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Domingo 10 de Febrero de 2013

El paralelo inevitable con la Argentina

Cuando la tarde del viernes llegó la información de la fuerte devaluación en Venezuela —junto con el dato oficial de inflación de enero, de 3,3%— se sintió una inevitable resonancia, un eco local fortísimo, en esas noticias originadas en el otro extremo de Sudamérica.

Cuando la tarde del viernes llegó la información de la fuerte devaluación en Venezuela —junto con el dato oficial de inflación de enero, de 3,3%— se sintió una inevitable resonancia, un eco local fortísimo, en esas noticias originadas en el otro extremo de Sudamérica. Nunca, en estos largos años de acercamiento al chavismo de parte de los gobiernos argentinos, se había tenido una vivencia tan potente y clara de cuánto en común hay entre países y sistemas políticos, en principio tan diversos y distantes.

   Ocurre que los une la economía populista que ambos practican, con sus consabidos efectos: atraso cambiario, inflación reprimida pero descontrolada, desabastecimiento, desinversión y fuga de capitales. Por esto, las razones de ese paralelo que de inmediato hicieron muchos argentinos son por demás evidentes: el cepo cambiario local, con poco más de un año de antigüedad, creó en ese breve lapso un dolar paralelo que supera en 50% la cotización del inhallable dólar oficial; la inflación argentina supera incluso a la venezolana, al menos hasta ahora (Venezuela, que a diferencia de Argentina no falsea sus estadísticas, ya registró en diciembre un 3,5% de inflación, y todavía falta la que causará la devaluación). En Venezuela los controles de precios son tan antiguos como los del mercado de cambios, superan la década de vigencia. Acá empezaron en 2005, con los resultados que ya se conocen. En Venezuela es rutina hallar góndolas vacías de los bienes más elementales. En Argentina, con el “nuevo” control de precios impuesto esta semana por el secretario Guillermo Moreno, ya se empezó a temer lo mismo, y casi todos hemos visto los carteles de “sólo dos paquetes por persona” delante de los estantes de yerba y azúcar. Ambos gobiernos aplican asimismo un criterio policial a un fenómeno económico, como es el de la formación de precios. El gobierno chavista ha creado al menos un “índice de escasez”, que se ha disparado en este último tiempo. Los dos recurren a las mismas herramientas y al mismo lenguaje anticientífico y demagógico: si hay inflación, escasez de divisas (¡en países exportadores de commodities!) y de alimentos, es culpa de los “especuladores”. Se lanzan entonces amenazas confiscatorias y “campañas informativas”. Los resultados están a la vista de todos, venezolanos y argentinos.

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