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Sábado 15 de Octubre de 2011

El riesgo que padecen los niños sobrecargados de actividades

Por Gabriela Dueñas / Cómo repercute en los aprendizajes el fenómeno de los chicos "de agenda completa". El valor del juego.

El incremento de niños y adolescentes que llegan a consultas neurológicas y psicopedagógicas en los últimos años, derivados desde sus escuelas, o traídos por sus propios padres por presentar dificultades asociadas a un rendimiento escolar descendido, resulta un fenómeno llamativo.

Más preocupante aún, cuando asociado a este fenómeno se observa un incremento significativo en la oferta de "tratamientos médico-psico-pedagógicos" que prometen restablecer la "tranquilidad familiar", mejorando la performance de los escolares por medio de Programas de Adiestramiento Conductual que asociados a la administración de drogas psico-activas y estimulantes, se proponen como meta la modificación de aquellas conductas que manifiestan los chicos que "no" resultan "funcionales" con ciertas expectativas de "eficiencia" y "alto rendimiento" que tienen sobre ellos los adultos a su cargo: padres, maestros, médicos y otros profesionales afines, como muchos psicólogos, psicopedagogos, etcétera.

La historia de Sofía. Había una vez una nena que quería jugar y no tenía tiempo...

Con sólo 5 años y medio, Sofía es traída a consulta por sus padres, derivada por su pediatra para que se le realice un "evaluación cognitiva" que permita determinar si cuenta con el nivel requerido para afrontar el próximo año las exigencias de un primer grado.

La escuela informa que con frecuencias Sofía se niega a terminar sus trabajitos porque "insiste en que quiere jugar en los rincones de la sala con sus compañeritos".

Si bien observan que posee un lenguaje rico y que se desenvuelve con soltura en diversas actividades que realiza, sus padres están muy preocupados porque -según les dijo la señorita- aún no esta alfabetizada.

Como el Jardín al que asiste es de doble jornada (bilingüe), y luego de la misma la niña toma clases de comedia musical dos veces por semana, y otros dos días de natación, el primer problema con el que nos topamos es el de poder encontrar un horario viable para poder conocer a Sofi. Es que "la agenda" de la niña "esta complicada", explican los padres, "casi como la nuestra" (ambos profesionales).

Aún así, pudimos concretar un encuentro con la niña un día de la semana a las 20 horas.

La trae su papá upa porque se quedó dormida en el auto. Sorprendida y entre sollozos, al despertar ya en el consultorio, la niña dice que está cansada y que tiene sueño. El padre le promete entonces que tendrá que quedarse solo un ratito para hacer unos trabajitos.Sofi se aferra aún más a él y le dice: "Pero yo quería estar con vos. ¡Vos me prometiste que me ibas a contar un cuento!".

Dirigiéndose entonces a mí, el padre agrega: "Ves! Esto es parte del problema. Sofi sólo quiere jugar y que uno esté pendiente de ella. Le cuesta prestar atención y hacer los trabajitos de la escuela. Si uno le insiste, termina empacada o haciendo un berrinche! Por esto la traemos. Porque queremos saber si es que no puede, o no quiere. Pero el tema es que si sigue así corre el riesgo de no pasar a primero y que haya que cambiarla de colegio. Imaginate!!".

Dirigiendo ahora su mirada hacia Sofi, continúa diciendo "vas a perder a todas tus amiguitas". Mirándome de nuevo a mí, termina diciendo: "Va a esa escuela desde los 45 días! porque ya sabes, como te contamos el otro día, mi mujer y yo trabajamos mucho, todo el día".

Sofi, escuchando atentamente a su papá, agrega: "Es que estoy cansada! Yo quiero jugar con Tomás (el hermano) y que me leas el cuento que me prometiste!".

Niñas y niños como Sofía llegan cotidianamente a consulta.

Mientras, los adultos de su entorno -padres, maestros, pediatras, etcétera- están preocupados por saber si padecen de alguna "deficiencia" cognitiva o algún "trastorno mental". Pocos pueden escuchar que lo que muchas veces estos niños están pidiendo a los gritos es que "quieren jugar...o...que alguien les lea un cuento".

Ante problemas como los que pone de manifiesto Sofi, resulta válido preguntarse entonces: ¿A qué "deficiencias" están aludiendo estos niños con sus dificultades de "rendimiento" escolar? ¿Qué es lo que realmente está "trastornado" en sus vidas? ¿De quién es el problema?

Interrogantes.Mientras muchos chicos parecen hoy no reunir las "competencias" requeridas por una sociedad altamente competitiva que "les exige" desde muy temprana edad "ponerse las pilas para andar a mil", como dice Juan Vasen (psiquiatra), y ante estas circunstancias, resulta oportuno que nos preguntemos: ¿Qué concepciones de infancia subyacen a las "expectativas de muchos adultos", de manera particular en determinados sectores de la población de medios y altos recursos?

Historias como las de Sofi y tantos otros niños y niñas, nos invitan a pensar si -a pesar de todos los avances habidos, provenientes de distintas áreas del conocimiento científico abocado a las infancias- aún se preservan ciertas ideas acerca de "los niños" entendidos como "adultos en miniatura". Claro está que -en determinadas condiciones y circunstancias- las mismas aparecen "invisibilizadas" detrás de discursos supuestamente progres, que insisten en pretender naturalizar determinadas prácticas de crianza y de educación que por su "propio bien" se olvidan que en la Convención Internacional de los Derechos de los Niños figuran, entre otros, el derecho a ser escuchados y el derecho a jugar. Al respecto, no podemos olvidarnos que es el juego la actividad que por excelencia define la infancia; pero el "juego en serio", ese que juegan libre y espontáneamente los niños y las niñas cuando les abren las puertas para ir a jugar.

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