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Miércoles 06 de Abril de 2011

El paredón que divide dos mundos

El amplio paredón que se extiende paralelo a la calle Ayacucho, entre Lamadrid y Estado de Israel, funcionó durante años en el imaginario barrial como el límite que divide a “ellos” de “nosotros”.

El amplio paredón que se extiende paralelo a la calle Ayacucho, entre Lamadrid y Estado de Israel, funcionó durante años en el imaginario barrial como el límite que divide a “ellos” de “nosotros”. Como si el Batallón de Comunicaciones 121 sirviera de escudo protector ante lo que podía venir desde más allá de esa calle con nombre de batalla que hoy también es epicentro de guerras, pero protagonizadas por líderes barriales que se disputan el control de la administración del delito.

Vivir detrás del paredón da seguridad. “Acá los militares tenían todo bien pintado y hasta los árboles cortados”, decían ayer los vecinos y se horrorizaban al pensar que ese “límite seguro” parece tener los días contados. La caída marcaría el avance de “ellos”. “Si vienen nos vamos a tener que ir, nos van a tapar la mugre y los robos”, decía una vecina.

Como si la gran solución a la inseguridad fuera dejar el viejo batallón intacto, evitar construir Fonavis, tratar por todos los medios que “ellos” no traspasen el límite que demarca el muro militar.

El barrio Roque Sáenz Peña no escapa a las generalidades de lo que ocurre en cualquier rincón de Rosario. Pasando Ayacucho, en Tablada también sufren la misma inseguridad. Esa que hoy es como un imán para los candidatos que en épocas electorales suelen tener grandes soluciones.

Mientras tanto, el problema de fondo sigue latente. Años de destrucción del tejido social cimentaron la cultura de “ellos” y “nosotros”. Esos dos mundos que comparten la misma ciudad y que hoy se horrorizan al verse tan cerca.

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