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Martes 10 de Diciembre de 2013

El riesgo de jugar con fuego

A nadie escapa que un efectivo policial, como cualquier otro trabajador estatal, no puede seguir ganando lo que viene cobrando en un contexto que acumula años de inflación velada.

A nadie escapa que un efectivo policial, como cualquier otro trabajador estatal, no puede seguir ganando lo que viene cobrando en un contexto que acumula años de inflación velada. Sobre todo si debe enfrentar una problemática que alarma a la mayoría de los argentinos: la inseguridad.

Los policías están convencidos de que es el momento de ir por más. Y lo hacen, aunque con metodologías que los distancia de otros actores con idéntica necesidad (una mejora salarial): lucen armas de fuego en la protesta, complican los patrullajes, interfieren radios de los móviles, intimidan a un gobernador vía mensaje de texto o a periodistas a través de las redes sociales y hasta atentan contra la infraestructura de la Jefatura de la Unidad Regional II.

También es cierto que no alcanza el avance en materia de política salarial para la policía que le supo imprimir la Casa Gris y que, frente un reclamo inorgánico, costó hallar un interlocutor válido entre los uniformados.

La encrucijada es emular la mejora lograda por policías de otras provincias, como Córdoba. Por las sumas a abonar y por la reacción del resto del arco de empleados estatales (ya testeada en esa provincia).

Tras los intentos de saqueos en Rosario y la crisis cordobesa, provincia y Nación reaccionaron con premura para no repetir errores. Una postal de 30 años de democracia que refleja a sectores sociales surcados por severos déficit y algunos protagonistas dispuestos a jugar con fuego.

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