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Domingo 06 de Noviembre de 2016

El pintor de la guerra, según pasan los años

María Luque es ilustradora y acaba de publicar La mano del pintor, una novela gráfica que cruza la vida de Cándido López con su propia historia familiar. Su tatarabuelo fue el médico que atendió al artista en la Guerra de la Triple Alianza.

No es muy difícil imaginar los ojos grandes de María Luque bien abiertos al escuchar una historia familiar en torno al pintor Cándido López, conocido como el pintor de la Guerra del Paraguay. Los ojos de María destacan al verla. Ella es dibujante, ilustradora, busca el arte a través de sus dibujos. Y debe haber mirado a su padre Alfredo más que asombrada, y un tanto aterrada, cuando le contó que su tatarabuelo, Teodosio, estuvo en esa guerra y fue quien tuvo que apuntarle la mano a Cándido. Esa historia siempre dio vueltas en su cabeza. Ahora, en unos días, presentará su primera novela gráfica: La mano del pintor, una suerte de biografía del artista, planteada como una aventura que ella coprotagoniza.

En el diálogo con Más, María aún relata con cierto asombro la historia que le transmitió su padre. Es que Teodosio Luque, su tatarabuelo, fue convocado a la Guerra del Paraguay (1865-1870) como estudiante avanzado de medicina. Por entonces no había muchos médicos en el país y ante la ferocidad de la contienda era necesario contar con una mayor dotación sanitaria. Hacia allá fue, entonces, Teodosio. Su batallón se llamaba San Nicolás, el mismo en el que estaba enrolado Cándido López (1840-1902) que se inició como daguerrotipista y luego eligió a la pintura como su herramienta de expresión. López, que nació en Baradero, recorrió con su trabajo el sur de la provincia de Santa Fe y se instaló en San Nicolás. Desde allí se sumó como teniente al batallón de infantería de San Nicolás.

No es erróneo imaginar el interés de Cándido por retratar la guerra. La pintura era clave para el registro de los hechos. Y hacia allá fue.

En la batalla de Curupaytí, cruenta, como tantas de esa guerra, López fue herido en su mano derecha. Y fue Teodosio quien lo atendió. La posibilidad de una gangrena, seguramente, ante la falta de medicamentos en la época y en la situación en que se encontraban, llevó a que se definiera la amputación de su mano. Cándido, el pintor de la guerra, perdió su mano derecha.

Ese cruce, trágico por donde se lo mire, es lo que alucinó a María Luque cuando escuchó la historia de voces familiares. Luego, ya eligiendo el dibujo como su forma de estar en el mundo, la historia tomó una dimensión particular.

Tras "el accidente", Cándido López regresó al país y se instaló en Buenos Aires. Durante un año entrenó su mano izquierda para poder pintar. Y lo logró. Vaya si lo logró, de los 90 bocetos que registró sobre la guerra logró pintar cerca de la mitad. ¿Y el resto?

El resto, y lo anterior, claro, es parte de la novela gráfica de María Luque.

El color de los bares

María nació en Rosario en 1983 y hace poco se instaló a vivir en Buenos Aires. Tomó la decisión luego de ir y venir unos cuantos miles de kilómetros entre una y otra ciudad. La oportunidad de cierta continuidad en su trabajo como ilustradora la llevó a mudarse.

Contar el cruce entre Cándido López, su tatarabuelo, la guerra y su pasión por el dibujo rondó su vida desde hace años. Es más, hace tres años se inscribió en una convocatoria para una residencia de artistas para conocer las locaciones de la guerra. Serían elegidos un artista por cada territorio que intervino en la trágica contienda, hoy Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. Pero no fue seleccionada.

"Lástima", pensó, ya que era para ella "la oportunidad". Sin embargo, luego pergeñó otra. Quizá sentada en el bar Homero de Rosario o en Varela Varelita de Buenos Aires llegó la idea de realizar una novela gráfica. María no tiene taller, dibuja en bares. Necesita ruido ambiente, gente hablando, movimiento.

Un año le llevó producir el trabajo, un libro de 190 páginas que se lee (¿se lee?) de un tirón para luego volver y detenerse en los dibujos, en los enganches entre las viñetas. Absolutamente contagiada del estilo Cándido López, Luque despliega escenas a modo de retrato de una historia que se inicia en un sorprendente encuentro entre ella y el propio Cándido, quien le pedirá que lo ayude a pintar lo que había quedado pendiente. Ahí empieza la aventura.

En diálogo con Más, María cuenta el detrás de escena del libro, editado por Sigilo, que presentará el viernes, a las 19, en la sala Miradas de Plataforma Lavardén, en el marco del Festival Furioso de Dibujo (ver aparte).

—¿Qué busca contar La mano del pintor?

—El libro es un poco una biografía de Cándido, un pintor que va a la Guerra del Paraguay, cuando la guerra estalla. En ese momento también se suma mi tatarabuelo Teodosio, que era estudiante avanzado de medicina. Estaban en el mismo batallón, el de San Nicolás, y en una batalla, la más terrible, que es la de Curupaytí, a Cándido le hieren la mano derecha. Para salvarle la vida no había otra posibilidad que la amputación. Y era la mano derecha, la que él usaba para pintar. Él que hace eso es mi tatarabuelo.


—Cándido hizo bocetos mientras estuvo en la guerra y después pintó igual sus famosos óleos, ¿cómo lo hizo?

—Después de la amputación, Cándido vuelve a Buenos Aires, entrenó su mano izquierda durante un año entero y de los 90 bocetos que había hecho para luego hacer las pinturas logró concretar algo más de la mitad y murió. En el libro, Cándido me quiere enseñar a pintar a mí para que yo termine su obra inconclusa.


—¿Y a vos la historia te llega a través de relatos familiares?

—Sí, mi papá me contaba siempre la historia de Teodosio, yo conocía la obra de Cándido, y cuando empecé a ver la proximidad que había entre ellos... aparecieron mis ganas de hacer algo con esa historia. Tenía muchas ganas de contarla pero no sabía cómo darle forma. Y cuando surgió la idea de presentarla como novela gráfica todo se fue acomodando.


—¿Y es verdad que abajo de tu cama había un retrato de Teodosio?

—Bueno, en el libro aparece de abajo de mi cama un retrato que Cándido pinta de Teodosio y ese es el disparador o la excusa para que Cándido se me aparezca.


—¿Y eso es ficción o realidad, Cándido pintó a Teodosio?

—Ja ja, yo quiero pensar que fue así, yo me lo creo (risas).


—¿Cuánto tiempo pasó entre que pensaste el libro y su publicación?

—Yo hice el libro en 2014, pero hacía tiempo que venía con la idea de contar esta historia. Entre 2012 y 2013 hubo una convocatoria para una residencia para un artista argentino, uno paraguayo, uno brasileño y uno uruguayo para recorrer los escenarios de la guerra, como para redimir un poco las heridas de la guerra que, ante lo atroz que fue, todavía están abiertas. Guerra terrible y de la que además nadie habla mucho. Yo me presenté a la convocatoria y estaba con una ilusión bárbara de que iba a quedar por la historia con Teodosio. Pero no quedé. Pensé que era el fin de la ilusión de hacer algo sobre la historia. Pero me quedó dando vuelta. Cuando apareció la posibilidad de darle forma de novela gráfica, empecé y terminé el libro en 2014.


—¿Y cómo fue el proceso de producción?

—Primero fueron varios meses de lectura e investigación, porque yo no sabía en detalle lo ocurrido, tenía la historia que me había contado mi papá. Después el dibujo se extendió durante seis meses, me puse como desafío hacer una página por día, arrancando en junio, cosa de llegar a fin de año con 180 páginas y eso me ayudó a tener un buen ritmo y a que no se dilatara tanto, porque a veces en estos proyectos tan grandes hay momentos que son medio desalentadores. Yo nunca había encarado un trabajo de esta dimensión, a veces era medio abrumador.


—¿También estudiaste la obra de Cándido, no sólo la parte histórica de la guerra?

—Sí, claro, algunas de las viñetas del libro están inspiradas en fragmentos de su obra, porque las obras de él son supernarrativas, tienen como pequeñas escenas donde, si bien no hay textos, uno puede imaginarse qué está pasando ahí. Observar esas escenas me ayudaron también a pensar el guión. Mientras estaba haciendo el libro todavía estaba viviendo en Rosario pero viajaba a Buenos Aires por períodos de uno o dos meses, e iba mucho a los museos y a la Biblioteca Nacional. Me ayudó también la biblioteca del Museo Julio Marc que tiene una suerte de diario de la Guerra del Paraguay, un libro de seis tomos que tiene cartas de soldados, testimonios de gente que fue a la guerra.


—Hay quienes ubican a Cándido López como un pintor naif, ¿vos coincidís con eso?

—La cuestión de las etiquetas es complicada. Viendo su obra a la distancia, no sé. Tiene esa cosa de la inmensidad del paisaje y los personajes tan pequeños, la descripción minuciosa de la vegetación y algo de eso lo vincula con esa escuela. Pero no sé, para mí él estaba bastante ensimismado en su trabajo, me parece que tenía una cuestión muy personal en su estilo. También fue particular su actitud sobre cómo abordar su obra, dedicarle su vida entera a una sola serie... no sé, fue como una tarea monumental, más allá del tema de su mano y todo eso.


—Hay una conexión entre ustedes en lo estético, eso de muchas escenas en una misma locación, pero eso ya se veía en tus trabajos anteriores al libro.

—Es que para mí fue siempre un referente, la obra de él siempre fue para mí algo a lo que recurría y miraba con atención, eso de las multitudes y tantas historias en una misma escena siempre fue algo que me interesó e intenté incorporar en mi trabajo.


—¿Con qué trabajaste los dibujos?

—Con lápiz, fibras, acuarelas y acrílicos. Es una mezcla porque me pasaba que como sabía que iba a ser un proyecto tan largo y en ese año hubo rollo con el tema de las importaciones, y me costaba conseguir algunos materiales, entonces tuve que ir viendo qué cosas me podían durar en el tiempo. Me pasó, por ejemplo, que había un color que usaba en un personaje principal que de golpe no lo podía encontrar más y tuve que recurrir a las redes sociales a pedir por favor si alguien lo tenía para que por favor me lo donara y así poder seguir.


—¿Hacías bocetos o te mandabas directamente?

—Por lo general, no hago bocetos, lo hago directamente. En todo caso, después puedo corregir, no me sale mucho planear el dibujo.


—¿Al libro libro lo financiaste con crowdfunding?

—Sí, tal cual va a salir por Sigilo pero lo financiamos a través de Ideame, porque es un libro grande y costoso para producir. Era la única manera de poder sacarlo. Y fue buenísimo, no sólo porque logramos el objetivo financiero y un poco más, sino porque te permite ver en detalle el interés de la gente por algo que todavía no existe físicamente. Llegamos al 121 por ciento. Me sorprendió el interés de lectores de otros países, Ecuador, Chile, Colombia, México.


—Y ahora que el libro ya está en la calle, ¿lo extrañás?

—Está bueno saber que el libro va a empezar a circular, porque estuvo mucho tiempo en mi cabeza. Me emociona.


—Capaz que Cándido va a la presentación...

—Ojalá, yo lo invité (risas).


La mano del pintor, de María Luque, se presentará en el marco del Festival Furioso de Dibujo, el viernes, a las 19, en Plataforma Lavardén.

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