Economía
Domingo 03 de Julio de 2016

El Parlamento y el territorio

El Congreso convirtió en ley el megaproyecto que acompaña al blanqueo de capitales y formalizó el pacto que la mayoría de la clase política cerró de cara al 2017.

El Congreso convirtió en ley el megaproyecto que acompaña al blanqueo de capitales y formalizó el pacto que la mayoría de la clase política cerró de cara al 2017.

Aprovechando al máximo los activos heredados, como el desendeudamiento y el colchón de actividad que dejó 2015, los deconstructores del modelo de la posconvertibilidad hacen la caja para rediseñar el mapa político sobre la base de la negación de los protagonistas de la década pasada.

El gobierno nacional, los gobernadores, diputados y senadores, corporaciones empresarias, jueces y sindicalistas, sean oficialistas, opositores o arrepentidos cerraron la paritaria de recursos, obras, subsidios y asignaciones, arremolinados en la canilla del endeudamiento público y el eventual resultado del blanqueo.

El pacto del megaproyecto complementa así el permitió el pago a los fondos buitres, llave para tomar nueva deuda por 30 mil millones de dólares. Le suma como fuente financiera el cebo a los tenedores de activos en moneda extranjera y la caja del Fondo de Garantía de la Ansés, al mismo tiempo que abre el juego a la discusión de un nuevo negocio previsional por vía de una eventual reforma del sistema de reparto.

El blanqueo es el eje de esa ley múltiple. La zanahoria social es el pago de las deudas generadas por la mala liquidación de haberes de un tercio de los jubilados. También se eximirá a una porción de los trabajadores del pago del impuesto a las ganancias por el medio aguinaldo. El paquete incluye una moratoria impositiva y un combo de transacciones con las provincias. Se formaliza la devolución escalonada del 15% que le habían detraído para la Ansés y, en el caso de los Estados que no transfirieron sus Cajas jubilatorias, como Santa Fe, abre una negociación por la financiación del déficit.

Se trata de una suerte de nueva coparticipación ampliada basada en la oferta de recursos fiscales que saldrán de la deuda y la promesa de inversiones. Por debajo de ese pacto, las medidas "sociales" y desarrollistas que surgieron del nuevo consenso parlamentario, como la devolución del IVA y las promociones a pymes y autopartistas, también abrevan en ese ofertismo.

Pero ese mapa necesita, para ser sustentable, parecerse tarde o temprano al territorio. Hoy ese territorio muestra recesión, desempleo, precarización, conflicto y baja en la recaudación con la que se debería, en algún momento, pagar el nuevo pacto de gobernabilidad. La orilla del segundo semestre todavía no aparece y ya no se ve el puerto de partida de 2015, año que el Indec volvió a reputar en la semana como de crecimiento.

En este contexto, Macri sigue su propio mapa de navegación. Se subió en la semana a la cumbre de la Alianza del Pacífico, un club que intuye más glamoroso que el Mercosur. Por el contrario, la sociedad con Brasil, territorio histórico y real de la integración regional, enfrenta, a partir del cambio político en la región, un clima generalizado de "exit" indolente, más parecido al abandono.

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