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Sábado 31 de Agosto de 2013

El rol de los directivos en las instituciones educativas

Por Pablo Imen / Contar con directores de escuelas democráticos posibilita el desarrollo de experiencias muy valiosas en términos educativos

El papel de los directivos en las instituciones escolares reviste fundamental importancia en los sistemas educativos formales por una razón esencial: la organización así como la cultura jerárquica y piramidal hace de los "ámbitos de conducción" verdaderas palancas del poder institucional. Si hay un directivo democrático, es probable que se generen experiencias muy valiosas en términos del proyecto educativo. Experiencias como las de Olga y Leticia Cossettini revelan la importancia de una dirección dispuesta a construir una educación vinculada a la vida, a su comunidad y a promover un estilo participativo de construcción curricular.

Directivos autoritarios, burocráticos o con lábiles liderazgos obturan un funcionamiento institucional que, en lugar de ser colectivo, se convierte en un espacio vacío o verticalmente autoritario.

Es preciso advertir que, para nosotros, la discusión de la "conducción escolar" está condicionada en primer lugar por el proyecto pedagógico sobre el cual se ejerce el gobierno. Segundo, los liderazgos institucionales están fuertemente condicionados por las estructuras del sistema educativo.

El gobierno de las prácticas pedagógicas, las dinámicas institucionales o las políticas educativas responden (no mecánicamente, sino sujeto a múltiples mediaciones) a un proyecto determinado: se privilegian unos fines y medios que condicionan al trabajo docente y la formación; se configura cierta construcción curricular; operan variables relaciones de las instituciones con sus contextos.

Soberanía cognitiva. La "calidad educativa" como sinónimo de las pruebas Pisa (exámenes estandarizados que establecen ránkings de rendimientos) es antagónica a la idea de formar hombres y mujeres libres, que piensen con cabeza propia (soberanía cognitiva), que desarrollen todos los aspectos de su personalidad (saber pensar, saber decir, saber hacer, saber sentir, saber convivir). No es lo mismo formar ciudadanos conformistas que ciudadanos plenos, capaces de gobernar y construir una democracia protagónica y participativa. Es bien distinto formar empleados dóciles que productores que conozcan la memoria de las luchas, la legislación vigente, sus deberes y sus derechos.

En suma, la discusión del gobierno de la educación en cualquier nivel —el del sistema, el de la institución o el del aula— no puede disociarse del proyecto pedagógico en el que estos niveles de gobierno se inscriben. La perspectiva tecnocrática apunta a la competencia, a la medición de contenidos legítimos, a la instalación de una evaluación punitiva reclama un modelo de gobierno escolar basado en el estímulo de la competencia y el uso institucional del premio y del castigo.

Por el contrario, la puesta en marcha de un proyecto educativo emancipador necesitará un modelo de gobierno participativo, que asuma un funcionamiento colectivo, una cultura del diálogo, una evaluación no punitiva orientada a mejorar las relaciones pedagógicas, a democratizar la dinámica institucional así como a profundizar las relaciones con el contexto.

Si el modelo pedagógico —objeto de debate y de combate— es un primer punto en discusión hay otro aspecto estructural profundo. ¿Cómo es posible que cada institución escolar quede librada a su dinámica particular, a los rasgos de sus directivos o a la composición de su colectivo docente?

El carácter fragmentado, competitivo, autoritario, escindido es la marca de origen del sistema educativo nacional. Ordenadas sus instituciones y prácticas por dispositivos que estimulan al mismo tiempo competencia y la obediencia debida, esta combinación fatal refleja un archipiélago institucional.

¿Cómo se ordena este escenario heterogéneo? A través de múltiples instrumentos sucesivos: el cuerpo de inspectores, los libros de texto fueron antecedentes de los más recientes operativos de evaluación y otros mecanismos de coerción que buscan someter a los docentes a un modelo pedagógico exógeno y enajenante. Otro modelo exigiría reformular el modelo de trabajo docente, sus propuestas de formación y sus modos de evaluación.

Modelos de gobierno. Las derivas sobre el gobierno de la educación dependen del proyecto político educativo (en disputa) y sobre la (necesaria pero no segura) reconfiguración de un sistema educativo en crisis (y en cuestión). Es a partir de estas definiciones que puede calibrarse la importancia no tanto de un director, sino de un modelo de gobierno. Entre la tecnocracia autoritaria, la democracia emancipadora o la inercia burocrática tradicional se libran distintos modelos políticos y pedagógicos.

¿Qué gobierno defiende este columnista? Aquel que acepta la invitación del gran pedagogo italiano Gianni Rodari. Una educación liberadora, que habilite la construcción de una sociedad democrática, igualitaria y sustancialmente justa. Dice que "«El uso total de la palabra» me parece un buen lema, de bello sentido democrático. No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo."

(*) Secretario de Investigaciones del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, director del Instituto de la Cooperación (Idelcoop).

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