La ciudad
Jueves 17 de Noviembre de 2016

El texto de la carta enviada por Di Nucci a la canciller Susana Malcorra

El periodista y abogado rosarino solicitó la intervención del gobierno argentino para interceder ante el Gobierno guatemalteco por el asesinato de su padre.

El periodista y abogado rosarino Fabián Di Nucci le escribió una carta a la canciller Susana Malcorra para que realice las gestiones correspondientes para que le solicite al Ministerio Público de Guatemala que agilice la causa sobre el asesinato de su padre, Nelson Agustín Di Nucci, ocurrido en la localidad de San Lucas Sacatepequez, entre el 13 y el 14 de octubre pasado.
El texto de la misiva es el siguiente:

Señora
Ministro de Relaciones Exteriores y Culto
Dra. Susana MALCORRA
PRESENTE

Rosario, 4 de noviembre de 2016

De mi consideración:
Soy el mayor de los cuatro hijos del ciudadano argentino Nelson Agustín Di Nucci, nacido el 21 de setiembre de 1940 en Carlos Pellegrini, provincia de Santa Fe.
Mi padre fue asesinado entre el 13 y el 14 de octubre pasado, en San Lucas Sacatepequez, Guatemala, en un hecho que NO está siendo investigado por las autoridades guatemaltecas.
Apenas conocida la noticia, mis tres hermanos, residentes en los Estados Unidos de Norteamérica y yo, viajamos a la capital centroamericana iniciando un periplo de terror del que nos costará sobreponernos, y aunque sea imposible transferirle nuestra experiencia creo necesario narrarle brevemente por lo que pasamos para llegar a la solicitud que deseo hacerle.
MI padre fue hallado muerto en su domicilio, y según la autopsia que le realizaron antes de nuestro arribo fue asesinado a palos y degollado, probablemente para robarle.
El hecho, se estima, ocurrió entre la noche del jueves 13 y la madrugada del viernes 14 de octubre. Pero los bomberos y policía, alertados por los vecinos, ingresaron a la vivienda y encontraron su cadáver recién el viernes en horas de la noche.
El Ministerio Público, a cargo de la investigación, no pudo informarnos quién era el fiscal competente; mientras tanto se la repartían entre 3 o 4 personas diferentes que se presentaban alternativamente como "auxiliares del fiscal". Tampoco supieron no quisieron o no pudieron darnos una hipótesis sobre lo sucedido.
Desde que llegamos nunca se nos solicitó el reconocimiento del cuerpo de nuestro padre; una diligencia al parecer innecesaria ya que nos entregaron su cadáver el día lunes 17, y que trasladamos a la casa mortuoria La Reforma. Estos, recién después de recibirlo, comenzaron a advertirnos que la ley guatemalteca los "obliga" a embalsamar los cuerpos si no se inhuman luego de 24 hs de recibidos. Ya con ser mala, la noticia empeoró con el aviso de que el mencionado proceso nos costaría U$S 8.000.
Mi padre dejó un testamento, otorgado en Guatemala ante notario, etc., con todas las formalidades que su ley requiere, en el que pedía ser cremado. Para estos menesteres, cuando el occiso lo es por muerte violenta, el Ministerio Público debe solicitarlo al juez competente y éste autorizar la cremación.
Claro que, demás está decirlo, no existiendo a esas alturas un fiscal competente, mucho menos aún había un juez.
Sin embargo, lo peor del caso fue que el Ministerio Público se negó sistemáticamente a efectuar el pedido por considerar que no correspondía hacerlo porque el cuerpo de mi padre ya estaba en nuestro "poder". Ergo, podíamos hacer con él lo que se nos ocurriera.
Recién cuando les alcanzaron la fotocopia de la norma que expresamente le impone presentar esta solicitud al juez se resignaron a hacerlo, al cabo de un día de discusiones inútiles.
Así fue que a las 23 hs del lunes 17 de octubre conseguimos audiencia con el juez penal de turno, Rocael Girón Alvarez quien, después de escuchar desde su despacho nuestros gritos, llantos y amenazas de todo tipo, intuyó que la cosa era grave, accedió a recibirnos y terminó autorizando la cremación.
Los días siguientes los pasamos esperando que nos devolvieran la documentación secuestrada para proseguir los trámites (tarjetas, chequeras, documentos, pasaporte, escritura de propiedad, título de propiedad automotor, etc.) todos en poder del Ministerio Público, y obtener la posesión de su casa, precintada desde el descubrimiento del hecho, y a la que debíamos acceder sí o sí porque había dentro cinco mascotas famélicas, perros maltratados que mi padre recogía de la calle, atendía y terminaba adoptando.
Además, fue necesario proceder a su limpieza ya que el escenario era absolutamente dantesco como sin esfuerzo podrá usted imaginarse.
Cuando arribamos al que fuera su domicilio, en forma natural los vecinos y amigos de nuestro padre fueron acercándose para aportarnos recuerdos, anécdotas y condolencias. Y lo más importante de todo: esbozos de lo ocurrido con un temor inicial que se fue disipando, para terminar con nombres y apellidos y fotos de Facebook de quien ellos juzgaban más que sospechoso, el autor material del crimen.
Todo esto se lo aportamos a las autoridades del Ministerio Público y se lo hicimos saber verbalmente a nuestra embajada en Guatemala. Podríamos decir que al cabo de 48 hs. teníamos los nombres y apellidos de al menos dos sospechosos y, lo más importante, la comunicación de la ex pareja de mi padre respecto a "saber" a ciencia cierta, quién y porqué lo había matado.
La información obra en poder del Ministerio Público, al que se lo comunicamos en medio de un continuo proceso de dolor, de confusión de prioridades, de enojo y rabia, matizado con la necesidad de cambiar vuelos peleando con las aerolíneas, elegir la urna para la cremación del cadáver de nuestro padre o velar por que alguien le diera de comer a sus perros.
No existe todavía una "respuesta" de esas autoridades. El Ministerio Público alega estar sobrepasado siquiera para efectuar una llamada y chequear un nombre, un apellido y una dirección para luego, quizás, interrogar a una persona.
Y es este el motivo de la presente: el rol de nuestra Cancillería y su embajada en casos semejantes.
Excepción hecha de la Sra. Marta Gabrieloni en el aspecto humano (ella se acercó a tomar un café con nosotros cuatro, el día domingo por la noche en Antigua, y decidió acompañarnos la mañana del lunes al Ministerio Público), no ha habido ninguna acción de la representación de nuestro Estado Argentino, frente al asesinato de un nacional.
Uno ignora el caudal del intercambio político, comercial o cultural que fluye entre Argentina y Guatemala. Y lo sabemos un país violento. Digo a Guatemala. Sin embargo, no parece que todos los días asesinen a un hombre de 76 años con una brutalidad que sorprendió a los mismos "investigadores" y no corresponda a las autoridades de su propio país ni decir ni pedir ni exigir absolutamente nada.
Tampoco ignoro que debe ser frágil el equilibrio en las relaciones diplomáticas; pero entiendo que aportar datos firmes y coincidentes acerca de quién o quiénes podrían ser los autores del hecho, y que ante la inacción guatemalteca nuestra embajada no actúe, no se exprese, no reclame, resulta mortificante para para mí como hijo del muerto y como argentino, además de considerarlo una forma poco sabia de sostener esa bilateralidad por frágil que sea ese equilibrio.
¿Sobre qué bases podríamos mañana decir "hicimos todo" si algo semejante ocurre con otro compatriota cuando en rigor no se ha hecho nada?
¿Qué importancia se le dará o qué seriedad tendrá una investigación futura con otra víctima argentina si aquí no hay una mínima exigencia por escrito, sostenida por un accionar diplomático que la respalde, acerca de la necesidad de, al menos, considerar elementalmente la información que les aportamos?
A casi 20 días del asesinato de mi padre, disponiendo el Ministerio Público de todos los datos de quién dice saber -y está dispuesta a declararlo-, quién asesinó a mi padre, aún no la han llamado.
¿No será posible diplomáticamente y en forma enérgica exigir, reclamar, intentar?
Además de la solicitud verbal a nuestra embajada, el día 24 de octubre ppdo., ya en Argentina, me contacté con Cancillería gracias a los oficios de Luis Novaresio, y logré explicarle algo de todo esto a María Clara Biglieri, poniendo en su conocimiento mi rechazo a la utilización de medios masivos, pero transmitiéndole la frustrante pasividad que advertíamos respecto de la seriedad de la investigación.
Me pidió unos días.
Desde entonces no he tenido la menor noticia: silencio absoluto, lo cual, en las presentes circunstancias, duele un poco más que el habitual destrato de cualquier burocracia.
Deseo finalizar poniendo a su disposición toda la información con la que contamos los hijos de Nelson Agustín Di Nucci. Y solicitarle arbitre lo medios diplomáticos con que cuenta nuestro país demandando rigor, seriedad y celeridad en la investigación del asesinato de mi padre y, de ser necesario, aporte los recursos con que cuenta nuestra Cancillería para estos casos.
Nuestros esfuerzos continuarán por los medios necesarios para que una familia destrozada por el brutal asesinato de un ser querido, tenga –al menos- el consuelo de haber hecho todo para que no quede impune.
No sabemos si alcanzará para descubrir y detener al responsable; pero nadie podrá decir que nos quedamos de brazos cruzados cuando matan argentinos.
A la espera de su respuesta, lo saluda atentamente,
Fabián Di Nucci
Tel. 341-549-0452
c.c. Dirección de Asuntos Consulares

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