El Mundo
Viernes 26 de Agosto de 2016

El Senado brasileño puso en marcha la fase final de la destitución de Dilma

Comenzó a correr la cuenta regresiva, que con casi total seguridad terminará con el mandato de Rousseff a inicios de la próxima semana

El Senado de Brasil puso en marcha la fase final del juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff, que concluirá casi seguramente con la destitución definitiva de la mandataria a comienzos de la próxima semana. La sesión se inició con fuertes incidentes y cruce de insultos entre partidarios y adversarios de Rousseff.

El presidente del Tribunal Supremo, Ricardo Lewandowski, abrió por la mañana la primera jornada del proceso, en que los 81 senadores de Brasil deben decidir si destituyen a Rousseff, suspendida del cargo desde el 12 de mayo, bajo acusaciones de haber cometido irregularidades para ocultar el déficit público.

Según los cálculos que circulan en el Senado, la decisión sobre el destino de Rousseff podría tomarse ya en la madrugada del martes 30, con un resultado que apunta a una clara derrota para la mandataria en la votación final. Para que el impeachment tenga éxito se necesita una mayoría de dos tercios, es decir, de al menos 54 senadores. Gran parte de los legisladores se ha decantado de antemano contra Rousseff, que además de perder el cargo sería inhabilitada por ocho años. Esa cifra se superó holgadamente en mayo, cuando fue suspendida y reemplazada en el mando por su hasta entonces vice, Michel Temer. Si es destituida, Temer, presidente de forma interina, asumirá la jefatura de Estado permanentemente hasta las elecciones de fines de 2018. Ejercerá la presidencia durante dos años y cuatro meses.

"A partir de hoy cada senador se convierte en un juez que deberá actuar conforme a su conciencia sin tener en cuenta preceptos ideológicos o partidarios", dijo al abrir los trabajos el presidente del Supremo Tribunal Federal, Ricardo Lewandowski. El inicio de la sesión fue marcado por la "catimba" , como se llama en el lenguaje futbolero brasileño a las mañas de "embarrar la cancha". Diez recursos de nulidad fueron presentados por los senadores defensores de Rousseff y su abogado, José Eduardo Cardozo, durante tres horas. Todos fueron rechazados por el presidente Lewandowski, levantando la tensión. En el punto alto de la tensión hubo gritos de "falta de moral", "aspirador de cocaína" y "esclavista", lo que atrasó la sesión.

Rousseff califica a Michel Temer, su ex socio político —fue su vice durante toda su primera presidencia— de "usurpador" y "traidor". La jornada de ayer estuvo dedicada a la presentación de testimonios a favor y en contra de la presidenta, una fase que se prolongará previsiblemente hasta mañana.

El próximo lunes comparecerá la propia Rousseff. Luego arrancará una maratónica sesión en la que cada legislador debe intervenir para explicar su voto. La presidenta se ha negado a renunciar y acusa a sus adversarios de fraguar un "golpe de Estado". "No renuncio porque no cometí ningún crimen, nunca recibí dinero de la corrupción".

La presidenta fue suspendida inicialmente por 120 días por el Senado el 12 de mayo, después de que la Cámara de Diputados diera luz verde al juicio político contra Rouseff. La salida de Rousseff pondría fin a más de 13 años de gobierno de izquierda del Partido de los Trabajadores (PT). Este largo período tuvo una primera etapa más brillante, con el surgimiento de Brasil como potencia emergente bajo la presidencia de Lula da Silva en sus dos presidencias (2003-2010). Desde enero de 2011 tomó el poder Dilma, pupila y ex jefa de gabinete de Lula. Su primera presidencia fue mixta, pero sobre el final la crisis económica y el descontento comenzaron a pesar en forma decisiva. La crisis económica se intentó afrontar con una política heterodoxa que amplió el gasto público, de por sí siempre alto en Brasil. La llamada "Nueva Matriz Macroeconómica" implementada a inicios de 2012 no dio buenos resultados, y al contrario aumentó la inflación y trajo el inicio de la recesión, en la que sigue sumergido Brasil. A este panorama económico se sumó el estallido del escándalo de corrupción en Petrobras, la gran petrolera estatal. La Justicia actuó con independencia del poder político y económico y envió a prisión a altos mandos del PT y a los mayores empresarios del Brasil. El efecto del "Petrolao" o "Lava Jato", fue demoledor para Dilma y el PT de Lula. El caso, sin embargo, golpea de lleno también al centroderechista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) de Temer. Este es casi tan impopular como Dilma Rousseff.

Lula. El ex presidente Lula da Silva calificó como "la semana de la vergüenza nacional" a la última sesión del juicio político contra Rousseff, que se inició ayer en el Senado. "Hoy está comenzando la semana de la vergüenza nacional", dijo Lula en un acto organizado por movimientos sociales de izquierda y el sindicato de petroleros en Niteroi, estado Río de Janeiro. Lula, imputado y bajo investigación penal por manejos turbios de fondos, dijo que sentía "vergüenza ajena por ver al Senado, que debería estar discutiendo los intereses del pueblo y está discutiendo la condena a una persona inocente. "Hoy comienzan a romper la Constitución". Para Lula, el proceso va contra "una presidenta que el único error que cometió es ser honesta". El ex mandatario, afirmó que en caso de que Rousseff sea destituida, el gobierno del actual mandatario interino Michel Temer lanzará un plan de privatizaciones. El ex presidente también dijo que "está favor" de la operación Lava Jato pero a la vez criticó la investigación, por estar basada en "delaciones premiadas" de políticos y empresarios, sobre todos ex directores de Petrobras. "Si alguien roba tiene que ir a la cárcel, pero hay delatores que hablaron mentiras y ahora están sueltos, fumando un habano cubano", aseguró Lula.

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