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Sábado 26 de Diciembre de 2009

El pan y las rosas, el pan y los libros

En 1912 las trabajadoras textiles de Massachussetss, durante una protesta contra los salarios de hambre y el trabajo infantil, cantaban: "En el corto tiempo de la vida la felicidad no será más postergada. Cuerpo y alma, ambos tienen sed. Queremos el pan, pero también las rosas".

El poeta García Lorca decía en Granada, al inaugurar una biblioteca republicana: "No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro (...) Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan, que gocen todos los frutos del espíritu humano, porque lo contrario es convertirlos en esclavos de una terrible organización social". Las dos cosas, lo urgente y lo importante. El pan y las rosas. El pan y los libros.

Es urgente satisfacer las necesidades primarias de la población a través de ayuda humanitaria. Sin embargo, dice el refrán que "los zapatos y las latas de arvejas no tienen cría", una vez que las latas se consumen y que los zapatos se gastan, las poblaciones beneficiarias de la ayuda, retornan a la situación de partida, generando la eterna dependencia y el control social. Es importante apostar al acceso a la (in)formación y a la educación.

La educación permite recuperar identidades y patrimonios culturales, conocer derechos y deberes, encontrar alternativas y soluciones a las situaciones críticas, y comprender el poder del trabajo propio. Permite construir esperanzas, proyectos y anular cadenas de dependencia, dar a la vez el pescado y la caña.

Bienes culturales

Ante tanta pobreza por todos los rincones de nuestro mundo, de nuestros barrios, es vital asegurar el acceso a los bienes culturales. Crear espacios democráticos de encuentros con los libros, con el arte, con nuestra cultura y con otros. Y esto es una biblioteca popular. Una organización de vecinos que deciden no resignarse y que solidariamente prestan bienes comunes para asegurar el derecho social al conocimiento, a la lectura, a la participación, y que aporta a producir verdaderas transformaciones.

Por eso, hoy más que nunca, ante tantas urgencias, es necesario que circulen más y más lecturas para salvar lo que nos queda: las posibilidades de revertir esta situación. Entonces hay que ofrecer bibliotecas, escenarios de lectura, porque la lectura es liberadora y nadie puede contener los procesos de pensamiento que genera en cada persona. Un pueblo que lee elige, selecciona, y no sólo sus lecturas, sino a sus gobernantes, sus modelos de vida. Aprende a pensar. Aprende a optar. Aprende a defender sus puntos de vista.

Como decía Graciela Cabal: "Que la solución es social y política, ya lo sabemos. Pero también sabemos, porque nos los contaron nuestras abuelas cuando éramos chicos —y las abuelas nunca mienten—, que los mosquitos son capaces de ganarles a los leones, que los conejos se burlan de los lobos, que los pobres campesinos engatusan a los gigantes, y que los tontos, retontos, requetetontos nos guiñan el ojo mientras se quedan con la más hermosa de las princesas".

Una biblioteca es eso: el acceso al saber y a la ensoñación, a imaginar para poder crear otro futuro. Entonces celebremos que nuestros barrios se rieguen de bibliotecas populares, y que den libros y panes para todos.

(*) Docente, coordinadora de la Biblioteca Popular Cachilo.

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