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Lunes 14 de Diciembre de 2015

El peronismo sin el poder, la intemperie y el desafío de ser la oposición política

El kirchnerismo deberá interpretar el pulso de este momento histórico para hallar nuevas síntesis. La embestida del PRO-Peronismo.

Cuando se pierde el gobierno, todas las calles y avenidas principales cambian de mano. Lo que iba de norte a sur, ahora va de sur a norte. Así lo explican en el Frente para la Victoria (FpV). Muchos dirigentes y militantes intermedios del kirchnerismo trabajaron durante una larga década con un objetivo: fidelizar las políticas públicas, de arriba hacia abajo. Pero con la derrota de noviembre, de un día para el otro, esa tarea no existe más. No hay más políticas definidas para llevar “abajo”, no hay más presidenta para defender, no hay más recursos materiales para desplegar en el territorio.

La nueva “misión” de la enorme militancia que generó el espacio nacional y popular en la última década será tomar el pulso fino a todas las organizaciones libres, barriales, civiles y políticas. Interpretar ese pulso y llevarlo de abajo hacia arriba para nuevas síntesis, interpretar el nuevo momento histórico.

En el peronismo, luego de varias semanas duras, empiezan a tantear cómo seguir. Perder por 680 mil votos una elección donde fueron a votar 26 millones puede interpretarse como diferencia exigua o chica pero suficiente, según quién mida. Como sea, en el FpV ya asumieron que los casi 13 millones de votos que consiguió Mauricio Macri y los 12,3 millones propios, están expresando algo más que un malentendido electoral, donde el pueblo, presuntamente irresponsable, le da el gobierno a un señor, y a los 15 minutos se arrepiente. Hay un momento de derrota para el FpV, con mérito de un contrario poderoso, de escala planetaria, y con varios errores propios.

Entre tantas malas noticias, el acto despedida de Cristina Kirchner en la Plaza de Mayo condicionó al nuevo gobierno macrista, y ayudó a recobrar la autoestima en el universo kirchnerista. Junto a Daniel Scioli, la figura de la propia ex presidenta constituye un activo fundamental del FpV. También la fortaleza ideológica y movilizadora de los millones de personas que representa. Cristina puso entre 80 y 100 mil militantes y adherentes en la calle, horas antes de irse, y consiguió convertir un final en un nuevo punto de partida. Al otro día, el 10 de diciembre, en la misma plaza, el triunfante nuevo presidente vulgarizó con su bailecito el balcón donde hablaron Perón y Alfonsín, el balcón donde lloró Evita, y lo celebraron a Macri no más de 30 mil personas. El contraste no es menor.

Luego de zambullirse en el infierno tan temido, la derrota electoral y desalojo del gobierno, el peronismo ya empieza a trabajar para agudizar la escucha allí abajo, en el lugar donde el macrismo (y el massismo) lograron fracturar esa alianza que fue casi imbatible durante 70 años en la Argentina. ¿Qué pasó, cómo pasó y por qué? No habrá un regreso “natural” al poder si todos los actores del movimiento nacional no empiezan por hacerse esas preguntas, y luego encuentran las respuestas adecuadas.

“Autocrítica para nosotros es reflexión, y no autoflagelación, es escucharnos, cambiar métodos y sobre todo entender que fuera del gobierno todo cambia, no hay más verdades de acero”, definió uno de los tantos dirigentes lúcidos que ya trabaja para lo que viene.

De todos modos, los peligros que acechan al FpV no son pocos. Y lo que hoy está mal, mañana puede estar peor. Para que eso suceda, habrá una gran ofensiva de un sector de los ganadores, interesados en descuartizar cualquier herencia de cultura política kirchnerista en la sociedad argentina. Los métodos, se supone, serán más sofisticados que la brutalidad golpista pos 1955, que prohibía nombres y derribaba monumentos. El kirchnerismo opositor enfrentará una dificultad peor: la invisibilización mediática, ante la amplia mayoría de los medios privados, y también en los medios públicos. En ese sentido, ya mostró sus primeras cartas el nuevo gobierno: tiene en marcha un plan para aniquilar la ley de medios.

Pero el desafío mayor que tendrá el peronismo provendrá de sectores internos. Algunos dirigentes del PJ ya pusieron en marcha la operación “lavado y domesticado” de la rebeldía kirchnerista. El injustificado miedo escénico anticipado que sufrió Macri para el día de su asunción en el Congreso (temió que lo abucheen), lo llevó a actuar con torpeza y pedir la famosa cautelar que dejó a Federico Pinedo presidente por 12 horas, que de un modo patético una jueza le concedió (Servini de Cubría). Esa torpeza le facilitó las cosas a CFK, que naturalmente no podía presentarse en esas condiciones. La torpeza macrista también facilitó la estrategia de los legisladores K de no concurrir a la Asamblea para la jura de Macri.

Sólo una veintena (sobre un total de 150), entre diputados y senadores del FpV, se sentaron en sus bancas para la jura de Macri. Entre ellos, dos santafesinos, Silvina Frana y Omar Perotti, sobre un total de ocho (de Santa Fe). Dos miradas empiezan a tallar en el universo opositor del FpV y sus aliados afines. “Ampliar y escuchar más y mejor al pueblo, pero no enterrar nuestra perspectiva política ni ideológica”, como dicen desde distintos sectores K, o bien un barajar y dar de nuevo, como ya sugiere más o menos abiertamente el sector, por ahora claramente minoritario, que quiere subirse al nuevo clima PRO, aunque desde la identidad justicialista.

Juan Manuel Urtubey, joven gobernador de Salta, aparece como la punta más visible de esa visión PRO-Peronista. En las últimas horas planteó “elecciones internas en el PJ, el año que viene”. Dirigentes K puros, contestan, en voz baja, “¿cuál es el problema? vamos a elecciones”. Como sea, la rueda gigante del movimiento nacional, ahora a la intemperie, seguirá girando. El futuro, más abierto que nunca.

 

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