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Sábado 06 de Abril de 2013

El rol del Estado y el peligro de la antipolítica

La Plata era ayer una ciudad bloqueada en decenas de cortes, con gran tensión social, saqueos en supermercados, vecinos parapetados, miedo, paranoia, desesperación y duelo.

Y el agua bajó en La Plata. Y la ciudad de las diagonales se encontró con el tramo más cruel del desastre, cuando se contabilizan las pérdidas, las vidas, las casas rotas, los autos arruinados, los bienes simbólicos perdidos. Los afectos lastimados.


   La Plata era ayer una ciudad bloqueada en decenas de cortes, con gran tensión social, saqueos en supermercados, vecinos parapetados, miedo, paranoia, desesperación y duelo. Y con una pregunta difícil, ¿cómo jugó el Estado en la ayuda de los damnificados?


   El miércoles pasado, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner primerió, se metió a caminar cara a cara con un grupo de inundados. Tuvo momentos ásperos, de reclamos, pero salió airosa. Un día después, el gobernador Daniel Scioli, la ministra de Desarrollo Social Alicia Kirchner, y el intendente de la ciudad, Pablo Bruera, intentaron un itinerario parecido.


   Ya no la sacaron barata como Cristina. Los increparon, sobre todo a Scioli. Quien luego dijo “la gente tiene derecho a expresar su bronca”. A Bruera no le permitieron bajarse del auto. No acompañó en la caminata a la pareja


Scioli-Alicia Kirchner.


   Si bien las espaldas políticas de CFK son más anchas que las del gobernador, y la de su propia hermana, lo cierto es que con el paso de las horas, el caos se agrava en La Plata. Y la tensión crece.


   Por su parte, el intendente Pablo Bruera vive en tiempo de nocaut técnico. Y nadie puede dar certeza de su destino. En las horas posteriores al desastre ( martes 2, por la tarde) se encontraba de vacaciones en Brasil. Pero, sorprendido por la catástrofe, no tuvo mejor idea que armar una operación de prensa a través de un tuit diciendo que estaba en la ciudad ayudando a los vecinos.


   Y hasta acompañó el mínimo texto enviado desde su teléfono celular con una foto en la que se lo veía entregando un bidón de agua a una vecina. Entre otras cosas, la foto fue tomada en situación diurna (con luz solar), pero la crisis del desastre hídrico ocurrió al caer de la tarde, y durante la noche, ya sin luz. Bruera juega tiempo de descuento.


   Mientras tanto, La Plata recibe ayuda del gobierno nacional, y de la ola de solidaridad de todo el país. Pero “es distribuida de un modo ineficaz y lento”, definió ayer el diario El Día de esa ciudad. El gobierno de la provincia de Buenos Aires quedó otra vez expuesto a su larga lista de insuficiencias. “Si no fuera por la ayuda del gobierno nacional y la solidaridad de todo el país La Plata estaría incendiada”, dijo a La Capital un funcionario del gobierno provincial. Que a su vez es bicéfalo: Scioli por un lado, el vice gobernador, Daniel Mariotto, por el otro.


   En la Capital Federal, Mauricio Macri también estaba de vacaciones en Brasil al momento del desastre hídrico que se llevó ocho vidas, cientos de millones en pérdidas materiales. Pero el líder del PRO tuvo la honestidad brutal de bajarse del avión con las raquetas en la mano. Y no negar que estaba de vacaciones, “porque las necesitaba”. Después tuvo “suerte”. A 60 kilómetros de Buenos Aires, una tormenta provocaba más de 50 muertos. Y entonces los ocho muertos de la CABA pasaron a segundo plano.


   Por lo demás, dos fenómenos suceden, simultáneamente, en medio del desastre: por un lado, una gigantesca masa juvenil con militancia política, o sin ella, resuelve con sus propias manos aquello que no puede resolver la aún escasa previsión en catástrofes que padece la Argentina. Y en muchos niveles de su organización institucional.


   Finalmente, políticos de vacaciones, peor aún, mintiendo, y con escasa capacidad para remontar la catástrofe, no hacen más alimentar el peor de los monstruos que durante casi tres décadas horadó a la democracia: la antipolítica, y su triste corolario, el “que se vayan todos”.



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