El Mundo
Martes 05 de Julio de 2016

El PSOE y su líder enfrentan una encrucijada

Pedro Sánchez y la cúpula socialista están en la disyuntiva de forzar nuevas elecciones o permitir la formación de un gobierno de Rajoy.

Pedro Sánchez mostró la noche electoral del 26 de junio señales de emoción y alivio. El Partido Socialista (PSOE) había evitado lo que las encuestas daban por seguro: quedar por primera vez en 40 años relegado a la tercera posición en España. "Este es el gran Partido Socialista, el partido de referencia para la izquierda", proclamó esa noche.

   Pasada la exaltación inicial que procuró a los socialistas resistir al embate de Podemos, que aspiraba a remplazarlos como primera fuerza de la izquierda, ahora el PSOE vive un drama. Nunca antes en cuatro décadas el partido ha estado tan mal. Y ante él tiene una encrucijada en la que el camino que tome puede hundirlo aún más.

   Tras haber obtenido el peor resultado de su historia el 26 de junio, debe decidir si permite que el conservador Mariano Rajoy siga gobernando o no. La segunda de las opciones significaría mandar al país a otros comicios, que serían los terceros en un año.

   Los 85 diputados que logró el día 26 son el peor resultado de un PSOE en caída libre desde el último gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero (2008-2011). Perdió cinco diputados respecto a las elecciones del pasado diciembre, y en aquellas había perdido ya 20 frente a las de 2011.


De 169 a 85. Los diputados que están a punto de tomar posesión de sus actas ahora son la mitad de los que lo hicieron tras los últimos comicios que ganó Zapatero (169). En ocho años han quedado por el camino más de cinco millones y medio de votos.

   Más allá de haber evitado ser superados por Podemos, los socialistas no tienen nada que celebrar. Y su posición de llave para Rajoy los pone en una situación de mayor riesgo. Tanto permitir al Partido Popular (PP) que siga gobernando como impedirlo, mandando a los ciudadanos hastiados a una nueva cita electoral tras haber pasado ya por la primera repetición de elecciones en la historia reciente de España, les pasará factura en forma de abandono de más votantes. No hay opción que resulte buena.

   Pedro Sánchez, que ha estado desaparecido desde la misma noche electoral, arranca hoy un ronda de contactos con los líderes regionales del PSOE, de cara a la cita clave del próximo sábado. Ese día se reunirá el comité federal de la formación en el cuartel general de Madrid para decidir el camino a tomar.

Líder golpeado. La situación en la que se encuentra Sánchez, de 44 años, es más que difícil, porque a la crisis en su partido se une la de su propio liderazgo. No ha dejado de estar cuestionado desde que hace ahora justo dos años asumió las riendas de un partido sumido en la crisis de identidad de la socialdemocracia europea. Parece cuestión de tiempo que la presidenta del gobierno regional de Andalucía, Susana Díaz, presente su candidatura para desbancarlo.

   Sólo llegar a La Moncloa le habría dado a Sánchez la tranquilidad que no ha logrado desde aquel lejano julio de 2014. Pero intentó ser investido en marzo sobre el acuerdo que cerró con el partido liberal Ciudadanos y fue vetado por Podemos. "Espero que Pablo Iglesias reflexione, porque él pudo poner fin al gobierno de Mariano Rajoy y no quiso", le reprochó Sánchez la noche electoral al jefe máximo de Podemos.

   La presión sobre el PSOE y su líder crece mientras tanto a diario. "No se puede permitir que se repitan las elecciones porque sería un disparate de extraordinarias proporciones", urgió ayer Rajoy.

   Tras las elecciones de diciembre ya le ofreció que sus partidos formaran una gran coalición de gobierno, según el modelo que rige en Alemania, y ha insistido en que esa opción es su preferencia tras los comicios del 26 de junio, en los que Rajoy y el PP salieron fortalecidos. La respuesta de los socialistas es siempre no, aunque miembros históricos del partido y algún dirigentes regionales se han manifestado públicamente a favor de dejar gobernar a Rajoy, que no solo ganó los comicios, sino que también salió reforzado por un aumento de escaños y votos respecto de diciembre.

   Medios de prensa españoles han especulado con la posibilidad de que el PSOE "ceda" el número necesario de diputados para que se abstengan en la investidura del líder conservador, mientras el resto vota en contra. "Es un partido de Estado y de una socialdemocracia moderada", cortejó a la formación socialista el portavoz del PP, Pablo Casado.

Sara Barderas / DPA

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