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Domingo 19 de Junio de 2016

El valor del testimonio

Sindicalistas, militantes sociales, científicas, algunos de los roles que revela un libro y una investigación sobre mujeres y política en escenarios conflictivos del siglo XX

Lo femenino como una dimensión que se construye. Y la historia, también. Su relato como una realidad inacabada. Esas características parecen atravesar el proyecto Mujeres y política en escenarios de conflicto del siglo XX. Investigación que tomó cuerpo en un libro en el que se presentan entrevistas a mujeres sindicalistas, militantes estudiantiles y sociales, a madres y abuelas de Plaza de Mayo y a investigadoras.

Protagonistas de cierto activismo feminista, las mujeres de este libro han desarrollado un rol determinado en la historia, muchas veces más allá de su propia voluntad. El momento histórico las moldeó y ellas moldearon, seguramente, la historia o su relato.

Es desde esa encrucijada, como territorio de similitudes y contradicciones, que las investigadoras y autoras de Mujeres y políticas en escenarios..., editado por Ishir, ubican su palabra. Cobijada bajo el campo disciplinar de la historia oral, la propuesta que idearon fue realizar entrevistas a mujeres que tuvieron roles representativos en escenarios de conflictividad. Así, Laura Pasquali le da la palabra a Amor Hernández, sindicalista, para dar cuenta de la militancia gremial femenina desde el antifascismo y el comunisno. Nadia Freytes y Paula Martínez avanzan sobre "mujeres protagonistas en tiempos de cambio social; militanticia estudiantil y guerrilla marxista en los años setenta" y entrevistan a Gloria Conterolo y a Nelfa Suárez. "La socialización de la maternidad, la experiencia de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo a partir de sus búsquedas" es el tema que toman Marianela Scocco al entrevistar a Esperanza Labrador y Pamela Gerosa a Delia Giovanola, una de las fundadoras de Abuelas. Gisela Figueroa presenta, por su parte, la cuestión de género en el ámbito universitario y científico al dar cuenta del recorrido de una física, Liliana Gómez.

La investigación y el libro, como su fiel reflejo, no plantean conclusiones, sino que buscan sumar en lo que se conoce como el campo de la historia de las mujeres. Pero a la vez, al optar por la entrevista como herramienta de investigación, acercan a las protagonistas al relato histórico y ponen a disposición de los lectores e investigadores las fuentes del proyecto, algo que no siempre ocurre en el ámbito académico.

"En esta ocasión —destaca Pasquali—, son sus mismas voces las que nos asisten en el recorrido y eso nos exige hacer algunas observaciones. Habitualmente se asocia el recurso de las fuentes orales con la historia reciente: aquí sostenemos que a través del testimonio, que es un evento del presente estructurado por pactos de clase y de género, podemos tener acceso a las experiencias y la subjetividad en la historia en períodos más lejanos".

En diálogo con Más, integrantes del equipo de investigación dan cuenta del proyecto.

—¿Cuál es la pregunta que origina el libro?

—Laura Pasquali: El libro es el resultado de una investigación de cuatro años. A partir de un núcleo de intereses comunes, pero con ejes diversos, nos preguntarnos por las mujeres y la conflictividad en la Argentina. A partir de eso planteamos un recorrido bastante particular del siglo XX, no es un clásica periodización que podemos encontrar en un manual, sino que buscamos registrar ciertos momentos de significativa conflictividad social, en los cuales las mujeres tuvieron voz, fueron protagonistas y lideraron parte de esos procesos de conflictividad sindical, estudiantil, de militancia, en derechos humanos o en el ámbito de la ciencia.

—¿La cuestión de género cómo impacta en esos relatos?

—LP: La pregunta sobre las mujeres y la conflictividad lleva a narrar desde el propio género las propias experiencias. La búsqueda apunta a conocer si en ese proceso de transformar la propia cotidianidad por parte de las mujeres, de transformar a los otros a partir de la militancia, se transformaban ellas mismas en relación a las cuestiones patriarcales, de sometimiento, de género.

—¿Hay descubrimientos en esos recorridos?

—LP: Sí, hay descubrimiento justamente por eso, por la propia transformación subjetiva. Me parece que de diferentes modos las entrevistas que están presentes en este libro dan cuenta de ese descubrimiento y de ese paso. Ninguna de estas mujeres entró a la vida pública con esa conciencia de la especificidad de la lucha de género, sino que fue recorriéndola en ese camino.

—Marianela Scocco: En en el caso de las Madres salen "sin querer" frente a una tragedia que es la desaparición de sus hijos y en las Abuelas, sus nietos. Y por supuesto que no tenían eso de decir "esto es un movimiento de mujeres", ni mucho menos. De hecho, la mayoría empieza en Familiares (de Detenidos y Desaparecidos), donde también había varones. Pero claramente esa diferencia de vínculo maternal les presenta la necesidad de tener que reclamar de una forma distinta y ahí es que la ocupación del espacio público, la plaza, las convierte en sus propios roles femeninos y dejan ese lugar más privado que es la casa. Claramente no participaban del espacio público, ese es el salto que van a dar cuando van a la plaza, y lo dan específicamente las madres, no otros familiares. Eso es algo paradigmático de ellas.

—Gisela Figueroa: Yo entrevisté a una física que tiene un pasado como militante, que estuvo presa en la última dictadura y que esa circunstancia la llevó a enfrentar su carrera como estudiante universitaria y como investigadora de una manera muy particular, porque pudo ingresar en forma tardía a la carrera de investigador. Eso le significó una serie de obstáculos para poder ubicarse en el campo científico al mismo nivel que sus pares, tanto mujeres como varones. Y en ese recorrido, Liliana (Gómez), la entrevistada, lo que hace es empezar a darse cuenta que no solamente en el ámbito científico existían diferencias de género, existía el sexismo en cátedras y en equipos de investigación, sino también que además de ser mujer, ella tenía que demostrar que a pesar de ser presa podía ser una investigadora al nivel que se requería en el sistema de ciencia y técnica. Es desde ese lugar que va construyendo su identidad como científica, como militante, como madre, como mujer, situación que la lleva a tener una conciencia diferente tal vez de lo que es el perfil de una científica más tradicional que no se encuentra atravesada por esas variables.

—Eligen la entrevista como herramienta para dar cuenta de la problemática, es una opción metodólogica desde la disciplina, ¿por qué?

—LP: El valor de la palabra y la historia oral nos parecía que era central y todas habíamos recurrido a ello en nuestras investigaciones. Entonces, la idea fue proponer estas entrevistas, poniéndolas a consideración de los que las quieran usar. En Argentina y en Rosario hay muchísimos trabajos con fuentes orales, sobre historia oral, pero no existe un archivo de la palabra, un lugar a donde ir y al que puedan ir todos los investigadores que quieran recurrir a las entrevistas ya hechas, como sí sucede con otros documentos más tradicionales.

— ¿Y cómo se ubica el tema de historia y género en el campo de la investigación?

—LP: Vamos bastante bien, por supuesto que es un campo al que le falta muchísimo desarrollo. Se ha abierto un espacio producto de la pelea de las propias investigadoras, porque en más del 90 por ciento de los casos somos mujeres las que nos ocupamos de estos temas. Hay una identificación en ese sentido de un camino que difícilmente surja de los ámbitos monopolizados por varones. Las mujeres están en todas las fuentes, en todos los documentos, la lectura específica es ir a buscar la problemática, hacer las preguntas adecuadas, como ocurre en cualquier otro tema.

—¿Es pura fantasía pensar que el relato histórico puede modificarse con la incorporación de voces femeninas que muchas veces no han sido escuchadas?

—LP: Claro. De hecho esto pasó cuando los primeros historiadores sociales quisieron incorporar a la clase obrera, al campesinado, a las clases subalternas al relato de la historia. Ahí aparecieron otros sujetos, otros protagonistas, y daban lugar a una historia más compleja. De eso se trata la incorporación de todos los sujetos que conforman parte de lo que llamamos la historia o el proceso histórico. Esto de que la historia política era la madre del relato historiográfico, luego otras disciplinas empezaron a aportar a ese relato, aparecieron las cuestiones de la historia cultural, social, de las ideas, que precisamente lo que hacen es contribuir a una mejor historia.

—El libro, o el proyecto, no tiene una conclusión, ¿o sí?

—LP: No, el proyecto no tiene una conclusión.

—GF: Claro, no hay una conclusión la pregunta sigue.

—LP: Hay resultados, avances, que se materializan en las entrevistas, los textos, porque en esta lógica de la historia oral y de la palabra, el relato nunca empieza ni termina cuando se apaga el grabador, sino que va muy hacia atrás, como se refleja en muchas de estas entrevistas, y sigue hacia adelante. Me parece que esa es la característica de nuestro proyecto. De ahí este carácter inacabado que tiene la historia oral. Esa característica hace que otros encuentren cosas diferentes en los mismos testimonios.

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