AFIP
Domingo 19 de Junio de 2016

"En Argentina hay impunidad y se debe salir de esa situación"

Germán Garavano nació el 23 de octubre de 1969. Ministro de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. Ingresó a la justicia a los 18 años y pasó por todos los cargos de la carrera judicial hasta ser secretario de juzgado.

Germán Garavano tiene en sus manos un ministerio clave, icónico para los tiempos que corren, con jueces investigando al gobierno que se fue por gravísimos episodios de corrupción, pero con otros magistrados poniendo la lupa en las cuentas de Mauricio Macri, señaladas en Panamá Papers.

El ministro de Justicia no ahorra críticas al desempeño de los jueces hasta aquí, cuyo disvalor se refleja en los escandalosos episodios de José López arrojando casi 9 millones de dólares en un monasterio y el entorno de Lázaro Báez contando plata en La Rosadita. Hasta que se produjeron esos hechos consumados, los magistrados no habían hecho casi nada.

"Lo que hay que decirles a los jueces es: «Señores, todo muy lindo, pero eleven los casos a juicio». El caso López marca este déficit estructural y la falta de voluntad para investigar", dice Garavano a LaCapital mirando el Paraná, mientras el sol del mediodía derrama sus rayos sobre el río.

—¿Qué sintió cuando se enteró de la detención de López?

—Me enteré en la reunión de gabinete, lo contó el presidente. Lo tomé con mucha tristeza, porque esto le hace mucho daño a la Argentina como imagen. Es la verificación de una matriz de corrupción que se sospechaba, pero que esto lo termina de ratificar. Y tristeza por la impunidad que reinó en la Argentina en los últimos años. Yo tengo mi propia teoría sobre esto. Necesitamos que todos sean iguales ante la ley, y hasta acá no ha sido así de ninguna manera. Y esa es la tristeza: con esa plata de la corrupción se podrían haber hecho hospitales, escuelas, tribunales, incorporar tecnología.

—Y pone en evidencia a la Justicia.

—Es un desafío muy grande, sí. Este caso de López tenía entre 4 y 8 años de trámite, eran investigaciones que no habían avanzado. En Argentina, la Justicia termina reaccionando frente a una nota periodística, frente a un hallazgo fortuito. Y eso marca la debilidad del sistema de la Justicia Penal. Es uno de los aspectos que aborda el proyecto del gobierno de Justicia 2020. Enfrentamos hoy una situación de impunidad, y hay que salir de eso. Intentaremos solucionar estos problemas en el mediano plazo, mientras tanto los jueces deben elevar esos casos a juicio. A veces la gente no entiende que los allanamientos, las detenciones, los procesamientos están muy bien, pero el desafío de una Justicia seria es que estas personas se sienten en un juicio en el banquillo de los acusados, den sus explicaciones y que el juez los declare culpables o inocentes. Y si se los declara culpables, que devuelvan la plata que se robaron al Estado.

—El déficit de los jueces es notorio: Báez cayó porque a su entorno se lo vio por televisión contando plata, y López fue detenido porque tiró casi 9 millones de dólares a un monasterio.

—Existen las interferencias políticas, que fueron groseras en el gobierno anterior, pero además hay una debilidad estructural de la Justicia, que se mantuvo en el tiempo para que nunca se pudiera llegar a buen término. Si a esto le ponemos jueces vulnerables a las presiones, gobiernos que se lanzan sobre los jueces, llegamos a esta situación de impunidad, que es la que enfrentamos. A veces los medios se encandilan con los allanamientos, porque eso vende, pero son medidas de prueba, y veces simples medidas diligenciales. Lo que se necesita es que esas personas vayan a juicio. Y de lo que adolece la Justicia Federal es de elevar estos casos a juicio. Lo que hay que decirles a los jueces es: "Señores, todo muy lindo, pero eleven los casos a juicio". El caso López marca este déficit estructural y la falta de voluntad para investigar.

—¿La aprobación de los pliegos de Rosatti y Lorenzetti es un límite que el gobierno le pone a Lorenzetti en la Corte?

—Le voy a decir la verdad: a Lorenzetti lo conozco desde hace muchos años, y desde que asumí interactúa con él institucionalmente. El balance de la relación con la Corte es muy positivo. No veo la necesidad de contraponer otros jueces a Lorenzetti, sí como gobierno nos parece muy valioso completar la Corte. La votación en la que se aprobaron los pliegos es el hecho más importante de 2016, porque es clave para romper el círculo vicioso para empezar a cambiar la Justicia. La renuncia de Oyarbide, la designación de Rosatti y Rosenkrantz son cambios profundos, porque se rompe la lógica de los arreglos con la Justicia.

—¿Podría dar un ejemplo?

—Oyarbide ofreció acuerdos, que es lo que hizo con todos los gobiernos anteriores. Y le dijimos que no: "Usted se va o lo irá el Consejo de la Magistratura". El presidente no conoce personalmente ni a Rosatti ni a Rosenkrantz. Macri me dice días atrás: "Los debería conocer ahora, ¿no". Y yo le contesté: "Sí, estaría muy bien que te reúnas, por una cuestión institucional". Es muy valiente la decisión del presidente, porque la tentación de todo el mundo es poner jueces amigos. Macri rompió eso, como rompió con Oyarbide al decirle "no queremos que usted siga". Son mensajes muy fuertes, que rompen el círculo vicioso. Como ministro de Justicia me siento bien por el país que se hayan aprobado los pliegos con un acuerdo abrumador.

—¿Es idea del gobierno aceptar una Corte de 7 integrantes como quiere el peronismo?

—El peronismo quiere eso, dice bien. El gobierno no la va a impulsar, pero si se genera el debate en el Congreso vamos a participar. Hay que ver cómo funciona con 5, y qué modelo de Corte de los planteados en el Senado resulta mejor para el país. Está el cupo femenino, que nosotros consideramos valioso y estamos de acuerdo y la posibilidad de una Corte con salas, que propuso el kirchnerismo. También hay también una propuesta de Rodríguez Saá de ir a una Corte federal por regiones. Nuestra Corte resuelve miles de casos al año; la de EEUU apenas 100. ¿Qué modelo de Corte queremos? Para evitar que las decisiones se tomen en base a la política, estamos tratando de salir de este círculo vicioso y hacerlo en vista a las necesidades de la gente. Esto implica cambios profundos.

—Ya es hora de que los jueces paguen Ganancias.

—Lo tenemos previsto discutir adentro del programa de Justicia 2020 el año que viene. Yo, siendo juez, dije en el Consejo de la Magistratura de la ciudad de Buenos Aires que debían pagar ganancias, sin que eso implique una disminución en el salario que perciben, porque eso puede ser considerado una presión. Hay que instrumentar el proceso, como lo hizo Estados Unidos hace ya muchas décadas. Debería haber una oficina adentro de la Corte para que no sea la Afip, porque hay una historia muy complicada en el país de presión a los jueces, a políticos opositores. Una oficina para que regule y zanje los conflictos, porque el problema ahí es que la Afip puede decir que no le gusta la declaración del juez tal o del periodista tal. Hay que prever eso. Nosotros queremos marcar esa diferencia. ¡Muchos periodistas nos critican porque no tenemos operadores, y está muy bien que no los tengamos!

—Salvo Carrió, quien dice que el operador de ustedes en la Justicia es Angelici. Está denunciado.

—Eso se zanjó, nadie opera. Lo que el gobierno tiene que tener son relaciones institucionales.

_Los escándalos de Báez, López y Jaime complican severamente al gobierno anterior. Pero si no se resuelven los problemas económicos podría volver el "son todos iguales". Y muchos recurren a eso por el tema Panamá Papers.

_El gobierno es muy conciente de su responsabilidad. Panamá Papers es la contracara de lo que apareció con López y con Báez. En Panamá Papers aparece una sociedad que el presidente tuvo, y que en realidad la armó el padre hace 20 años, y que no tiene nada que ver con fondos públicos o gestiones de gobierno, ni nada que se les parezca. Macri se presentó espontáneamente a la Justicia, dejó que lo investiguen y no habla de los jueces. Es la perfecta contracara de otros casos que aparecen vinculados a una gestión de gobierno, con una obscenidad de dinero y donde sistemáticamente se ataca a los jueces. A los jueces, en este país, se los atacó durante 12 años. No somos todos iguales, hay una diferencia tajante.

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