Educación
Sábado 21 de Mayo de 2016

El valor de la naturaleza en la infancia

El profesor español Miguel Angel Zabalza Beraza habla de la importancia de educar a favor del entorno.

"Llevamos una vida tan restringida a espacios cerrados que, a veces, privamos a nuestros hijos de la alegría y disfrute incomparablemente más intenso de la naturaleza" reflexiona el pedagogo español Miguel Angel Zabalza Beraza. Lo hace para invitar a debatir sobre el lugar del cuidado del entorno en la educación inicial, una tarea que en su opinión fortalece la calidad de los aprendizajes. Estará en Rosario en junio próximo. Llega para presentar su libro "Infancia y naturaleza. El desafío de unas escuelas infantiles bien integradas en su entorno" (Homo Sapiens) y disertar en el Congreso Nacional de Educación Inicial del 18 de junio.

"Nos contaba un amigo profesor que su familia se había trasladado por motivos laborales de un piso en una ciudad a una casita en el campo. Mientras vivían en la ciudad su hijo pequeño seguía unas rutinas similares a las que acabamos de describir: se levantaba temprano, desayunaba más o menos rápido y marchaba al colegio con el día aún sin amanecer del todo. La jornada la pasaba en el colegio, primero con las clases y después con actividades extraescolares que se desarrollaban en los mismos espacios. Al anochecer acababan sus actividades y volvía para su casa. Cuando fueron a vivir al campo, al regresar del cole, aún le quedaba tiempo, sobre todo en verano, para salir al jardín de casa. Esa posibilidad no dejaba de sorprender al niño, por lo novedoso que resultaba para él. Un día le dijo encantado a su padre: «¡Sabes papá, después del cole aún hay día!»". La bella anécdota que recuerda el educador de la Universidad de Santiago de Compostela también figura en su nuevo libro, donde además escriben Ainoha Zabalza Cerdeiriña, José Ignacio Juanbeltz Martínez y Regina Juanbeltz Zurbano.

En "Infancia y naturaleza" propone pensar cómo familias y educadores pueden "convertir el ambiente en un elemento próximo y potenciador del desarrollo de nosotros mismos y de nuestros hijos". También a no contentarse en llevar el ambiente como un "tema" escolar a través de datos o actividades esporádicas, ni de visitas ocasionales a favor de la naturaleza, "sino de recuperar todo el sentido que tiene el ambiente como contexto y agente de desarrollo".

—¿Para quién y cómo pensó su libro?

—El libro surge de una idea y un sueño muy antiguo en torno al valor educativo de la naturaleza (en su más amplio sentido de elementos físicos, biológicos y culturales) para la infancia. Hemos trabajado en cosas relacionadas con esta interacción desde los inicios de mi carrera como docente y mi interés se ha reforzado con las nuevas aportaciones que nos van ofreciendo las neurociencias en relación al desarrollo del cerebro y la importancia de los estímulos ambientales en ese proceso. Al final, por tanto, es un libro dirigido a docentes y estudiantes del profesorado, pero que vendrá bien a padres y madres, directores de escuelas y agentes sociales del entorno.

—¿Por qué es importante que un chico/a establezca una buena relación con su ambiente?

—El libro va analizando con bastante detalle este aspecto. Tiene mucho que ver con las dimensiones fundamentales del desarrollo infantil, desde la construcción de la identidad hasta el desarrollo somático y el de las capacidades básicas. Y eso tiene una relevancia especial si, además, consideramos una idea del "medio ambiente" amplia donde se integren fisis, bios y anthropos. Hay un dicho africano que dice "soy lo que soy porque soy todos los demás". Y, si lo pensamos bien, es bastante cierto.

—¿Qué papel cumple la naturaleza en la educación inicial?

—En el libro se describen las muchas funciones que el medio ambiente puede cubrir durante los primeros años de vida de los niños. Desde nuestro punto de vista, junto a las funciones más genéricas que el medio ambiente aporta a cualquier individuo sea niño o adulto, de cara a la educación infantil desarrolla funciones muy importantes: establece las condiciones de partida y nos ayuda a entender lo que los niños son en sus condiciones personales y sociales. Como señalaba Bruner, "No se puede comprender a la persona sin tener en cuenta la cultura en la que está inserta"; el medio ambiente como espacio de aprendizajes dialogantes (como aprendizaje de la democracia): los alumnos aprenden a conocer otras formas de vestirse, de comer, de organizar la vida cotidiana, de pensar; el medio ambiente sirve de "cartilla de alfabetización ecológica" para asentar actitudes e ir propiciando compromisos con el respeto y cuidado del ambiente; el medio ambiente es una formidable enciclopedia de datos y estructuras que permite-exige un estudio serio y un tratamiento científico que actúe como medio para la potenciación de un auténtico espíritu científico en los niños y niñas, y finalmente, el medio ambiente genera un espacio común de formación en el que pueden cooperar las agencias formativas intraescolares y las extraescolares.

—¿Cómo pensar desde el jardín de infantes una relación saludable con el medio ambiente, cuando lo que sobresale en la sociedad es la falta de cuidado del entorno?

—Esta es una de las aportaciones importantes que se obtienen de un trabajo educativo cercano a la naturaleza y comprometido con la conservación del medio ambiente. De hecho, éste es uno de los enfoques más interesantes de la educación inicial en la actualidad. Hemos logrado que el medio ambiente tenga una presencia más constante y rica en la educación inicial pero, a veces, esa presencia toma la naturaleza como mero "locus", lugar donde los niños juegan y aprenden cosas (lo que se ha denominado "outdoor education"). Falta por insistir más en la dimensión axiológica de ese contacto, es decir, en una visión del ambiente como "casa común", como espacio a disfrutar pero también a cuidar, como patrimonio común de todas las personas y al que hay que respetar para que todas puedan disfrutar y aprender en él.


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