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Viernes 01 de Julio de 2011

"El principal problema en Chile es la privatización de la educación"

El educador chileno Marcel Claude analiza el reclamo que gana las calles pidiendo gratuidad educativa

“No es entendible que Chile prefiera gastar 3,6 % del PIB en gastos militares y solo un 0,3 % en educación superior. Políticamente, los militares pesan más que los estudiantes y sus familias”. La contundente definición es del profesor chileno Marcel Claude, economista y catedrático de la Universidad de Chile. Los datos y análisis que aporta sirven para entender un poco más los reclamos estudiantiles y de los docentes chilenos en materia educativa, y que por estos días se expresan en las calles de las principales ciudades del país trasandino.

“El mayor problema de la educación chilena es la privatización” de este derecho. Con la idea coinciden los educadores y principalmente las nuevas generaciones que ven limitadas sus posibilidades de estudio. Todo en el marco de situaciones tan insólitas como la que denuncian los movimientos estudiantiles: que el ministro de Educación chileno, Joaquín Lavín, sea propietario de una universidad privada (la del Desarrollo).

La mirada de Claude sirve además para desmitificar el discurso más que escuchado en este lado de la cordillera que habla del “milagro educativo chileno”, aferrándose a mostrar los resultados estandarizados como el de las famosas pruebas Pisa que impulsa la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), y que suelen ubicar en mejor lugar del ranking de notas a los chicos chilenos que a los argentinos.

Y algo más: el catedrático se anima a una hipótesis que muestra rasgos preocupantes de la educación de su Nación: “La enorme desigualdad que hoy exhibe Chile no sólo no se ha reducido gracias al sistema educacional, sino que éste ha contribuido a su incremento”.

—¿Cómo es la situación actual de la educación pública chilena?

—El principal problema es la privatización de la educación. Hoy menos del 50 % de la población estudiantil está en establecimientos públicos, lo que significa que una parte sustantiva del esfuerzo educacional recae en la familia. Chile es, en comparación con la región latinoamericana y los países de la Ocde (los más desarrollados y en donde Chile está incorporado), el país con mayor matrícula en centros de formación privados. Esto ha llevado a deteriorar severamente la calidad de la educación, en particular la educación pública que contiene en su mayoría a sectores muy vulnerables y a los que no se les puede ofrecer una educación de calidad. Por otra parte, hoy el sistema educacional no constituye un instrumento eficaz para eliminar o aminorar las desigualdades de cuna; muy por el contrario, las incrementa al ofrecer a los más desfavorecidos educación de baja calidad y a los más acomodados educación de calidad. Es más, podríamos hoy señalar que una hipótesis plausible es que la enorme desigualdad que hoy exhibe Chile, no sólo no se ha reducido gracias al sistema educacional, sino que éste ha contribuido a su incremento. Además, el sistema educacional chileno es uno de los más caros del mundo. Por ejemplo, el gasto en educación superior en Chile es aproximadamente un 72% del ingreso per cápita, mientras que en la Ocde llega al 44%. Esto tiene como consecuencia un sobreendeudamiento de la población estudiantil. Lo anterior porque cerca de un 70% de las familias—dados sus niveles de ingreso— no puede pagar la educación.

—En su visión, ¿cuáles cree que son las soluciones para estos problemas?

—A mi entender el problema de la educación en Chile no es de limitación de recursos, sino más bien de su asignación. En los años setenta, Chile gastaba, con la mitad de la población estudiantil actual, el 7,3% del PIB. Hoy es un 4%, en donde el Estado pone sólo un 3,3%. Hoy Chile —en comparación a los años sesenta— es siete veces más rico y exporta 80 veces más cobre, cuyos excedentes se usaron para hacer frente a la generación de bienes públicos como la educación y sólo hemos duplicado la población estudiantil. Entonces, se podría perfectamente invertir en la creación de un sistema público de educación de alta calidad y accesible a todos.

—¿Por qué no se toma esa medida?

—Esto no se hace debido a que existe una enorme asimetría de poder en la sociedad chilena, en donde los poderes fácticos —léase el capital nacional y trasnacional, las 5 familias más influyentes de Chile— tienen un poder sin contrapeso. El Estado chileno orienta sus funciones al servicio del interés privado y subordina el público. La democracia es sólo formal y la consecuencia de esto es que las decisiones de política pública terminan en una solución que es patológicamente peligrosa. No es entendible que Chile prefiera gastar 3,6% del PIB en gastos militares y solo un 0,3% en educación superior. Políticamente, los militares pesan más que los estudiantes y sus familias. No es entendible que Chile se permita que año a año las empresas multinacionales que explotan el cobre en un 73% se lleven 30 mil millones de dólares anuales en utilidades, mientras las necesidades de educación están en tono a los 7 mil millones de dólares. No se entiende que sólo una familia chilena, los Luksic, incrementen su capital en 8 mil millones de dólares y una familia chilena no pueda acceder, con los recursos del cobre, a 20 mil dólares que cuesta la educación superior de 5 años. Hay que corregir la asignación de la riqueza en Chile y eso es una cuestión política que involucra a todos los chilenos.

—¿Cómo evalúa la respuesta, la posición del gobierno?

—La posición del gobierno es entendible: representan a los intereses de los grandes grupos multinacionales y los conglomerados económicos chilenos. No están habilitados para hacer transformaciones profundas.

—¿Y del movimiento estudiantil?

—El movimiento estudiantil me parece que obedece a un despertar de la conciencia política del país, lo que es muy bueno, alentador y esperanzador. Alimenta la esperanza de un cambio profundo y trascendente en la sociedad chilena.

—¿Cuál es la convocatoria para los ciudadanos en general ante esta realidad?

—El llamado es a organizarse, pasar del descontento al proceso, de la indignación a la acción política eficaz. Se hace urgente una articulación de fuerzas vivas (estudiantes, trabajadores, empleados fiscales, ecologistas, etcétera) en torno a puntos críticos que es necesario cambiar: reforma universitaria, reforma de la salud, del sistema previsional, fin de las Isapres (instituciones privadas que prestan servicios de salud) y de las AFP (sistema previsional), renacionalización del cobre, nueva constitución, fin del sistema binominal. Estos son los escollos que hoy tenemos para imaginar y construir un nuevo Chile.

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