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Sábado 08 de Septiembre de 2012

El valor de los oficios

Por Fernando Pisani / Aprender una labor, una tarea específica o actualizarse en un trabajo también favorece la autoestima y el crecimiento personal

Cualquier gran cambio social, sea para bien o para mal, es precedido, acompañado y consolidado con pequeños cambios y medidas, que suelen pasar inadvertidos justamente porque son "pequeños". Así, por ejemplo, cuando los "especialistas" de la academia y la ley federal eliminaron actividades prácticas y manualidades de la escuela primaria, estaban construyendo el tobogán que desembocaría en el 2001. Lo mismo pasó con la eliminación de las carreras técnicas secundarias o las escuelas de oficios. Obviamente esto proviene de un modelo de país, de sociedad, de un cambio político y social que se impulsó en todas las naciones, tanto desde las corrientes liberales, neoliberales como socialdemocráticas, cuyos resultados están a la vista.

Desde un poco más de medio siglo atrás, un eje vertebrador de todas las políticas hegemónicas ha sido quebrar la autoestima de la mayoría de la población, quitarles motivos de orgullo, a excepción de aquellos banales vinculados con el pan y el circo. También convencerlos y convencernos de que "ningún cambio es posible", que "siempre será todo igual", que "siempre hubo injusticias, pobres y sometidos, y siempre los habrá"; reemplazar el compañerismo y la solidaridad por el individualismo y el sálvese quien pueda.

Y si bien sabemos que ha sido la represión uno de los medios empleados para impedir cualquier lucha profunda por eliminar las causas de los problemas, junto a la propagación del miedo, el "no te metás", la despolitización y desjerarquización de la política, hay otro elemento que es fundamental para quebrar las voluntades, golpear la autoestima y reducir toda esperanza a los límites del mero sobrevivir: el trabajo.

Cuando se eliminaron las materias actividades prácticas y manuales, los títulos técnicos y la formación de técnicos de calidad, las carreras de maestros de oficio, se desmantelaron los centros de formación profesional y de oficios, no sólo se estaba respondiendo a un modelo económico, también a una necesidad política de control y sometimiento de la población. ¿O acaso no tener trabajo, buscarlo y no conseguirlo, no es uno de los golpes más grandes a la autoestima de las personas? ¿O acaso tener que recurrir a la caridad —privada o gubernamental— no es humillante, aunque algunos luego se puedan acostumbrar y hasta reclamarla?

Construir algo con nuestras propias manos, saber un oficio y ser bueno en ello, no sólo establece una relación distinta y de valoración con las cosas sino que también establece una relación distinta entre las personas. Además, da otros recursos para enfrentar las diversas crisis que inevitablemente nos afectarán, pues es propio del capitalismo vivir de crisis en crisis.

En Santa Fe. Hoy la provincia de Santa Fe sigue sin adoptar títulos técnicos tan útiles como necesarios, como el de refrigeración y aire acondicionado. Rosario fue por años uno de los lugares más importantes de la Argentina de esa producción. Obviamente esa política de negación responde a un modelo de país, más allá de las palabras altisonantes. Pero si en este ejemplo es algo evidente no lo es tanto con los oficios.

Antes muchas escuelas técnicas tenían en horarios nocturnos cursos de formación de operarios, de capacitación en diversos oficios o en actualizaciones. Eso en las últimas décadas se ha ido destruyendo, vaciando y el gobierno provincial no elabora ni aprueba cursos y carreras cortas que fomenten justamente esa necesidad de las personas de saber y actualizarse.

Pero así como el Estado provincial sostiene una política de abandono en este campo, pues siguen con el modelo de Estado ausente, por suerte asistimos desde hace varios años a esfuerzos de cámaras empresariales, comunas, algunas organizaciones sindicales para propiciar cursos de formación profesional, de oficios, o de actualización y reconversión laboral. Cada vez que se abre un pequeño curso es un ladrillo que se pone para consolidar los cambios que estamos viviendo en la Argentina desde el 2003.

Estos esfuerzos de contribuir a capacitar a quien lo necesita tienen sus límites. En parte porque no tienen los recursos necesarios y eso obliga a cobrar algo a los estudiantes (recursos que sí existen y que la dejadez del gobierno provincial los despilfarra), y en otra parte porque siguen la lógica del mercado o las necesidades puntuales de una empresa y no la educativa. Igual son muy valiosos.

Sería bueno que existiera un cambio de la política educativa provincial para revalorizar la formación profesional y la formación en oficios, apoyando esos esfuerzos para dar un salto en calidad, aportando recursos y la lógica educativa, que incluye o debería incluir el refuerzo de la solidaridad social, la autoestima y de que un mundo mejor es posible más acá de los discursos y las promesas electorales.

Esperanzas. Cualquiera que tiene que hacer un arreglo o alguna mejora que dependa de un oficio, sabe lo difícil que es conseguir a alguien. Hoy solucionar eso ni es difícil ni es costoso. El Estado nacional ya dictó las leyes, las normas y puso los recursos. Ya muchos empresarios y trabajadores han mostrado que están comprometidos con resolver las necesidades de capacitación. Sólo falta que la pata provincial asuma sus responsabilidades. Lo bueno es que, a pesar de ello, hoy saludamos nuevos cursos de formación profesional, que no sólo favorecerán el desarrollo económico local y la generación de mayores posibilidades de trabajo, sino que ayudan a cambiar el desánimo, la falta de esperanzas y permitir que nazcan nuevas ilusiones de que otra vida es posible.

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