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Jueves 28 de Julio de 2011

El problema real sepultado bajo el enojo

Es tan estremecedor el asesinato de Leandro Zini que el impacto por el hecho arrastra todo lo demás. Pero esa correntada no debe sepultar cuestiones que tienen fundamento jurídico y que apuntan a una mejor vida comunitaria.

Es tan estremecedor el asesinato de Leandro Zini que el impacto por el hecho arrastra todo lo demás. Pero esa correntada no debe sepultar cuestiones que tienen fundamento jurídico y que apuntan a una mejor vida comunitaria. El trabajo periodístico no puede dejar ganarse por la emoción y reproducir la bronca sin matices como verdades científicas. Más fructífero que repetir estereotipos de rabia es averiguar qué cosas están mal y separarlas de aquellas que tienen su explicación y su sentido de ser.

Fue un alivio general que la familia de Jonathan, el chico de 15 años que admitió la agresión fatal contra Leandro Zini, haya facilitado su entrega. Tanto como fue lamentable que anteayer se hubiera escapado del Hoprome. Pudo ser un buen recaudo, para cumplir con la ley, haberlo transferido a un instituto fuera de Rosario, para que no resultara tan factible su posible retorno al ámbito caldeado donde vive y donde se produjo el homicidio. Eso habría sido un peligroso escenario para los demás y para él mismo. Pero es la ley argentina la que impide encerrarlo.

Hay cosas que un vecino enojado puede decir. Un periodista no. Ayer muchos medios trataron de asesino a este adolescente cuando no existe certeza jurídica de que lo sea. Señalar eso no es un acto paternalista: la ley prohibe encerrar a una persona inimputable. Y a tres días del hecho tampoco puede saberse si este chico es, en efecto, el autor del crimen. Se dirá que lo confesó judicialmente. Pero la declaración en sede judicial de un inimputable no tiene ningún valor para una sanción penal porque no se lo puede perseguir. Por otra parte: ¿y si confesó para proteger a alguien que sí es imputable?

Todos los Estados trazan un límite a partir del cual sus jóvenes son punibles por delitos. Ese límite es una convención de política criminal. No es algo natural sino pautado por la sociedad, que cristaliza en una ley. En algunos países es 14 años. En otros, como Argentina, 16. Tiene que ver con lo que se considera el desarrollo cultural y madurativo de un joven en su contexto para responder con una sanción a una infracción. Sin embargo para protegerlo puede ser necesario mantenerlo transitoriamente resguardado bajo custodia. Eso sería forzar la ley. Pero dejarlo libre podría tener riesgos más altos.

"Tendría que haber sistemas de intervención estatal, como se lo hace en la protección de testigos, para resguardar a chicos en riesgo. Uno de los problemas más grandes que hay en la provincia es el alojamiento de chicos en conflicto con la ley. Un chico inimputable implicado en un homicidio necesita una protección especial. Lugares como el Hoprome, donde estaba Jonathan, son depósitos de personas: piso, techo y comida, pero ninguna estructura técnica que pueda trabajar situaciones graves", dice Gustavo Lorenzo, especialista en cuestiones de Minoridad de la Defensoría del Pueblo.

Para recuperar a una persona de 15 años que comete un hecho grave se considera que lo menos conveniente, para sí misma y para la sociedad, es el encierro. El encierro a menudo desarrolla en quien lo vive mayores habilidades delictivas que más tarde impactarán en la comunidad. Para los expertos lo mejor es un tratamiento con especialistas en salud, psicología y trabajo social que ayuden a esa persona en desarrollo a inscribir el daño que produjo, hacerse responsable de eso y poder cambiar. Cuando eso se logra la reincidencia es muy baja.

"Se puede considerar la privación de libertad como algo momentáneo, pero bajo una estrategia donde debe planificarrse la cuestión del cómo y el para qué: el encierro como un fin en si mismo es una ilusoria solución del problema", señala Lorenzo.

Los chicos implicados en ilícitos graves que logran recuperarse no son pocos. Y con el puro encierro jamás se reencauzarían. Otra cuestión significativa: contra lo que se asume como cierto, los menores de 16 años señalados como autores de crímenes son un número mínimo. De 96 homicidios en lo que va del año en Rosario este, si se prueba que fue Jonathan, sería el único caso.

Lo que nunca es fácil de registrar, porque la perspectiva de penalizarlos aparece como la más tranquilizadora, es que la mayoría de chicos que produce delitos graves proviene de marginalidad material o de una clara situación de abandono o desamparo, aun cuando tengan familia. En tanto esa carencia estructural no se enfoque de modo sistemático, la causa que gesta la violencia juvenil estará lejos de ser atenuada. Mucho menos que lo que hizo, la condición social del chico es lo que se acabará castigando.

De 96 homicidios en Rosario en 2011 sólo en uno hay un menor inimputable como supuesto autor".

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