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Miércoles 19 de Diciembre de 2007

El ratón Pérez no existe

Desde que, a fines de los 90, la crisis económica apretó el acelerador en la Argentina, descubrí que los dientes son quizá el indicador más inmediato, y sobre todo más ostensible, de la caída en la pobreza. Tan sensible en el corto plazo como las variaciones de talla y peso entre los chicos (unos de los índices con que se delata la desnutrición infantil), la pérdida de piezas dentales a partir de la adolescencia se me empezó a mostrar con crudeza como señal inequívoca de lo que se tiene y lo que no...

Desde que, a fines de los 90, la crisis económica apretó el acelerador en la Argentina, descubrí que los dientes son quizá el indicador más inmediato, y sobre todo más ostensible, de la caída en la pobreza. Tan sensible en el corto plazo como las variaciones de talla y peso entre los chicos (unos de los índices con que se delata la desnutrición infantil), la pérdida de piezas dentales a partir de la adolescencia se me empezó a mostrar con crudeza como señal inequívoca de lo que se tiene y lo que no.
   En ese hueco que va dejando cada diente perdido, en esas bocas cada vez más descarnadas (incluso entre los muy jóvenes) se puede leer todo lo demás que se perdió. Como si la vejez llegara antes. Como si no hubiera un tiempo intermedio entre la infancia y esa vejez en la que sí aceptamos, y hasta con ternura, las bocas apretadas.
   Es obvio que prótesis dentales e implantes son piezas que no cubren la mayoría de las obras sociales ni, mucho menos, la salud pública. Así, no hará falta esperar a que un arqueólogo del futuro exhume nuestros "enterratorios" y descubra las marcas que la desigualdad imprime en nuestros cuerpos.
   Las podemos ver hoy: sin anestesia, irreverentes, en el límite de lo mirable, en esas bocas trémulas, cada vez más vacías. Del otro lado, labios, pómulos, párpados, glúteos, pechos, cada vez más llenos. Y lo peor es que estamos ya tan acostumbrados a verlos que su carácter, inequívocamente social, parece diluirse. Como si tener dientes, o no, no fuera efecto de la injusticia, de la miseria, del deterioro de la salud, sino producto de una inocente naturaleza.

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