Edición Impresa
Domingo 13 de Diciembre de 2015

El teatro como puerta de entrada a la vida

Aristófanes recorre las escuelas rosarinas en clave adolescente y con textos de WhatsApp.

El Elenco Estable de Escuelas Medias de la UNR reversionó la comedia griega Pluto y la bautizó Tarasca. La puesta está protagonizada por jóvenes de 16 y 18 años que estudian en el Superior de Comercio y en el Instituto Politécnico. El elenco gira por distintas escuelas de la ciudad como parte de un proyecto que busca conectar a la Universidad con la comunidad
Tienen entre 16 y 18 años. Cursan los últimos años del secundario. Sus caras reflejan la palidez típica del período de cuatrimestrales en que estudian para rendir entre dos o tres exámenes por semana. Pese al cansancio no pierden el entusiasmo para seguir adelante con los ensayos del Elenco Estable de Escuelas Medias de la UNR del que forman parte. ¿Cómo capturar la atención de otros adolescentes con una comedia griega en tiempos de múltiples pantallas? Ellos (Agostina Solís, Agustín Rosso, César Campilongo, Florencia Peinado, Lucía Cristofanelli, Pedro López, Rocío Asad) junto al docente y director Alejandro Pérez Leiva lograron darle una vuelta de tuerca a la historia para poder interactuar con sus pares. Suben al escenario en jeans y zapatillas, utilizan un lenguaje adolescente y no se privan de ciertos guiños –a modo de emoticones– que hoy son un puente en las conversaciones de chat y mensajería instantánea. Usan temas de Pink Floyd, Pappo y hasta música griega hecha por una banda contemporánea de punk. “Muchos son chicos que no eligen estar ahí, pero lo gratificante es que más de uno al final se nos acerca y nos dice: Qué bueno, nos obligaron a venir a ver la obra, no queríamos saber nada y la verdad estuvo buenísima. Me dejó pensando, no me imaginaba esto. Por último, hasta nos agregan al Facebook y terminamos siendo amigos”, dice con satisfacción una de las chicas que integran el elenco.
El grupo surgió en 2011 como una propuesta dirigida a la Secretaría de Cultura universitaria a partir del recorrido y la profundización de la actividad teatral en las dos escuelas secundarias que están bajo la órbita de la Universidad Nacional de Rosario. Alejandro Pérez Leiva, director del elenco, dicta desde hace 26 años el taller de teatro en el Superior de Comercio. Después de mucho batallar, el docente consiguió que el espacio se convirtiera en una materia más —actualmente incluida en el plan de estudios— y más tarde fue el motor que puso en marcha la iniciativa de generar el elenco.
“La idea fue construir un espacio sistemático de arte teatral en el ámbito de las escuelas y rescatar o, mejor dicho, revalorizar la historia teatral de ambas instituciones: el Superior y el Politécnico. El objetivo del trabajo es, desde siempre, acercarle a la comunidad un instrumento artístico y a la vez educativo que en todos los casos tenga un compromiso con las problemáticas contemporáneas”, explicó Pérez Leiva.
El Elenco Estable está integrado por alumnos de la escuela Superior de Comercio y el Instituto Politécnico, ambas escuelas dependientes de la Universidad Nacional de Rosario. El grupo está compuesto por siete jóvenes y se encuentra en constante transformación y movimiento porque los alumnos se gradúan en sus respectivas escuelas y entonces se renueva su formación. “Los chicos se van recibiendo y hay que volver a empezar con un nuevo elenco.  Aunque la letra del convenio contempla la posibilidad del graduado, no es fácil que al ingresar a la universidad o al comenzar un trabajo les den los tiempos para seguir con esto. En general, siguen vinculados a la actuación o la dramaturgia pero porque muchos se inscriben en la escuela de teatro”, agregó el docente.
Pérez Leiva  es responsable del taller de teatro y las materias curriculares Teatro y Lenguajes Artísticos y Comunicacionales de la Escuela Superior de Comercio.  Dirige el elenco y trabaja en ese ámbito codo a codo con su par Cristian Bosco, actor y docente de Teatro en el Politécnico.
El Elenco debutó en 2011 con la obra La complicidad de la inocencia, de Patricia Zangaro y Adriana Genta, y por la temática vinculada a historias de personas que tratan de sobreponerse al terrorismo de Estado fueron convocados para ser parte de “Teatro x la Identidad” en 2012. “La trama de esa puesta gira en torno cuestiones que hacen a la memoria, verdad y justicia y eso nos permitió llevarla no sólo a escuelas, sino también a clubes e instituciones diversas”, cuenta Pérez Leiva, que en los años ochenta también escribió poesía.
En 2013 hicieron la segunda obra que fue elegida por los mismos integrantes del elenco: Variaciones en re menor. Los adolescentes de la formación que terminaban el secundario les dejaron ese legado a los jóvenes que seguían. “La idea fue en esa oportunidad hacer algo con una temática más adolescente, menos dura y que permitiera trabajarla desde una metodología de construcción colectiva”, remarcó el docente.
En 2015 el desafío fue la realización de la comedia griega Pluto, de Aristófanes. Se trata de una adaptación libre —“muy pero muy libre”, aclara Pérez Leiva— a la que rebautizaron Tarasca.
Escrita en el año 380 a. C. por el gran dramaturgo, la historia se centra en Pluto, que es el dios griego de la riqueza. Como la mayoría de las obras de Aristófanes, esta es una sátira política de la Atenas de la época que incluye entre sus personajes a un maestro estúpido, un esclavo insubordinado y muchos ataques a la moral de ese momento. La primera parte de la obra analiza cómo la riqueza no es repartida entre todos, sino que es distribuida caprichosamente. Pero hay quien (el personaje del anciano Cremilo) está convencido de que si se restituyera la vista a Pluto, estos errores podrían corregirse y el mundo sería un lugar mejor con una distribución mucho más equitativa.
“Elegimos el nombre pensando en su relación con el dinero, entre otras cosas. Tarasca es una palabra del lunfardo y para una adaptación actual y sobre todo libre nos parecía que iba muy bien”, dice Pérez Leiva y apunta: “Además, creíamos que para llegar a la multiplicidad de entradas que tiene la obra con los jóvenes había que ir por un lenguaje cercano a ellos. El salto cualitativo era hacer un clásico que mostrara la desigualdad en la distribución de la riqueza y la decadencia y que a su vez fuera accesible para los pibes”.
Claro que al lenguaje mordaz y juguetón propio de la obra debieron revestirlo de palabras un poco más bondadosas que las de Aristófanes, ya que el público es escolar y la obra original está plagada de desfachatez y términos subidos de tono.


Rompiendo estereotipos

En el paisaje social la juventud suele estar asociada a lo peligroso y es habitual que a los adolescentes se los caracterice por no estudiar ni trabajar o simplemente estar inmersos en un desinterés absoluto. Los integrantes del elenco de la UNR demuestran que no es así y van en contra de ese estereotipo. Apuestan al intercambio con otros adolescentes, saben lo que quieren, pueden dejar sin palabras a más de uno que intente estigmatizarlos, conocen muy bien a los autores que interpretan y encuentran cierto rol social al subirse al escenario. “Es una responsabilidad la que tienen. Y se la cargan al hombro ética y artísticamente”, sostiene Pérez Leiva.
El tema es cómo compatibilizar la actuación y llevarla tan al día como a las materias del plan de estudio. “No se compatibiliza nunca, es difícil. Establecemos que la escuela iba a estar primero y las actividades extra no. Pero por suerte, la escuela nos da tiempo y en esta época del año  dejamos de actuar por las cuatrimestrales porque la carga es pesada. Son dos semanas con pruebas casi todos los días y por eso no queda otra que hacer una pausa en ensayos y funciones”, cuenta Agustina.
Cada joven tiene uno y hasta dos personajes (son doce en total) en toda la obra. “Mi personaje es el de un joven con mucha facha, o mejor dicho un potro como dice el guión que tiene una relación por conveniencia con una mujer mayor que le da dinero por mantener cierto trato o favores sexuales”, cuenta Agustín.  Y Pedro suma: “Ganar plata y ser una persona de bien en esa Atenas en que escribe Aristófanes parece ser que no iban de la mano. O como dice el guión, no pegan ni con moco, para que se entienda mejor”.
Si bien Pérez Leiva fue el responsable de la escritura dramática, su trabajo se enriqueció a partir de las improvisaciones actorales. En las funciones y hasta en los ensayos también se cambiaron las cosas y ahí fue donde la mano de los jóvenes se nota mucho más.  
La puesta en escena es simple porque uno de los principales objetivos es provocar vínculos con la comunidad y eso lo logran apelando a la austeridad de la escenografía. “Para evitar problemas de armado de estructuras escénicas, se invirtió en telas para las túnicas que cortamos y teñimos nosotros mismos. Ese vestuario lo usamos directamente arriba de nuestra ropa privilegiando el trabajo actoral en el espacio. De esa forma, podemos llevar la obra a lugares que no tengan infraestructura teatral y hacerla sin limitaciones”, contó Agustina. Y Rocío agregó: “Manejamos dos tiempos como un mensaje de imagen al espectador. Por un lado, tomamos algo de la antigüedad pero tenemos jeans y zapatillas,  que es lo que llevamos puesto todos los días”.  
Uno de los personajes de Florencia es la pobreza. “Es alguien que intenta seducir al público explicando por qué tiene que existir.  Y es el público el que debe por sí mismo discernir si les conviene ser pobres o no”, explica la joven.  Mientras, otro compañero agrega: “Ella trata de convencernos de que pobres hubo siempre y que tiene que haber siempre. Ese es el dilema”.
Al final, sale el pueblo y dice que “ahora es él quien decide cómo se reparte las riquezas”. Algo así como un desenlace utópico.
Durante todo 2015 el elenco realizó funciones en el Normal N°1, Normal N°2, el profesorado de Historia Galileo Galei, el colegio María Madre —de Uruguay y Avellaneda—, el Espacio Cultural Universitario (ECU), la escuela Urquiza,  la escuela N° 243 —de las Cuatro Plazas en la zona oeste de la ciudad—, Superior de Comercio, Agrotécnica de Casilda y Politécnico.
“Una cosa que está buena es ver las distintas realidades de las escuelas que visitamos. Incluso, ver cómo responde de diferente manera cada turno escolar como público y cómo juegan con los que estamos en el escenario. Sin dudas que los del turno noche son los más divertidos de todos”, dice Lucía.
Mientras que para Agustín no tiene precio el llevar una obra de teatro a escuelas donde a veces los chicos nunca vieron una: “Llegamos a barrios donde estaban asombrados, nos miraban con los ojos enormes y no paraban de aplaudir. A veces los mismos compañeros de tu escuela no dejan de mirar el celular mientras estás actuando y ahí, en esos colegios, aparece la sorpresa. Hay una demostración de afectos que enseguida te sacan de encima la mochila de prejuicios con la que llegás”.

Comentarios