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Lunes 07 de Diciembre de 2015

El populismo ante el "escándalo" de la alternancia

Los populismos sudamericanos afrontan por estos días una situación que jamás imaginaron: la derrota electoral y su consecuencia, la alternancia, o sea, su salida del poder como si fueran normales gobiernos de una normal democracia.

Los populismos sudamericanos afrontan por estos días una situación que jamás imaginaron: la derrota electoral y su consecuencia, la alternancia, o sea, su salida del poder como si fueran normales gobiernos de una normal democracia.De ahí las pintorescas rabietas de Cristina Kirchner en sus últimos días en el poder. Pero no toleran incluso menos que eso, como es la mera entrega del Legislativo a sus adversarios, tal como se veía anoche en Venezuela. Por eso las violentas amenazas de Nicolás Maduro y la demora insólita en entregar resultados.

    Chávez logró instalar un clásico régimen populista. Pero cometió el “error” de enfermarse y morir. Y el régimen populista no funciona sin la figura carismática en su vértice. En su apresurado mutis por el foro, Chávez designó único heredero a Nicolás Maduro. Resulta evidente que no fue una buena decisión. Es cierto: los caudillos sólo se rodean de figuras grises, que no les puedan hacer sombra. Pero Chávez disponía de otros hombres más capacitados. Evidentemente no les tenía confianza.

    Por este imprevisto que fue la muerte de Chávez en marzo de 2013 es que ayer se daba, según todos los indicios previos, una victoria opositora en las elecciones parlamentarias. Por esta ausencia del líder carismático. Pero también porque la economía venezolana colapsa, no soporta más la carga que le impone el modelo chavista (leer arriba). Culpar a la caída del precio del petróleo de esta calamidad es de un simplismo inadmisible. La caída del precio del petróleo se da a partir de mediados de 2014, cuando en Venezuela el proceso de degradación económica ya estaba muy avanzado. Además, el precio del petróleo, como el del resto de commodities, no es malo si se lo compara con la serie histórica. Cuando Chávez triunfa en las presidenciales de 1998 el barril de crudo venezolano valía apenas 9 dólares.

   Pero hoy, ni aún con Chávez en plena forma el modelo populista venezolano eludiría la crisis. Por esto, ante unas elecciones meramente parlamentarias, Maduro, Cabello y el resto de la cúpula chavista no dudan en amenazar con sacar los militares a las calles, en “hacer lo que sea”, como ha repetido el presidente venezolano en sus cadenas nacionales. Habría que preguntarle para qué convoca a unas elecciones que, como tales, implican la posibilidad de ser derrotado. Claro que la razón es simple: el chavismo sobreentendió toda la vida que nunca habría alternancia ni división real de poderes, que estas eran meras posibilidades “formales”. Y durante 17 años fue así, pero ahora ha dejado de serlo y el chavismo se quita la máscara.

   El brusco giro de la OEA bajo el mando del uruguayo Luis Almagro es una clara señal de que ya no se tolerarán como antes las violencias y abusos represivos del chavismo. La cobertura e impunidad de que gozó Chávez de parte de toda la región parece haber terminado. El viraje de último momento hacia la moderación dado ayer por Maduro bien pudo ser resultado de un ultimátum telefónico de Brasilia, que ya había anticipado que no participaba de la misión de la Unasur por falta de condiciones mínimas.

   En Argentina, el kirchnerimo finalmente debe irse. Queda claro por estos días que fue un populismo inacabado: nunca pudo cerrar la puerta al “peligro” de la alternancia. Esta siempre lo amenazó; ahora se hizo realidad. Esta falla de “diseño” es un escándalo imperdonable para el modelo populista. Algo de esto señalaba en sus visitas el fallecido Ernesto Laclau. La bronca mayúscula de Cristina por tener que entregar el poder es mucho más que un rasgo de carácter de la mandataria; es un síntoma de un gobierno que siempre aspiró a ser régimen, pero que comprueba que ese plan no terminó de cuajar. Este dato de la realidad no impide que el kirchnerismo duro no asimile la alternancia, que le repugna por naturaleza.

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