Juegos Olímpicos Río 2016
Sábado 06 de Agosto de 2016

El último acto de las Mellis antes de partir a los Juegos Olímpicos

Etel y Sofía Sánchez mostraron en GER, su club, las rutinas que harán en Río y fueron ovacionadas. En una noche de pura emoción para la familia mens sana anunciaron que estos serán sus últimos Juegos.

La historia dirá que ellas fueron las primeras. La historia dirá que ellas fueron las segundas. La historia dirá que Etel y Sofía, mellizas de 26 años, hicieron lo que nadie en su deporte: participar de los Juegos Olímpicos en nado sincronizado. Y la historia se cerrará diciendo, con todo el dolor que implica la decisión, que los de Brasil serán los últimos Juegos de las rosarinas que ya dejaron su estela en el agua. Señal de ello fue la emocionante despedida que protagonizaron en la noche del jueves en Gimnasia y Esgrima (GER), en esa pileta que es su casa. Mostraron ante su gente, socios del club, amigos, familiares y parejas las rutinas de duetos técnico y libre que en unos días más presentarán ante los jueces del natatorio María Lenk, en Río de Janeiro. La performance fue preciosa. Al menos a los ojos del espectador común (ellas no se arriesgaron a decir cómo salió, prometieron revisar al detalle los videos) todo fue brillo. Y cuando terminaron se abrazaron y lloraron, emocionadas hasta la médula, ante una catarata de aplausos y bajo el canto de "Soy Argentina...es un sentimiento, no puedo parar". Así se despidieron las mellis de Rosario. Vuelan el martes. Serán de las últimas en llegar porque compiten en la segunda semana. Pero ya están energizadas, cargadas de combustible emocional.

Cuarenta minutos después de salir del agua se pararon frente al grabador de Ovación. Etel aún descalza. Sofía en ojotas. Las dos con las mallas puestas, brillosas. Todavía se acomodan los invisibles, tienen los ojos rojos y atisbos de un maquillaje ajeno. Signos de algún beso o abrazo furtivo. Es que sí. Los cuarenta minutos que tardaron en detenerse a charlar no fue de estrellato, fue porque nadie de todos los que fueron a verlas a GER se fue sin desearles suerte, sin apretujarlas o sin sacarse una foto. No hay lugar en el mundo en el que se sientan más cómodas que ahí. Se notó. El jueves, en su casa, fue la noche de las mellis.

—Al final quedaron en evidencia. ¿Son muy lloronas?

—¡Nooo! No somos tan lloronas. Pero estamos en casa, en el club, con nuestras familias, nuestros amigos. Ellos nos miran todos los días y hacer esto era un regalo para ellos, más los nervios, la adrenalina, el miedo a que algo salga mal e irte con esa idea de la rutina mal hecha y que ellos también se queden con esa sensación. La verdad es que era una presión gigante. Así que cuando se terminó todo llegó el llanto. Además son nuestros segundos y últimos Juegos Olímpicos. (Sofía)

—Eso es una sorpresa. ¿Ya está decidido?

—Sí. No sabemos cuándo vamos a dejar, hasta fin de año seguimos. Pero estos van a ser los últimos Juegos. (Sofía)

—¿Cómo afrontan estos Juegos sabiendo que son los últimos? Hace cuatro años, en los primeros con participación argentina en nado, decían que la satisfacción estaba en ver sus nombres ahí, en ser las primeras nadadoras en llegar. ¿Y ahora?

—No creemos que hayamos estado en el mejor momento de nuestras carreras en Londres, pero sí encaminadas. Y cuatro años después nos encontramos en el mejor momento, pero sabiendo que estás muy cerca del retiro. Estamos un poco cansadas, la exigencia es muchísima. Y es lo único que podemos hacer mientras lo hacemos. Son decisiones, las tomamos sin arrepentirnos, pero también queremos hacer otras cosas en la vida. (Etel)

—¿Llegan a Río 2016 con la preparación, el nivel y el rodaje que querían?

—Obviamente que por ahí no todos los entrenamientos fueron iguales, que en algunos pudiste dar el ciento por ciento y en otros menos, porque llegaste cansada o por lo que sea, pero calculo que es el sube y baja de todos los deportivas. No se puede estar al cien por ciento todo el tiempo. (Etel)

—¿Ya saben cómo manejar la ansiedad por ser del grupo de deportistas que van llegando últimos a la villa con la inauguración ya consumada?

—Lo vamos manejando como podemos. Ahora tenemos una ansiedad bárbara de querer estar ahí, tranquilas, de que todo funcione. Ahora te tropezás y tenés miedo, creés que te vas a quedar sin llegar a participar. Estando allá todo se agiliza. (Etel)

—¿Lograron ser conscientes del camino que marcaron? Porque son ustedes las que se tiran al agua pero hoy había decenas de nenitas emocionadas viéndolas con caras de admiración.

—La verdad es que uno nunca es consciente de lo que logra hasta que deja el deporte. A lo mejor te lo cuento mañana, cuando deje. Por ahora tratamos de no subirnos a ningún lado porque nosotras siempre fuimos humildes, bien del club, entrenamos en el club, rodeada de nenas y siempre fuimos eso. Cuando te ponen el himno, cuando te cantan, cuando participás de una exhibición con tantas chicas con las que habitualmente no compartís la pileta, cuando te abrazan, ahí es cuando dimensionás un poco. Pero siempre con perfil bajo. (Sofía)

—¿Con qué se vendrían contentas de Río?

—Técnicamente hablando, con el puesto 18º, que es el que tuvimos en el torneo Preolímpico, si podemos más arriba mucho mejor. Y después con disfrutar, hay que tratar de que los nervios no nos manejen, de disfrutar de la villa olímpica, de todo lo que es la mística de un Juego Olímpico. (Sofía)

—Si te digo que no buscamos un resultado, te miento. La idea es tener ese puesto 18º o mejorarlo pero en este deporte nunca se sabe qué puede pasar. Pero me pondría muy contenta saber que dejé todo, que lo disfruté y que después, viendo los videos, sepa que esta fue la vez que mejor nadé en mi vida. Con esto estaría contenta. (Etel)

Sofía y Etel. O Etel y Sofía responden a la entrevista alternándose las preguntas. Mientras una contesta la otra charla con una nena que se admira con el traje y pregunta detalles. Mientras esa otra retoma la nota, la hermana es abrazada por alguien que quedó rezagado. Se mueven como una imagen intermitente. Pero al final, son casi una. Es que son las mellizas. El nombre propio del nado sincronizado argentino.

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