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Jueves 07 de Marzo de 2013

Elección casi ganada, futuro complicado por la economía

Desde el día mismo de la muerte de Chávez se evidenciaron signos fuertes de luchas internas en el oficialismo.

Desde el día mismo de la muerte de Chávez se evidenciaron signos fuertes de luchas internas en el oficialismo. Que siga Nicolás Maduro al frente, contra lo que con claridad meridiana manda la Constitución (art. 233), y que esa decisión la haya anunciado el canciller Elías Jaua, es una señal clara. Que los militares impongan o indiquen a la Academia Militar como lugar para velar al caudillo muerto, es otra. Es obvio que el lugar debía ser la Asamblea Nacional, como se estila en toda América latina con ex presidentes y otros ex altos cargos del Estado. Que los militares hayan salido, en medio del luto nacional, a reclamar que se lo sepulte en el Panteón Nacional junto a Bolívar también marca un afán por ocupar espacios públicos de decisión.

Maduro ganará casi con seguridad la elección que se viene. El "efecto heredero" será potentísimo, y la ola emotiva por el fallecimiento del líder carísmático más fuerte que haya dado América latina en décadas estará sin dudas presente a cada minuto en esa campaña inminente. Maduro sería así, en principio, el próximo presidente. Ahora, y como delatan estas pujas internas en la cúpula chavista, su vida como presidente no parece que vaya a ser fácil. Estas internas se tradujeron durante este último período de convalecencia y agonía de Chávez en una competencia por dar mensajes públicos sobre la salud del mandatario (que se revelaron manifestamente mendaces), en quiénes aparecían en los actos oficiales, entre otras señales. Hubo a la vez una clara tregua en el clásico choque interno Maduro-Diosdado Cabello. Que el propio Chávez haya debido en la cadena nacional del 8 de diciembre en la que se despidió del país designar con énfasis a Maduro como su sucesor indubitable muestra que el vice necesitaba de esa designación para refrenar las luchas internas que Chávez preveía en su ausencia definitiva.

El talante intimidador del chavismo parece haberse agudizado con el trauma de la desaparición de su fundador. El mensaje por cadena nacional de Maduro dado poco antes de tener que volver al micrófono para anunciar el fallecimiento, y en el que acusó a Estados Unidos de haber "inoculado"el cáncer al caudillo, y la expulsión fulminante de dos diplomáticos de ese país, parece anticipar cuál será el libreto del chavismo en campaña y después de ella. Este libreto tiene el sello conocido de Fidel Castro, que con él ha sobrevivido más de medio siglo pese a imponer una economía paupérrima a su país. A todo conflicto, o aun ante un mero obstáculo, se responderá con la denuncia del complot norteamericano y las amenazas a los "traidores, que las pagarán", brutal frase que Maduro dirigió a la oposición en ese insólito mensaje, luego sepultado por el que le siguió. La influencia cubana en Venezuela se ha vuelto un lugar común, pero es evidente que existe. Pesa sobre todo en la tendencia a impulsar la definitiva conformación de un régimen blindado y militarizado, a prueba de futuras elecciones. Porque ahora Maduro ganará, pero la economía venezolana está por el piso, pese a los 105 dólares por barril que recibe por su petróleo. La inflación crónica, la necesidad de importar bienes básicos como alimentos que antes se producían en el país, las devaluaciones periódicas (la última, ya en ausencia de Chávez) y, en fin, la hostilidad evidente contra la economía privada: todo esto le está cobrando un costo creciente a Venezuela y al modelo bolivariano. Ese desgaste lo sufrirá Maduro, y como no es un líder carismático ni mucho menos, las peleas internas en el poder chavista se agudizarían más allá de los limites en que las contenía Chávez. Son los costos inevitables de la economía del populismo. Esa factura tarde o temprano llega, aún con el petróleo por la nubes. Entonces, probablemente el 44 por ciento de Henrique Capriles de octubre pasado podría superar el umbral del 50 por ciento. Eso, claro, si es que el proyecto de control totalitario al estilo castrista no se ha podido completar. Recordemos que hasta hace pocos días el 56,7 por ciento de los venezolanos creía que Chávez se recuperaría de su enfermedad. Un dato que evidencia el casi total control de la información que ya posee el régimen venezolano.

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