Cartas de lectores
Lunes 10 de Octubre de 2016

El "vale todo"en el fútbol

Si algo planea sobre la progresiva degradación de la sociedad argentina con el paso de los años, ese es el concepto y la acción efectiva del "vale todo", que incluye acciones licitas e ilícitas y del cual el fútbol no permaneció ajeno. En general en el pasado los árbitros aplicaban el reglamento referido a la pena del penal y cuyo espíritu era el siguiente: el arquero, situado sobre la raya del gol, sólo podría adelantarse una vez hubiera comenzado a rodar el balón shoteado por el ejecutor de la pena, palabras más, palabras menos, la auténtica finalidad de la ley era que el penal significara la posibilidad casi segura de concretar un gol que hubiera sido convertido de no haber existido la falta dentro del área. De allí que el despojo sufrido por River en la rugiente Bombonera el 9 de diciembre de 1962 cuando Roma le atajó casi sobre la hora un penal que se haría legendario al brasileño Delem, adelantándose ostensiblemente hasta la mitad de área chica, y que Nai Foino no hizo repetir, expresando la frase para el recuerdo: "Penal bien pateado es gol", sobresalió ostensiblemente de entre centenares de penales en los cuales existió el adelantamiento y fueron hechos repetir de nuevo, de los cuales los que más se recuerdan fue en el clásico Racing vs. Independiente, del Metropolitano 1970, en el cual el juez Dellacasa hizo patear tres veces un penal por adelantamiento de Cejas ante el ejecutor Tarabini, y en Central vs Racing, del Metropolitano 1971, en que Guibaudo atajó dos veces dos penales a Landucci, pero adelantándose por lo que fue expulsado, y su reemplazante, el delantero Cárdenas (en ese entonces no estaba permitido el reemplazo del arquero), le atajó el tercer penal lícitamente al delantero auriazul Gramajo. Ese vale todo, además de en los penales, también se trasladó a los foules (que los hubo violentos en todas las épocas no se discute, pero no de forma sistemática como hoy y que sólo se penan con una amarilla y recién con una roja después de varias faltas) y en especial al zamarreo del árbitro y a los excesos verbales y la discusión de fallos. En el pasado, ir a discutirle al árbitro una sanción era peligro latente de expulsión, como le pasó a Rattín en Wembley, y menos podía intentarse un tumulto, hoy, en cambio, los árbitros (o el reglamento, algo que ignoro) permiten cualquier cosa de parte de los jugadores: protestas permanentes, gestos, tumultos, zamarreos, incluso insultos.

DNI: 11.270.762


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