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Domingo 10 de Abril de 2011

El refinado voto rosarino

A medida que el cronograma electoral acorta sus tiempos crece la necesidad de los candidatos santafesinos por encontrar un trébol de cuatro hojas, una nave insignia, un tema convocante y seductor que los acerque, al menos con un poco de intensidad, a la gran masa de votantes. Hasta ahora ese imán está vacante.

En Rosario se preanuncia una ardua disputa por la Intendencia tras más de 20 años de gobiernos socialistas (con los pro y los contra que ello acarrea) y la interna del Frente Progresista asoma como una especie de todo o nada. Las circunstancias del sistema electoral santafesino ponen a la socialista Mónica Fein y al radical Jorge Boasso en un mismo vector político, pero poco y nada tienen entre sí, al menos por el belicoso clima que se genera en derredor de los dos postulantes.

Fein descalificó a Boasso el lunes en un programa político de la ciudad al tildarlo de “demagogo” y de denunciar que en una campaña anterior torpedeó publicitariamente al Frente Progresista. Sabe la candidata de la unidad socialista que la parada electoral del 22 de mayo define muchas más cosas que una disputa entre facciones: se sabrá a la medianoche de ese domingo si el socialismo tendrá chances de seguir gobernando Rosario o si habrá llegado inexorablemente el tiempo del recambio de signo político.

El peso de Lifschitz. El actual intendente, Miguel Lifschitz, es el que carga el mayor peso sobre su espalda a la hora de darle continuidad al Partido Socialista en la ciudad más importante de la provincia, ícono de todo lo que los socialistas han mostrado como vidriera. Para que la nave llegue a destino, el jefe del Palacio de los Leones necesita el milagro de unificar a toda la tropa partidaria, hoy serpenteada por un ineluctable estado de guerra.

Lifschitz trata de hacer equilibrio entre las huestes de Hermes Binner, cuya cabeza visible es Antonio Bonfatti, y el sector de Rubén Giustiniani. Sin esa amalgama, el socialismo correrá severísimos riesgos de caer derrotado ante el adrenalínico Boasso, dueño hoy de un estilo de campaña mucho menos agresivo que en otras oportunidades.

En el campamento binnerista siguen los pasos de Lifschitz a sol y sombra. Cada vez que el intendente aparece retratado en una instantánea con Giustiniani las llamaradas de recelo dialéctico parecen quemar los despachos de la Gobernación. Por eso, Fein siente la obligación de confirmar públicamente su adhesión a la candidatura de Bonfatti cada vez que es entrevistada por los medios.

Pese a la hoguera en que se ha transformado la interna socialista a la Gobernación, unos y otros saben de memoria que perder Rosario sería un acto suicida que mandaría al socialismo a poner el reloj en cuenta regresiva.

La hora de Boasso. El radical Boasso lleva adelante una campaña original, vistosa y atractiva. Al igual que para los socialistas, su tiempo es ahora o nunca, tras un largo derrotero en el Concejo y numerosas campañas políticas como antecedente, el edil no tiene la menor intención de nacionalizar la campaña en momentos en que la Unión Cívica Radical vive tiempos de renunciamientos y confusión.

El peronismo rosarino. Por el lado del justicialismo rosarino, Héctor Cavallero también tendrá el 22 de mayo una de sus últimas chances de aspirar a regresar a la Intendencia, esta vez como candidato kirchnerista, aprovechando el buen momento que vive el gobierno nacional en Rosario tras las sucesivas tormentas que alejó a la mayoría de los habitantes de la ciudad de todo lo que huela a K. El postulante del PPS apuesta a mantener en las internas su buena inserción barrial.

Diego Giuliano es una de las pocas caras nuevas que ofrece la política rosarina. El abogado constitucionalista fue el que más sintió el aquelarre en que se transformó el Partido Justicialista en el cierre de las nóminas pero, a su favor, cuenta con una buena imagen en sectores donde nunca antes había podido penetrar el PJ. La disputa Cavallero-Giuliano blanqueará el nombre del candidato del PJ para competir con Boasso o Fein. Entre esos cuatro nombres estará el próximo intendente.

Suma y resta. En el universo peronista también aparece el prestigioso cardiólogo José Luis Imhoff, quien intentará convertirse en sorpresa. Los votos a Imhoff podrían definir el ganador de la interna (Cavallero o Giuliano) si es que no hay una amplia diferencia de votos entre los dos primeros. En la UCR, además de Boasso, compite el psiquiatra Gonzalo del Cerro. Cuantos más sufragios reciba, más feliz estará Fein.

En este mapa rosarino deberá tenerse muy en cuenta la novedosa aparición de la boleta única, algo que debería extremar las precauciones de los candidatos a todos los cargos. Desaparece del firmamento la tracción natural hacia arriba o abajo de candidatos a intendente o concejal.

Efecto boleta única. El nuevo instrumento hace de carácter obligatorio en los hechos el corte de boleta, por lo que el voto al postulante a intendente no arrastra a los candidatos a ocupar una banca en el Palacio Vasallo. También la aparición de la boleta única mantiene las expectativas de otros candidatos, tales los casos de Arturo Araujo o Jorge Galíndez, entre otros.

El más perjudicado en las primarias a la hora de la sumatoria es el PRO, que lleva como postulante al empresario deportivo Ricardo Schlieper. En el partido de Mauricio Macri no existirá competencia alguna el 22 de mayo y, obviamente, resultará mucho más atractivo para los rosarinos poder participar en una compulsa donde sí se definan cuestiones de poder.

Las cartas están sobre la mesa, pero hay que saber jugarlas.

No es un dato menor cuando está en juego la Intendencia.
 

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