Ovación
Viernes 08 de Julio de 2016

El partido más disputado

Las pujas entre la Fifa y el COI atentan contra el fútbol de los Juegos Olímpicos. Barcelona 92 fue el punto de inflexión

La historia de desencuentros entre la Federación Internacional de Fútbol Asociado (Fifa) y el Comité Olímpico Internacional (COI) lleva décadas. El origen de todos los males es, como siempre, el negocio, el dinero. Jamás aparecerá la difusión y promoción del deporte como objetivo principal. Puede suceder en las declaraciones de ocasión, en los típicos y vacíos discursos institucionales, pero en la realidad pasa todo lo contrario.

La Fifa no quiere que el fútbol crezca dentro del olimpismo y el COI quiere servirse del fútbol para promocionar algunos deportes poco populares dentro de los Juegos.

Los tiempos cambian. Y con la brecha entre la Fifa y el COI también se profundizó la falta de interés por estos lados del mundo del fútbol olímpico. Antes era bien diferente, fundamentalmente porque hubo fútbol olímpico competitivo antes que mundiales. En realidad, el fútbol de los Juegos fue un Mundial en sí mismo hasta 1930.

El estadio Centenario de Montevideo fue declarado por la Fifa Monumento Histórico del Fútbol Mundial el 18 de julio (día de la independencia charrúa) de 1983.

Tres de las cuatro tribunas de ese gigante, que fue el escenario del primer Mundial de la Fifa en 1930, tienen nombres relacionados con los Juegos Olímpicos. Cosas de otros tiempos.

La Amsterdam recuerda la medalla dorada de los Juegos de Holanda 1928 que la selección oriental le ganó a Argentina. La Colombres rememora la ciudad donde Uruguay consiguió el primer puesto en París 1924. Y la Olímpica lleva ese nombre en homenaje a aquellas gestas de 1924 y 1928.

Hasta la aparición del primer Mundial de la Fifa y un par de décadas más, las copas del mundo vivieron a la sombra de los Juegos, pero el inmenso y voraz crecimiento del negocio fue poniendo en veredas cada vez más distantes y, obviamente antagónicas, a la Fifa y al COI.

Las reglamentaciones que empezó a imponer la Fifa para participar de los Juegos tienen una letra y un espíritu irreprochables, pero el objetivo principal, la obsesión de la casa suiza, es que el COI no le perturbe el negocio. Y la meta del COI es, como mínimo, ser accionista al menos minoritario por ahora de ese mismo negocio.

Seúl 88 fue la última competencia olímpica en la que no hubo restricciones para el fútbol. Ese año la medalla dorada fue para la ex Unión Soviética, pero la presencia de algunas estrellas consagradas de Brasil, Italia, la ex Yugoeslavia, la ex Alemania Occidental hicieron mucho ruido en el seno de la Fifa que lo tomó casi como un Mundial paralelo. Argentina, que era campeón del mundo, fue con un equipo alternativo y Carlos Pachamé como entrenador. Cayó frente a Brasil 1 a 0 en cuartos de final.

De aquellos juegos participaron, entre otros, los brasileños Romario, Bebeto, Taffarell y Jorginho, los italianos Andrea Carnevale y Ciro Ferrara, los alemanes Jürgen Klinsmann y Thomas Hassler, los ucranianos Igor Dobrovolski y Aleksei Mikhailichenko y el serbio Dragan Stojkovic. Luis Islas fue el único integrante del plantel que fue campeón en México 86.

La Fifa tomó nota y ya nada sería como antes. A partir de Barcelona 92, el ente regente del fútbol mundial, sólo permitió que compitan futbolistas Sub 23 con un tope de tres mayores por plantel. Ese reglamento se mantiene hasta hoy. Pero esa no fue la estocada final. Los Juegos Olímpicos jamás fueron incluidos como fecha Fifa y por eso es que los clubes no están obligados a ceder sus futbolistas.

Brasil, por ejemplo, obsesionado por ganar por primera vez el oro en Río de Janeiro, logró que Barcelona cediera a Neymar, pero a cambio de que no participara en la Copa América. Es la única corona que le falta al fútbol brasileño y no quiere sorpresas. Aunque el estigma de la semifinal de 2014 en el Mineirao sobrevuela el Maracaná.

Los tiempos cambian. Aquí, en Argentina, a los Juegos Olímpicos no se les da la importancia que verdaderamente tienen. Y las pocas veces que se afrontaron como correspondía, la selección fue protagonista. Para un país al que tanto le cuesta conseguir una medalla de oro, desatender al equipo de fútbol es un verdadero pecado.

Las medallas de oro obtenidas en Atenas 2004 y Beijing 2008 casi no son tenidas en cuenta por estos lares. Argentina pasó de ser bicampeón olímpico a no participar en Londres 2012 por no clasificarse. A esos juegos fue Uruguay, que hacía 84 años que no participaba. Sí, el último antecedente celeste databa de 1928 en Holanda.

En 2004 el técnico fue Marcelo Bielsa y el plantel estuvo compuesto por Germán Lux, Wilfredo Caballero, Roberto Ayala, Nicolás Burdisso, Fabricio Coloccini, Gabriel Heinze, Nicolás Medina, Clemente Rodríguez, Luis González, Christian González, Javier Mascherano, Mariano González, Andrés D'Alessandro, Luciano Figueroa, César Delgado, Carlos Tevez, Mauro Rosales y Javier Saviola. Argentina tuvo un torneo extraordinario. Marcó 17 goles y terminó con el arco invicto. Tevez fue el goleador con 8 tantos y se llevó el premio Fair Play.

En 2008 el entrenador fue Sergio Batista. Oscar Ustari, Ezequiel Garay, Fabián Monzón, Pablo Zabaleta,Fernando Gago, Federico Fazio, José Sosa, Ever Banega, Ezequiel Lavezzi, Juan Román Riquelme, Angel Dí María, Nicolás Pareja, Lautaro Acosta, Javier Mascherano, Lionel Messi, Sergio Agüero, Diego Buonanotte y Sergio Romero fueron los futbolistas. Tras la lesión de Oscar Ustari, fue convocado para el partido final el arquero Nicolás Navarro.

Sólo con repasar los planteles se comprende sin necesidad de explicación alguna cómo modificaron sus conductas las dirigencias de los clubes argentinos. Los tiempos cambian.

En aquellos primeros años del siglo XXI la lucha por el poder en la AFA estaba reservada para un futuro que ya llegó.

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