Ovación
Viernes 11 de Noviembre de 2016

El partido del color antes del partido por los puntos

En un Mineirao que no estuvo lleno, el color verdeamarelho se mezcló con el albiceleste

Qué suerte. El fútbol no es de noventa minutos. Es también la previa, el final y el mañana. Y los partidos grandes, o extraordinarios como el de ayer entre Brasil y Argentina, tienen un disfrute mayor. Lo máximo es en un Mundial, obvio, pero por las eliminatorias están ahí nomás. Y si juegan las estrellas ni hablar. Por eso había que estar temprano en el Mineirao, el estadio representativo de este Belo Horizonte gigante, lejos del mar pero bien brasileño.

Y claro, acá el escenario se vio pintado de amarillo, aunque no a pleno. Igual, las camisetas del seleccionado local brillaron, ya sea portadas desde las casas de cada hincha o compradas en las adyacencias del estadio. Apenas se abrieron las puertas cada hincha buscó su lugar y esperó tranquilo. Es que la apertura fue a las 18.45, tres horas antes del inicio del juego.

Ahí comenzó. Las pantallas gigantes se encendieron. Una detrás de cada arco, y la voz del estadio, femenina y con un brasileño rápido difícil de entender, dio la bienvenida. "Bem Vindos" marcaron las TV y al toque un contador empezó a marcar la asistencia: 50, 73, 134, 270 en menos de cinco minutos. Después no contaron más, como previendo que la cuenta no llegara a los números esperados.

Las imágenes siguieron con las jugadas principales del partido jugado en este estadio en 2004 (2-2 y ganado por penales por ellos 4-2), otras con goles variados de Neymar, Socrates, Ronaldinho y más, que fueron repitiendo cada tanto.

Las luces todavía no se habían prendido cuando a las 19.35 los árbitros caminaron la cancha, todavía de trajes, recién llegados. Como para pasar inadvertidos, aunque en la previa el Patón Bauza deslizó una queja porque el principal fue el chileno Julio Bascuñán.

Diez minutos después fue tiempo de abrir los grifos para mojar un poco el césped. No mucho, porque a primera hora de la mañana cayó un chaparrón. Cinco de cada lado de la cancha, dos dentro de las áreas y otros tres para cubrir la zona media.

La gente siguió llegando, pero se insiste, no la esperada. Los medios de prensa ya estaban todos adentro, en sus lugares llevando las primeras consideraciones a cada oyente radial. Pero de pasión futbolera todavía nada. El clima comenzó más tarde.

Y lo pusieron esos veinte argentinos que fueron juntando los policías para acomodarlos a un costado del sector de prensa. Algunos prefirieron quedarse detrás de los bancos. Y a medida que pasaron los minutos hubo más compatriotas hasta ser unos cincuenta. Uno de San Lorenzo, otro de River, un par de Chacarita, otro de Defensa y Justicia, todos con sus camisetas y varios con la albiceleste. Los mismos colores que lucieron dos hinchas de Atlético de Rafaela. Y...

Obviamente apareció uno con la camiseta de Central. Un rosarino que está en intercambio en su estudio de kinesiología, desde julio y se queda hasta diciembre en una ciudad a 400 kilómetros de Belo Horizonte, en Varginha. Su nombre: Gino Rovere, de 20 años, nacido en Arroyito y actualmente viviendo en Fisherton.

A todo esto, la mascota brasileña, el Canarinho entró a "volar" un poquito. Pero se fue tras una vuelta para volver más tarde. Y lo hizo regalando pelotas en los distintos sectores de las plateas. A las 20.50 los primeros aplausos partieron para los tres arqueros brasileños que salieron a entrar en ritmo. Lo mismo pasó con Romero, Guzmán y Rulli diez minutos después. Hasta que aparecieron los restantes grandes protagonistas a moverse entre los conitos preparados por los preparadores físicos y ayudantes.

Cuando finalizó la preparación y mientras los jugadores de ambos equipos fueron a terminar de cambiarse, se presentó la formación por los monitores y, obviamente el mayor grito fue por Messi, como para amedrentar pero con aprobación mezclada. Y de los brasileños el más aplaudido fue Neymar, como era de esperar.

Y la cancha no se llenó. Tal vez algo más de un sesenta por ciento de hinchas. Un número para nada esperado. Tal vez porque a los locales les cuesta demasiado una entrada, quizás algún mal recuerdo, vaya a saberse. Lo cierto es que el Mineirao no estuvo a pleno.

Y a la hora de los himnos, en las gradas los hinchas formaron una frase organizada temprano porque en cada asiento estaban las letras en cartulinas: "Somos todos selección" ("Somos todos selecao").

Entonces quedó esperar que el árbitro marcara el inicio y a jugar. Lo más lindo. Esos 90' de adrenalina en busca de una victoria, de la alegría de llegar al grito sagrado del gol. Para que una vez finalizado el juego y con el resultado puesto siga la otra parte de esta pasión de más de noventa minutos.

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