a las provincias las escuelas secundarias. Esta tarea se completó con la provincialización de institutos terciarios durante la década de Menem. Es decir, que el Estado nacional sólo quedó a cargo de aportar a las universidades públicas. En las últimas décadas se produjo una privatización encubierta con la ley de Educación Superior, degradando las carreras de grado y fomentando los posgrados que son arancelados y por lo tanto restrictivos. Estamos próximos al centenario de La Reforma Universitaria de 1918, acontecimiento que tuvo lugar en Córdoba y que fue un referente insoslayable para Latinoamérica. Hoy como ayer los miembros de las universidades públicas podemos decir retomando las palabras del Manifiesto Liminar de La Reforma que "los dolores que quedan son las libertades que faltan". El actual gobierno pretende utilizar como variable de ajuste los salarios de los trabajadores de las universidades nacionales, no debemos aceptar pasivamente este artero ataque. Las universidades públicas están amenazadas y esto forma parte del plan de reducción salarial de todos los trabajadores de la Argentina. Los despidos masivos en las áreas estatales y privadas deben ser una señal de alerta para el conjunto de la población que debe autoorganizarse y resistir solidariamente.

Carlos A. Solero / Profesor de la UNR

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