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Sábado 26 de Febrero de 2011

Emilio Tenti Fanfani: "Hoy lo que vale es calificarse"

El sociológo Emilio Tenti Fanfani dice que hay que encontrar la pasión en lo que se elige hacer.

Una de las principales tareas que tiene la escuela es ayudar a los chicos a encontrar cuál es su pasión. Esta es una de las ideas centrales que ronda en la charla con el sociólogo Emilio Tenti Fanfani. El educador se explaya sobre el significado que cobra hoy interrogarse por el valor del estudio.

  “Si me preguntan si vale la pena estudiar digo que sí inmediatamente porque soy hijo de la escuela, somos de los que vivimos en carne propia su utilidad. A mí me rindió”, confiesa muy seguro Tenti Fanfani, investigador principal del Conicet, profesor titular de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y asesor del Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (Iipe-Unesco).

  Pero enseguida amplía su respuesta al reconocer que la estrategia escolar y de “obtener un título” ya no son las únicas que cuentan. Que lo que vale es calificarse en lo que a cada uno le gusta hacer.

  —El sentido de por qué y para qué estudiar pareciera que en los más chicos lo da la obligatoriedad escolar. Pero, ¿qué pasa con los adolescentes y más jóvenes?

  —El niño hace lo que el adulto le indica, pero con los adolescentes ya no es tan obvio porque hay muchos indicadores en la sociedad actual de que hay otros medios para ser feliz. No solamente el esfuerzo escolar. Hay otras maneras que aparecen más fáciles, menos costosas y permiten “ser alguien en la vida”, tener éxito, ser famoso, reconocido y alcanzar un empleo. Para lo cual no necesariamente existe el camino escolar. En cambio en las generaciones anteriores la estrategia escolar era una de las posibles. Para los que no éramos de clase alta y no teníamos una herencia (económica), el único recurso de ascenso social era el escolar. Por eso la escuela es un objeto valorado por la sociedad. Ahora hay otras salidas para ser “exitosos” y hay un debilitamiento de la escuela que, hoy en día, incluso en los países más desarrollados, no necesariamente garantiza el ascenso social. Por ejemplo, en Italia, que es un país excepcional, el porcentaje de desempleados es mayor entre los que tienen título universitario comparado con los que tienen sólo título secundario. Eso juega en contra de cualquiera que quiera buscar argumentos sobre la importancia del estudio.

  —¿Qué se hace entonces?

  —Pienso que la cuestión de “por qué vale la pena estudiar” no hay que pensarla sólo en el sentido escolar. La pregunta debería ser “por qué vale la pena calificarse”. Porque hay muchas otras competencias que son valoradas en el mercado del trabajo que no pasan por la Universidad. Por ejemplo, ser un buen cocinero o chef. No existe una licenciatura para eso. O bien un joven al que le gusta el tango. Eso no se estudia en la Universidad pero hay otras estrategias de aprendizaje para calificarse en esa preferencia; y, si hablamos en términos utilitaristas, en convertirlo en un buen rendimiento laboral. Es probable que un buen guitarrista tenga menos problemas de insertarse en el mercado de trabajo que un licenciado en comunicación.

  —Es decir ¿lo que cuenta es el valor del conocimiento de lo que se hace?

  —Exacto. Lo que vale es el conocimiento de lo que uno quiere ser. El sistema escolar, como es rígido, no tiene el monopolio de todas las competencias que son valoradas hoy en la sociedad. Hay muchos otros conocimientos que son valiosos y que pueden adquirirse por fuera.

  —Aunque el valor del recorrido en el aprendizaje también cuenta, no se adquiere sin esfuerzo.

  —No, claro que no. Cualquier calificación requiere del esfuerzo. Volvamos al ejemplo de quien quiere estudiar tango. Para ser un buen bailarín se requiere disciplina, concentración, trabajo. Y hay disposición al esfuerzo cuando se encuentra significado a lo que se hace.

  —¿Cómo hacer para que el valor del estudio no pase sólo por la meta de conseguir un certificado o título?

  —Desde la escuela, son los maestros y los profesores los que deben ayudar a chicos y adolescentes a descubrir para qué están hechos. Una de las primeras tareas es acompañarlos a encontrar su pasión. Para algunos estará en la matemática, para otros en la literatura o en el deporte. Esa es la principal tarea: ayudarlos a encontrar su pasión, para que luego formulen un proyecto.

Y también cualquier padre debería inculcar a sus hijos que lo importante es calificarse, “ser bueno en algo en la vida”, y que eso requiere esfuerzo y voluntad. Y saber que lo importante es calificarse, estudiar y no sólo en el sentido escolar.

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