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Lunes 06 de Junio de 2011

El riesgo autoritario

Una competencia electoral entre dos figuras de bagaje autoritario es lo que se vio ayer en el Perú. Si este dato se contrasta con el alto crecimiento durante los últimos diez años, resulta evidente que algo no cuadra, no "cierra" en el caso peruano. Por regla general, los radicalizados triunfan cuando hay un gran descontento social en un contexto de una profunda crisis económica. No es el caso del Perú. Surgen dos explicaciones posibles y combinables: mucho crecimiento pero muy mal distribuido (social y geográficamente) y particularidades culturales de la sociedad peruana, con franjas de su población que descreen de los valores democráticos. Lima metropolitana, donde concentra históricamente su fortaleza el fujimorismo, sirve para ilustrar el segundo problema. Allí surgió un capitalismo popular muy dinámico, que progresa al calor del clima económico general. Este sector recuerda con nostalgia la mano dura fujimorista. Pero ayer Keiko no sacó ventaja suficiente en Lima y Callao. El firme voto antifujimorista de las clases medias urbanas parece la causa. La mala distribución geográfica de la riqueza es la mejor explicación para el 31 por ciento del voto de Humala en la primera vuelta, el humalismo puro. Ese voto viene de la pobreza rural, donde no hay signo alguno de modernidad. La rebelión aymara en Puno es un buen ejemplo: la radicalización de un campesinado que carece de instrumentos para integrarse a una economía dinámica y abierta. En Ayacucho y Arequipa, en Amazonas y Loreto, Humala logró resultados plebiscitarios. Estos electores del Perú más alejado del éxito económico conforman las bases de Humala, no sus nuevos votantes urbanos del ballottage que lo eligieron como mal menor. Y Humala, ante eventuales problemas (como una caída de la actividad económica) y hostigado por el miope establishment peruano, se podría replegar sobre esas bases.

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