Opinión
Jueves 24 de Noviembre de 2016

El subibaja del gobierno a un año del ballottage

Claves. La situación económica preocupa a propios y extraños. La promesa incumplida respecto del impuesto a las Ganancias desnuda errores oficiales. A Macri le fue mucho mejor con la política que con la economía.

A un año del ballottage que convirtió a la historia política argentina en un parteaguas, el gobierno nacional no logra aún consolidar una gestión acorde a las expectativas depositadas. Aunque hay notorios avances, respecto de los modos y los estilos kirchneristas, en materia económica se podría spoilear el título de una vieja canción de Moris: "Esto va para atrás".

Aquellos cantos de sirena sobre el segundo semestre y, luego, sobre eventuales "brotes verdes" quedaron sepultados por una realidad económica que, lejos de dar señales de vida, pegó duro en el músculo más sensible: el bolsillo.

Poco favorece a este status quo la promesa incumplida del presidente Mauricio Macri en relación al impuesto al salario. Muchos votantes de clase media que se sumaron al cambio que proponía Cambiemos experimentan la continuidad del impuesto a la Ganancias como un fracaso de sus expectativas, no tanto por el hecho puntual de un golpe más o menos sensible a sus bolsillos, sino como un ícono del escepticismo que genera la comprobación del más de lo mismo.

Mover el tablero. Hace bien el presidente en mostrarse decepcionado y preocupado por lo que están haciendo sus ministros y nadie se sorprendería si más acá o más allá de las elecciones de 2017 mueve algunas piezas del gabinete.

A tenor de los resultados económicos, el balance podría ser aún peor y de consecuencias populares más amplias. Aunque cada vez menos, las expectativas respecto de una evolución de la gestión y el recuerdo cercano del gobierno cristinista, mantienen a Macri en el punto medio exacto: la mitad de la sociedad tiene una mirada positiva y la otra mitad ya le bajó el pulgar.

El yerro original del gobierno fue al momento de establecer las prioridades. Y esto no se escribe con el diario del aniversario del ballottage sino que fue reflejado en esta columna apenas se conoció la eliminación de las retenciones a las mineras y la disminución a la soja en vez de aliviar la situación de los trabajadores modificando las escalas de Ganancias.

Pese a esos gestos, a la eliminación del cepo y al arreglo con los holdouts la Casa Rosada no pudo ver cumplimentada su promesa de "lluvia de dólares e inversiones". Curiosamente, a la par que la oposición kirchnerista y de izquierda califica a Macri como alguien que "gobierna para los ricos", los empresarios han sido hasta aquí más parte del problema que de la solución.

No deja de llamar la atención que haya sido en el ámbito de la política donde mejor le fue al oficialismo. Pese a tener franca minoría en las Cámaras legislativas y en las Gobernaciones, el macrismo logró aprobar 70 leyes. Pero nada es para siempre.

La ausencia de liderazgo en el peronismo, la dispersión del PJ en varios ismos y la particularísima situación de Cristina Fernández de Kirchner ha sido todo ganancia para Cambiemos. De ahora en más, de a poco, empezará otra historia si es que no se logra sacar de la modorra a los índices económicos. Y a los funcionarios.

El comienzo en ciernes de un año electoral que será clave para oficialismo y oposición empieza a demostrarse en las acciones de unos y otros. El gobierno debió ceder ahora a las pretensiones de la CGT de firmar un documento que evita desde lo testimonial que se produzcan despidos hasta marzo, algo que la propia Casa Rosada había rechazado desde el mes de abril.

A la vez, los senadores peronistas parecen abroquelarse en la idea de mantener en el freezer la reforma electoral y, específicamente, la boleta papel, que ha sido para el PJ de las comarcas como un manantial para el sediento.

A un año del ballottage, empiezan a brotar rebeliones módicas adentro mismo de Cambiemos, pero ya no con las previsibles rabietas de Elisa Carrió, sino con quien hasta aquí actuó como un eficiente operador en las sombras: Emilio Monzó.

Desde adentro. El presidente de la Cámara de Diputados, de pésima relación con María Eugenia Vidal desde hace algún tiempo, atacó sin rubores ni piedad al gurú macrista, Jaime Durán Barba, y se dio el lujo de llenar de elogios e invitar a participar del gobierno a dirigentes peronistas. No le pregunten a nadie, ni quieran saber, cómo impactó esa invitación en los radicales aliados.

Sin contar hasta diez, Monzó confirmó con sus palabras lo que se viene anoticiando en LaCapital desde hace ya seis meses: el interés de la Casa Rosada de incluir a Omar Perotti en el staff. Esas palabras del titular de la Cámara baja cayeron como una patada en la zona baja del presidente de la UCR, José Corral.

Suena extraña la verbalización mediática de Monzó. Es un dirigente que hace un culto de la negociación subterránea y el off the record, pero que esta vez prefirió atacar a Durán Barba y a la estrategia comunicacional del gobierno desde los medios nacionales.

El malestar de Monzó, a quien se dio hace 30 días como eyectado del oficialismo, deberá ser cauterizado por el jefe del Estado para que no se transforme en una mancha de humedad que crezca paulatinamente en el interior de Cambiemos. Cualquier salida será leída como un signo de debilidad oficial y una rajadura política de cara al futuro electoral del oficialismo y del PRO.

Hoy, los brotes verdes del gobierno pasan por el cambio de estilo en la relación con los opositores, en una mejor interlocución con todos los factores de poder y en un sano intento de no querer operar en lo que no corresponde. No es poco, pero no alcanza a tenor de los desbarajustes económicos.

Se sabe en el ámbito de la política que el peronismo suele estar aquietado, adormecido y sin demasiados signos vitales hasta que huele a sangre en el adversario temporal.

El groserísimo error repetido en el tema Ganancias, entre otros ítems, ha despertado el olfato de Sergio Massa y comienza a inquietar a otras capillas del PJ.

Al fin, Macri debería internalizar lo que repiten las comadres en los pueblos: como te ven. te tratan, y si te ven mal, te maltratan.

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