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Viernes 28 de Diciembre de 2012

El verdadero nombre del mercado

La cuarta definición de la palabra “mercado” en el diccionario de la RAE dice: “Conjunto de actividades realizadas libremente por los agentes económicos sin intervención del poder público”.

La cuarta definición de la palabra “mercado” en el diccionario de la RAE dice: “Conjunto de actividades realizadas libremente por los agentes económicos sin intervención del poder público”. Hagamos  memoria: en épocas no lejanas supo estar de moda en la Argentina justificar cualquier barbaridad en nombre del mercado. El “mercado” se había transformado en el argumento que nadie podía refutar: era palabra santa, el mismo Dios monologando ante el micrófono. No importaba si dejaba a su paso tierra arrasada. Si había sido “el mercado”, estaba bien. Sin embargo, aunque le digan “mercado”, se llama  olvido. Olvido de lo colectivo, de lo solidario, de lo mejor de lo humano. El mercado quiere que el hombre sea lobo del hombre. Quiere explotación, banalidad, consumo. Los saqueadores son hijos del  mercado.

Los saqueadores de abajo, esos que vimos hace poco en la ciudad y el país, pero también (y sobre todo) los saqueadores de arriba. Le dicen mercado pero su verdadero nombre es desigualdad. Exclusión.  Educación pública devastada. Espacio públicoprivatizado. Lujo obscenamente exhibido. Le dicen mercado y lo que hace no tiene nombre. Aunque en su nombre algunos justifican todo. Justifican la pobreza, por ejemplo (“no quieren trabajar”), pero jamás se preguntan por la brutal asimetría de oportunidades. Y no se preguntan por qué, si somos todos del mismo país, hay tantos que tienen tan poco y tan pocos que tienen tanto.

El mercado no se pregunta lo que no le conviene. Sólo degrada, frivoliza, esclaviza, mata. Y se reserva las respuestas. Sólo él sabe, entonces, por qué se venden tantos libros puramente  pasatistas y tan pocos que apuestan por la verdad y la belleza. Por qué tantos televidentes eligen Tinelli y tan pocos, en cambio, buen cine. (Lo llaman mercado pero se trata, en realidad, del interés de unos  pocos, que tienen mucho, de que los muchos que tienen poco sigan teniendo poco. Y para que sigan teniendo poco, se necesita que sepan poco. De ser posible, cada vez menos). Lo llaman mercado pero  de “mercado” no tiene nada. Mercado era el lugar donde de chicos íbamos a hacer las compras de la mano de la abuela. Era un lugar donde la gente se miraba. Conversaba. Se reía. Este “mercado” no es de la gente. Ni para la  gente. Es un monstruo sin cara que nos destruye a todos. Perdón: a casi todos.

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