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Lunes 03 de Noviembre de 2014

En Central no es tiempo de tirar la pelota afuera

Berra puede hacerse cargo de un error. Musto puede declarar bajo el mismo tenor. Acciones loables por cierto. Hasta Russo está en todo su derecho de sentir que los errores individuales, principalmente los defensivos, son los que atentan contra la consolidación del equipo.

Berra puede hacerse cargo de un error. Musto puede declarar bajo el mismo tenor. Acciones loables por cierto. Hasta Russo está en todo su derecho de sentir que los errores individuales, principalmente los defensivos, son los que atentan contra la consolidación del equipo. De afuera, cualquier análisis puede resultar también digno. A esta altura del torneo Central podría darse el lujo de cometer ciertos errores. Pero no puede. ¿Por qué? Porque colectivamente no hay sustento. Resbalarse en un cierre, perder una marca en una pelota detenida y todo aquello que atañe a cuestiones defensivas tiene la misma injerencia que las fallas de mitad de cancha hacia arriba, donde las variantes cada vez parecen ser menos.

   Pensar el fútbol en una suma de individualidades no es lo más aconsejable. Puede haber algún que otro caso aislado en los que uno o dos jugadores alcanzan para marcar cualquier tipo de diferencia. No es el caso de Central ni el de ningún equipo del fútbol argentino. De allí la sensación de que en este conjunto de Arroyito la estructura parece resquebrajada, incapaz de salir al auxilio de cualquier tipo de contratiempo.
  Por supuesto que debe doler que cada vez que se cometa un error se pague con un gol en contra y, generalmente, con una derrota. Lo que habría que preguntarse también es porqué ante la mínima adversidad las respuestas futbolísticas y anímicas brillan por su ausencia. Sin una contención que se asiente. Sin un tres cuartos de cancha que se ilumine de vez en cuando. Sin una delantera que pueda gozar de un mayor peso y logre transformar, aunque sea de vez en cuando, una pelota sucia en una situación de peligro.

   El torneo que viene haciendo Central exhibe con una crudeza meridiana todas sus flaquezas. Y en medio de tantas flaquezas es lógico que los errores se manifiesten. Lo ideal sería que no se potencien. Que no queden como los únicos defectos. Es tiempo de que el equipo salga en respaldo de esos malos comportamientos futbolísticos. Porque hasta que eso no suceda cada capítulo tendrá su propia independencia. Y, lo que es peor, servirá para seguir tirando la pelota afuera. Y eso también puede tomarse como un error.

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