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Sábado 11 de Junio de 2016

Emotiva jornada en memoria de un chico muerto en Villa Gobernador Gálvez

Es Franco Monzón, el muchacho fatalmente atropellado en un piquete. Estudiantes secundarios hicieron una movida cultural.

Emotiva y ejemplar. Son dos de los muchos calificativos que le caben a la movida desarrollada en Villa Gobernador Gálvez por chicos de una escuela secundaria en recuerdo de Franco Monzón, el muchacho que murió luego de que una camioneta lo atropellara en un piquete que reclamaba por el crimen de un remisero. La Plaza a la Madre se convirtió ayer en sitio de memoria, en caja de resonancia de un reclamo inapelable de justicia, pero también en un espacio de esparcimiento sano, bien entendido, de diálogo, compañerismo y solidaridad.

Franco tenía 19 años. El viernes 20 de mayo se había acercado a un piquete que protestaba por el atentado a Horacio Colberg, el remisero de 52 años que murió víctima de un disparo en la cabeza. Una Toyota Hilux conducida por Saúl S., de 62 años, pasó literalmente por encima de la gente para no detener la marcha, atropelló al muchacho y se dio a la fuga. Franco falleció después de agonizar dos días. La camioneta fue encontrada poco después en Pueblo Esther y su conductor imputado, aunque permanece en libertad después de pagar una fianza de 20 mil pesos.

La tragedia conmocionó a toda la ciudad, pero sobre todo a la comunidad educativa de la Escuela Media 556 Bicentenario de la Revolución de Mayo, de Mármol 2487, en un barrio Fonavi de la ciudad. Allí había estudiado el chico y concurren hoy sus hermanos. Los estudiantes necesitaban hacer algo, demostrar lo que les estaba pasando, pero algo distinto. No ya un piquete o una marcha, sino una jornada cultural que les permitiera exorcizar los demonios de la angustia, la bronca y la impotencia, y al mismo tiempo demostrar sus potencialidades. Y lo hicieron.

Consigna. "De dónde venimos no define quiénes somos. Todos somos Franco", fue la consigna que eligieron para demostrar que la condición social, el lugar de residencia y el vivir en una ciudad castigada no tiene que llevarse como un estigma, y que existe una juventud con ganas de salir adelante.

La Plaza a la Madre fue el lugar elegido. Allí, entre tablas y caballetes, carteles y pancartas, se montó un equipo de música y un micrófono que sirvieron para brindar testimonios, y ofrecer shows de canto, baile y acrobacias.

Un caño montado sobre una maceta desplegaba como ramas alambres enfundados en hilo. De allí colgaban las fotos de Franco y los mensajes de sus compañeros. "Porque te fuiste estás con nosotros. Te extrañamos. Tus amigos. No te fuiste. Chino presente", se leía lo que escribió Soledad. "Te extraño mucho mi negro, no sabés la falta que les hacés a todos. No sé por qué pasó, pero quiero que sepas que te amamos", firmó Luna.

Pedido de justicia. Cerca de ahí, las gemelas Yamila y Micaela Balbuena, de 19 años, miraban al cronista de este diario tomar apuntes. "Franco estaba siempre en casa", contó Micaela. "Trabajaba con nosotros en un lavadero que tenemos. Venía a la mañana con los bizcochitos. Se quedaba hasta tarde y se iba porque tenía que darle de comer al perro. Los domingos íbamos de pesca", recordó con nostalgia, y no ahorró elogios para hablar de su amigo a quien, dijo, "adorábamos".

Micaela y Yamila vieron caer el cuerpo de Franco aquel 20 de mayo cuando lo atropelló la camioneta. "Yo le dije «ponete bien, que va a venir la ambulancia»", recordó la primera, quien está en pareja con uno de los hijos de Horacio Colberg, el remisero asesinado. A su lado, Yamila pidió "justicia, porque el hombre pagó y salió libre".

Mientras hablaban, en el improvisado espacio que se armó para los números musicales, un grupo de pibes deslumbraban con un espectáculo de hip-hop, antes de que otros bailaran cumbia cruzada, otros dieran un número de baile folclórico y una chica hiciera malabarismo con botellas y un aro al son de una canción bien rapera y de denuncia social.

Otras formas. Andrea González, docente de la escuela, no ocultaba su emoción. "Esto surgió de los mismos chicos entre pasillos, que recordaban a alguien tan querido en el Fonavi. Estaban movilizados, sensibilizados y escucharlos no nos alcanzaba", recordó. "Decidimos como docentes acompañarlos y demostrar que hay otras formas de reclamar. Elegimos un lugar simbólico como la Plaza a la Madre, porque muchas cosas en este país sucedieron alrededor de una plaza", reflexionó. Y se refirió a la consigna del encuentro. "No porque vivamos en un barrio ni en Villa Gobernador Gálvez somos todos chorros, drogadictos ni deshonestos. Los chicos necesitan que la sociedad los vea como lo que son, con todos sus valores. Villa Gobernador Gálvez es muy rica, y quiere expresarlo", razonó, mientras recordaba a Franco como un chico "sensible, humilde, participativo y solidario".

Fortalecidos. En similares términos hablaron Juan Carlos Monzón y Silvana Balbuena, los padres del joven. Sentados en un cantero y tomando mate, el matrimonio veía el espectáculo juvenil. Juan Carlos llevó la voz cantante: "Esto nos da fuerza, estábamos muy tristes, caídos. Se fue el mayor de los hermanos. Pero al ver el corazón de los chicos, nos fortalecemos. Franquito tenía un gran corazón. Esto nos muestra que el que siembra, cosecha. Y esta es la cosecha de mi hijo. Esto lo hicieron los chicos y nos fortalece", dijo el hombre, que trabaja como vendedor ambulantes. Los Monzón tienen cinco hijos más para sacar adelante; Juan Carlos y Silvana saben que "hay que seguir". Y quieren que "todos vean que Villa Gobernador Gálvez no es una ciudad de drogadictos. Aquí hay una juventud sana, que quiere salir adelante, aunque a veces no tenga las oportunidades. No todo está enfermo ni perdido", dijo el papá.

Cerca de ellos, Karen, de 17 años, y hermana de Franco, también habló con LaCapital. "Por un lado estoy muy triste pero por el otro contenta, porque tengo gente que no me deja sola, y en estos momentos es cuando aparecen las personas que valen la pena", reflexionó la chica. "En este momento tan triste en que perdí a mi hermano, encontré muchos, pero muchos hermanos de corazón", dijo, mientras se le llenaban los ojos de lágrimas.

En un costado, y como espectadores, había funcionarios municipales y concejales, que acompañaron la movida, considerada de interés cultural por el municipio y el cuerpo deliberante.

Villa Gobernador Gálvez vivió ayer una jornada distinta, emotiva y ejemplar, que sirvió para recordar a un joven muerto pero también para mostrar otra cara, la mejor cara, de su juventud.

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