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Sábado 19 de Diciembre de 2009

El Senado cedió sus bancas para discutir la educación rural

"Nací y me crié en el campo, mis hijos ahora también van a una escuela rural, pero yo no quiero que ellos pasen lo que me tocó a mí", dice Nadia Coronel, una mamá que participa de una cooperadora escolar en el Departamento San Martín. ¿Y de qué habla Nadia? Nada menos que de las dificultades de aprender en el ámbito rural. Esta situación, más un tema clave como es el secundario obligatorio, se trató en el "Foro para la defensa y la revalorización de la educación rural", que se realizó el viernes 11 en el Senado provincial.

"Nací y me crié en el campo, mis hijos ahora también van a una escuela rural, pero yo no quiero que ellos pasen lo que me tocó a mí", dice Nadia Coronel, una mamá que participa de una cooperadora escolar en el Departamento San Martín. ¿Y de qué habla Nadia? Nada menos que de las dificultades de aprender en el ámbito rural. Esta situación, más un tema clave como es el secundario obligatorio, se trató en el "Foro para la defensa y la revalorización de la educación rural", que se realizó el viernes 11 en el Senado provincial.

El espacio surgió de la comisión de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación de la Cámara alta, a instancias de un proyecto del senador Hugo Pucheta (PJ) y del empuje de la Asociación de Maestros Rurales de Santa Fe, que preside Carlos Barrera.

Con su relato Nadia recordó que se vio en desventaja educativa cuando pisó el secundario. Eso la obligó —además de irse a vivir a un pueblo— a empezar y dejar varias veces, hasta terminarlo en una Escuela Media para Adultos (Eempa). "Me gustaría que mis hijos tengan clases cinco días a la semana como otros chicos", expresó entonces; y no pasó por alto recordar los problemas de infraestructura que hacen que aprendan "en un galpón, donde no faltan las ratas".

El testimonio de Nadia no se queda en el presente, subyace lo que fue el tema central del foro: cómo garantizar la educación secundaria, y no sólo en retención sino también en calidad de aprendizajes.

Nuevo secundario

Hasta el 2008, y desde hacía 10 años, la provincia mantenía para la ruralidad un régimen de enseñanza para los chicos de 7º grado y los dos primeros años del secundario (antes 8º y 9º años de la EGB) con profesores itinerantes. Eso fue hasta que se decidió dar por finalizada la experiencia, también conocida como Proyecto VII, y trasladar los alumnos del secundario a las zonas urbanas más cercanas.

"Desde este ministerio no vemos a la educación rural como un espacio autónomo sino articulado con todo el sistema educativo", dijo al explicar el fondo de la determinación el director provincial de Programas Especiales, Guillermo Ríos. El funcionario estuvo en el foro para dar la voz oficial del Ministerio. Explicó —sin precisar cifras— que "la medida tomada había permitido que la matrícula pudiera crecer de manera significativa". Y recordó que se habían "creado 110 nuevos establecimientos" para atender la demanda del secundario.

La sucesión de relatos que llegó después por parte de los profesores que trabajan en el medio mostró discrepancias, aciertos y dudas sobre el secundario obligatorio en el ámbito rural. Y si algo quedó en claro es la necesidad de escuchar a los docentes que trabajan en el territorio, y que es muy difícil pensar en un modelo único para una geografía tan dispar.

Un grupo de profesores del norte provincial, casi allí donde toca el límite con las provincias de Chaco y Santiago del Estero, denunció que en la zona hay más de un centenar de chicos en edad escolar que nunca pisó la escuela. Un dato que no es de extrañar si sabe que la mayor concentración del trabajo infantil se da en el campo (una paradoja en la provincia donde muchos dirigentes van al frente a favor de los grandes intereses agropecuarios pero rara vez, o tal vez nunca, se los escuchó reclamar por esta infancia castigada).

Los profesores cuestionaron la finalización del Proyecto VII, pidieron becas para el transporte y albergues para los alumnos y denunciaron que "los más perjudicados siguen siendo los más pobres". Diego Giromini es uno de estos profesores de la zona conocida como El Nochero (para otros Gregoria Pérez de Denis). Trabaja en la Escuela 501, uno de esos 110 núcleos creado sobre la base de escuelas primarias. En este caso la Nº 1.178, ubicada sobre la ruta que lleva a Santiago del Estero. "Aquí la matrícula va a contramano de lo que pasa en la mayoría de las escuelas, se incrementó y tenemos cien alumnos matriculados", contó para rescatar que "fue un gran acierto crear esa escuela en el ámbito rural".

Cargos e infraestructura

El profesor habló además de las dificultades con las que trabajan: "Se crearon cargos pero no se tuvo en cuenta la infraestructura, por ejemplo un salón se dividió con machimbre para poder dar clases".

Más tarde una profesora de la misma región trajo la cuota de optimismo que faltaba: "No todo es negro, si estamos aquí es porque amamos a nuestros alumnos". Y enseguida puntualizó lo recorrido para lograr un secundario en Santa Margarita. Igual reclamó por un conocimiento oficial del terreno donde trabajan. "Nos mandaron computadoras para actualizar los datos, pero no saben que aquí no hay internet", contó y aprovechó para recordar que les habían quitado del salario un plus que cobraban por zona rural.

Al inicio del foro, el maestro Carlos Barrera tuvo un pedido simple y acertado: que se cumpla la ley de educación nacional, que dice (artículo 49) que "la educación rural es la modalidad del sistema educativo de los niveles de educación inicial, primaria y secundaria destinada a garantizar el cumplimiento de la escolaridad obligatoria a través de formas adecuadas a las necesidades y particularidades de la población que habita en zonas rurales".

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