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Sábado 27 de Diciembre de 2008

El sueño de la escuela inclusiva

Una bella película china relata la historia de una muy joven maestra rural que debe iniciar un viaje a la ciudad para recuperar a uno de sus alumnos, un niño que emigra para ayudar económicamente a su familia. "Ni uno menos" se llama. La película está llena de imágenes conocidas por quienes pasan por la experiencia de educar. Resalta el valor de la escuela, hay que verla. Ahora es una simple excusa para remitir a una realidad educativa más cercana.

Una bella película china relata la historia de una muy joven maestra rural que debe iniciar un viaje a la ciudad para recuperar a uno de sus alumnos, un niño que emigra para ayudar económicamente a su familia. "Ni uno menos" se llama.

La película está llena de imágenes conocidas por quienes pasan por la experiencia de educar. Resalta el valor de la escuela, hay que verla. Ahora es una simple excusa para remitir a una realidad educativa más cercana.

Y para eso no hay que irse tan lejos. Este mismo año, un adolescente rosarino del 2º año del secundario (ex 9º año EGB) decía en una nota: "Los que venían el año pasado dejaron la escuela, andan en la calle, sin hacer nada, y a nosotros nos gustaría seguir viniendo el año que viene". Lo hacía para expresar lo que significaba para él y sus compañeros no contar con la certeza de terminar el secundario obligatorio en su barrio.

Otro chico de su mismo curso sería más gráfico: "La mayoría recurre a las drogas para eludir el esfuerzo que representa vivir".

Es que si algo se ha repetido a lo largo de distintas notas recogidas a lo largo de estos 10 años de existencia del suplemento de Educación de LaCapital es el reclamo y la valoración, al mismo tiempo, de una escuela que albergue a todos sin distinciones. Algo así como señalar muy claramente cuál es la frontera que traza los mismos límites entre la inclusión y la exclusión social.

El pedido de un lugar para aprender es el común denominador que muestran los más pequeños que, a pesar de los altos índices de cobertura logrados, no ingresan aún al nivel inicial; o los chicos que son expulsados de la primaria por "mal comportamiento"; y los que no son pensados en su realidad cuando se planifica, por ejemplo, dónde se dará lugar al nuevo secundario (un nivel que aún es una promesa para la mitad de los adolescentes en edad de cursarlo).

El mismo pedido del derecho a educarse está en los adultos, en los jóvenes en situaciones de encierro, en los discapacitados y en los que increíblemente la institución escolar y la sociedad siguen estigmatizando por repetidores, por "ser inquietos" o por "fracasar en los aprendizajes".

Rupturas y continuidades de un sistema educativo que ha logrado despedir a la ley federal de educación con la sanción de una nueva normativa. Ley incipiente y por eso tiene aún el beneficio de ser una oportunidad para la construcción de proyectos que abracen a todos.

En esta década prácticamente se formó una generación de chicos en un modelo que vio hacer y deshacer un caótico tercer ciclo, que no cumplió con la promesa de educar ni retener a sus alumnos.

También con la destrucción planificada de uno de los modelos más valorados en la educación argentina: sus escuelas técnicas, pensadas para los hijos de los obreros. Más tarde rescatadas en una ley que pone el acento en esta modalidad, pero que a tres años de sancionada no logra despegar en la provincia.

En ese panorama se mantuvieron invariables los problemas de infraestructura, aunque de manera descarada todavía a mediados de los 90 se insistiera con aquel eslogan que aseguraba que "las escuelas rancho han desaparecido del país". Falta una inversión genuina y real para convertir a las aulas en lugares alegres que despierten el simple deseo de estar. El trabajo solidario de pintar escuelas alcanza en este caso sólo para compartir buenos momentos y corre el riesgo de convertirse en puro voluntarismo.

La deuda con la Universidad. La Universidad no permaneció inmune a los vaivenes de las políticas educativas y económicas de la última década, donde todavía es deuda la sanción de una ley superadora de la aprobada en los 90.

En estos 10 años no ha cambiado, y en todo caso se ha acentuado, el ausentismo de los docentes, un hecho grave que por un lado pone al descubierto las condiciones de trabajo y salud del sector, pero por otro llama a la reflexión sobre el compromiso asumido a la hora de enseñar.

La quita del presentismo en 2004 y el sistema de salud laboral implementado este año son dos medidas para saludar, igual que la reciente sanción de la ley de paritarias, conquistas del gremio de los maestros. En esas continuidades aparecen también las promesas renovadas de cambiar planes de estudio o implementar leyes como la de educación sexual que sigue muy bien alejada de las aulas.

Ante este panorama, contar cuántas escuelas están conectadas a internet parece algo anecdótico: porque en realidad cuando la escuela falta para un niño en todas o en algunas de sus dimensiones lo que falta es la misma posibilidad de diseñar otro futuro.

La lista de hechos para mencionar en la última década es larga, pesan logros y desaciertos. Pero más los últimos.

En estos diez años los ministros de educación del mundo volvieron a estirar las metas de "Educación para todos", acordadas primero en Jontiem en 1990 para los próximos 10 años y reeditadas por la falta de cumplimiento en 2000, en Dakar, esta vez para 2015.

Un informe reciente sobre cómo avanzan esos objetivos deja a la vista que todavía las desigualdades educativas condenan a millones de niños a la pobreza. Pero como ocurre en la película de Zhang Yimou, es justamente la obstinación de los maestros la que muchas veces, en lugar de clausurar, habilitan otro destino.

Diez años antes o diez años después la preocupación es la misma: en las escuelas, ni un niño menos. Porque sigue siendo el lugar donde se construyen amigos, se crece como persona, se conoce el pasado, se disfruta de un juego y se siente mucho pero mucho placer cuando se descubre que es posible aprender.

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