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Martes 27 de Octubre de 2009

El precio de la civilización

La mayoría de los políticos e incluso muchos periodistas ceden a la tentación de la demagogia al realizar planteos contradictorios que se autoeliminan, como cuando afirman que no hay que subir los impuestos y a la vez prometen o exigen que se aumenten las jubilaciones y las ayudas sociales, se mejore el servicio de salud pública, se eleve la calidad de la educación, se realicen obras de infraestructura y se refuerce la seguridad poniendo más policías y móviles en las calles. Nada es gratis, todo tiene un costo, el tema es qué Estado queremos y quién lo paga. De eso se trata...  

La mayoría de los políticos e incluso muchos periodistas ceden a la tentación de la demagogia al realizar planteos contradictorios que se autoeliminan, como cuando afirman que no hay que subir los impuestos y a la vez prometen o exigen que se aumenten las jubilaciones y las ayudas sociales, se mejore el servicio de salud pública, se eleve la calidad de la educación, se realicen obras de infraestructura y se refuerce la seguridad poniendo más policías y móviles en las calles. Nada es gratis, todo tiene un costo, el tema es qué Estado queremos y quién lo paga. De eso se trata.

Las desigualdades sociales deberían paliarse a través del sistema tributario. Quienes más tienen, más deberían pagar, pero no es precisamente lo que ocurre ni en el país ni en nuestra provincia.

La propuesta de reforma tributaria que realizó el gobernador Binner, rechazada el año pasado en la Legislatura por el PJ y que ahora el oficialismo vuelve a plantear, es una buena oportunidad para establecer un esquema fiscal más justo. Y además es la manera de darle al Estado los recursos necesarios para aumentar la calidad de vida de todos, absolutamente de todos los santafesinos.

Por eso parece oportunista la posición del justicialismo de negarse a tratar esta reforma. Si el justicialismo dice que hay que mantener el actual esquema impositivo y a la vez habla de incrementar derechos y calidad de vida, lo que implica más dinero, hay una contradicción flagrante. Otro tema sería si plantea que el Estado provincial ya tiene los fondos suficientes para mejorar la educación, salud y seguridad, pero este gobierno los despilfarra en burocracia y clientelismo político. Así y todo, no debería negarse al debate legislativo para hacer más progresivo el esquema impositivo en la provincia y para mejorar el sistema de control del gasto público.

Es indudable que la mayoría de los argentinos y santafesinos pagamos desde la década del 90 más impuestos que nunca, pero ¿quiénes son grosso modo los que proporcionalmente más pagan? Las familias, sin distinción entre pobres y ricos, a través de sus consumos de productos y servicios (IVA); y los trabajadores en blanco a través de sus ingresos (impuesto a las ganancias). Así, el sistema impositivo es inequitativo y regresivo: los sectores sociales que más pagan impuestos no son necesariamente los que más capacidad económica tienen.

Y en nuestra provincia la situación es un calco. Veamos unos ejemplos: el impuesto inmobiliario rural se paga desde 1992 a razón de 2.000 pesos la hectárea, cuando hay campos en Santa Fe que se venden a 15.000 o 18.000 dólares la hectárea (el impuesto inmobiliario rural recauda por año en la provincia sólo 40 millones de pesos). Con Ingresos Brutos pasa otro tanto: la industria, la construcción y el campo fueron eximidos en los 90 del pago de este tributo. ¿Eso es justo? Seguramente habrá que analizar sector por sector la capacidad contributiva de cada uno, pero desde ya que actual esquema impositivo se debe revisar más tarde o más temprano.

Sería óptimo que los partidos mayoritarios puedan abordar el sistema impositivo como una cuestión de Estado para que no se convierta en un campo fértil del oportunismo político. Sería óptimo que la sociedad pueda llegar a un amplio consenso para establecer un esquema de impuestos más justo, equitativo y solidario que pueda revertir la obscenas desigualdades de nuestro país. Desde ya que nadie va a estar conforme con pagar más impuestos. Pero, como dijo el político norteamericano Robert Wagner, "los impuestos son el precio de la civilización. En la selva no existen".

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