Escenario
Sábado 09 de Julio de 2016

El Pájaro Gómez y Vilma Palma: "Llevamos una vida de gitanos"

El líder del grupo, el Pájaro Gómez, dijo que la banda se mantiene vigente girando por Latinoamérica. Hoy se presentan en Vorterix.

El Pájaro Gómez entra al diario La Capital como una suerte de estrella de rock de los años 80: campera de cuero, lentes oscuros (a pesar de que el día está nublado) y el pelo con unos reflejos rubios impecables, con un brillo que cualquier mujer envidiaría. Al líder de Vilma Palma se lo nota bien y en forma. Está claro que seguir de gira y en los escenarios lo mantiene joven. Aunque muchos rosarinos no lo sepan (como él mismo afirma), Vilma Palma no ha parado de tocar en los últimos años. Recientemente estuvieron en Colombia, en Perú y en Estados Unidos, donde el público corea hits de los 90 como "Auto rojo", "La pachanga" y "Bye bye" como si el tiempo no hubiese pasado. Es cierto que por Rosario no se los ve tan seguido, pero esa deuda hoy quedará saldada. Cuatro años después de aquel teatro Broadway que llenaron en 2012, Vilma Palma se presentará esta noche, a partir de las 21, en el teatro Vorterix (Salta 3519), en el marco de una fiesta retro. El grupo que se completa con Gerardo Pugliani (bajo), Carlos González (batería), Karina Di Lorenzo y Fabiana Díaz (coros), Pablo Cejas (guitarras), Martín Cura (teclados) y Lucho Cristini (percusión) reaparece en su ciudad natal para revivir los éxitos que lograron sobrevivir más de 20 años.

   Antes del show, y en charla con Escenario, el Pájaro Gómez habló del presente de Vilma, las giras por Latinoamérica y la nostalgia por el pasado. También reconoció que se enojó y sufrió en los 90 por las críticas que recibió la banda en el ambiente del rock.

   —¿Considerás que este es un regreso de Vilma Palma?

   —A mí los tacheros me preguntan "¿cuándo van a tocar?", pero nosotros vivimos laburando. Todos vivimos acá menos el Oveja (Carlos González), que está en Buenos Aires. Pero vivimos viajando, donde nos sale trabajo vamos. Este años hicimos una gira de 13 shows por las dos costas de Estados Unidos, desde Los Angeles y San Francisco hasta Dallas y Houston. Después volvimos y nos fuimos para Perú. Entre estos shows tocamos en muchas fiestas privadas en Buenos Aires y en la fiesta Bizarren, que es un éxito. Acá tocamos en Blue en diciembre del año pasado, pero como fue en el contexto de un boliche no tuvo una difusión masiva. La semana pasada estuvimos haciendo tres fechas en Colombia, y la semana que viene volvemos a actuar en Perú. Estamos todo el tiempo moviéndonos. Llevamos una vida de gitanos.

   —Ustedes tuvieron un pico de popularidad en los 90, se separaron en el 2000 y en 2005 volvieron con la formación completa. ¿Cómo definirías el presente de la banda?

   —Estamos cumpliendo 27 años. Y nunca dejamos de tocar. Más allá de la ruptura que hubo en el 2000 nunca dejamos de ser Vilma Palma, nunca disolvimos el grupo. En 2001, 2002 y 2003 estuvimos viviendo en Estados Unidos con el Largo (Gerardo) Pugliani, y después volvimos acá para rearmar la banda. Y en 2007 volvimos a lo grande con el DVD en vivo que hicimos en el Roxy. Vilma es una banda que está al alcance de la gente. La semana pasada se me acercó un flaco que me relató todas las veces que me había visto en vivo en diferentes lugares. Estamos siempre trabajando. No somos el éxito del momento, no somos Lali Espósito, pero estamos en el corazón de la gente. ¿Quién no conoce "Auto rojo", "Travesti", "Mojada" o "Bye bye"? Los pibes siguen escuchando al grupo por YouTube o por Spotify, o los padres les pasan los discos, entonces nuestra música siempre está ahí. El presente es que estamos trabajando a full, aunque mucha gente acá en Rosario no lo sabe.

   —¿Cómo explicás la vigencia de Vilma en Latinoamérica?

   —No sé, es un fenómeno raro. Días atrás tocamos en Colombia y nos llevamos una sorpresa bárbara. Tocamos en Tuluá, una ciudad que está cerca de Cali, y el boliche se venía abajo de gente. Había gente de 20, 30, 40 y de 50 años, de todas las edades, todos saltando y cantando. No nos dejaban ir del lugar. Después tocamos en Cali y llegamos tardísimo. En Perú hay chicos de 20 años que nos están escuchando. Es algo que se ha transmitido. En Bogotá hicimos prensa y todos los medios nos abrían las puertas. Fue fantástico. Yo pienso que la gente se identifica mucho con nuestras canciones, más allá de la edad. Eso lo hablaba con Cucho (Parisi) de los Decadentes. El me decía: "Loco, ustedes trabajan un montón". Y es cierto. Creo que ocupamos un lugar en el corazón y las orejas de la gente. Y eso se va reciclando con el tiempo.

   —En el show en el Vorterix son el centro de una fiesta retro. ¿Pensás que Vilma Palma es una banda netamente retro, que pertenece al pasado?

   —Yo no sé si está bien o mal ser retro. Esos rótulos los pone la gente. A los 55 años no puedo estar haciéndome problemas por los rótulos. También hay gente que no nos conoce, esa es una realidad. Los pibes que van a las fiestas electrónicas a Metropolitano no creo que escuchen Vilma Palma. Capaz que escuchan un tema nuestro en la radio y ni saben quiénes somos.

   —¿Sentís nostalgia por los 80 y los 90? ¿Cómo recordás aquellos años?

   —Sí, siento mucha nostalgia. Y no sé si está bueno eso, mi hermano me reta mucho (risas). Siento nostalgia porque en Argentina se vivía una época muy distinta en todo sentido, a nivel social y musical. La década del 80 fue única. Había bandas que al día de hoy no fueron superadas. Y que me disculpen las bandas de ahora, lo digo con todo respeto. Pero antes había bandas como Fricción, Clap, Virus, Don Cornelio y la Zona, Instrucción Cívica... No sé si está bien mirar para atrás, pero la verdad es que esa época fue gloriosa. Yo lo viví con Identikit. Recuerdo cuando fuimos a tocar al Chateau Rock en el 86. Fue fabuloso. Sonamos como nunca y la gente coreaba los temas. Y había como 15 mil personas. El mismo Fito (Páez) nos vio y quedó como shockeado. En los 80 había otra onda, otra frecuencia. Ahora todo se ha transformado, no es lo mismo. Hoy si vas a un boliche te ponen cumbia. Ojo que no estoy en contra de la cumbia. Pero algo cambió. Vos antes ibas a un boliche y escuchabas a Soda Stereo, a los Cadillacs, a INSX. Ahora eso no suena. Es todo cumbia o reggaeton. Son modas.

   —En los 90, cuando explotó el éxito de Vilma, ¿alguna vez te la creíste?

   —Sí, me la creí, y a todos nos pasó.

   —¿Y cómo bajaste?

   —A los golpes (risas). Ojo que acá en Rosario nos criticaban bastante. No entendían cómo la pegábamos en todos lados. Y yo lo sufrí mucho. Ahora me chupa un huevo, porque ya estoy más allá de todo eso. Al que le gusta le gusta y al que no, no. Pero yo lo sufrí.

   —Había una especie de discriminación con Vilma Palma. En el ambiente del rock no los querían...

   —Nos odiaban. Por suerte eso ya pasó. Después tuvimos una revancha en los 2000, cuando grabamos el DVD en el Roxy. Ahí se dio vuelta la tortilla. Algunos nos empezaron a reconocer. Ahora todos nos reciben bien, incluso en Rosario, pero al principio fue duro. Había críticas duras. Y a mí me daba bronca, porque el primer disco de Vilma Palma es glorioso, es mortal. Incluso creo que es una continuación de Identikit. Yo en Identikit era baterista y hacía coros, pero ahí aprendí a hacer música, ahí me largué a componer. Los tres primeros discos de Vilma son gloriosos. Y también reconozco que ha habido discos malos. Cuando grabamos "Hecatombe" nos dieron con un caño. Recuerdo que una vez tocamos en Contrabando y fueron a cubrir el show y nos mataron. Yo me calentaba mal, no me gustaba (risas). Pero eran cosas de pendejo. Tenía 30 años.

—¿Tienen planes para sacar otro disco? ¿Vale la pena editar en medio de la crisis del mercado discográfico?

   —Mirá, yo tengo ganas de grabar un nuevo disco, pero ahora hacés un disco y te lo metés en el coxis. También es parte de mi tozudez. Pero no me dan ganas de grabar algo para que el disco después quede en la nada. El mercado cambió mucho, y eso arrastró todo. Vos podés seguir pensando como en la vieja escuela, pero la realidad es que ya no se puede cobrar más por un disco. Nosotros tenemos una disquera independiente pero ganás dos centavos, porque los discos ya no se venden. Nosotros somos de la época en que se cobraban regalías. Si vos ves lo que cobramos ahora por regalías y lo comparás con lo que ganábamos en los 90 te largás a reír. Además, si hoy querés sacar un disco, tenés que pagar la grabación vos. Tenés que entregarlo ya listo y bancarlo vos. Tal vez el año que viene saquemos algo, un EP de cuatro temas podría ser. En el celular tengo guardadas 50 canciones que sacamos con la guitarra, pero yo no quiero sacar algo que esté más o menos, quiero sacar algo que esté bueno, que esté bien hecho.

   —¿Cómo te llevás con el paso del tiempo? ¿Te cuidás?

   —Sí, me cuido. Le hago mucho caso a mi familia. Me cuido. No soy un tipo que tenga grandes mordidas de banquina. Más que tomar vino y champagne no hago. Me preocupé en bajar de peso porque me sentía hinchado. Dejé el pan y los postres. Cuando estoy acá en Rosario voy casi todos los días al gimnasio. Lo del gimnasio también lo hago por una cuestión de salud mental, porque no voy al psicólogo ni pienso ir. Tendría que ir, pero no voy, tengo una negación total con eso.

"Soy el más cabrón, pero con el tiempo aprendí a ser menos egoísta"

"Es una eterna lucha seguir llevando la bandera de tocar juntos. Las relaciones humanas son muy difíciles", reconoció el Pájaro Gómez sobre los 27 años de carrera de Vilma. Pero también confesó: "El peor llevado soy yo. Soy el más solitario". El cantante admitió que en dos décadas de trayectoria aprendió mucho sobre la convivencia. "Aprendí a escuchar a los que tengo al lado, aprendí de los consejos que te da mucha gente que está afuera del grupo y gente que tiene ganas de seguir empujando. A veces se nos cruzó por la cabeza mandar a la mierda todo, sin embargo después pensás: «¿por qué voy a dejar, si este laburo es único?»", reflexionó. El líder del grupo también reconoció que "los viajes son desgastantes". "La última gira por EEUU fue palo y palo, tocando de jueves a domingo, con muchas horas de viaje por tierra, o con horas y horas esperando en los aeropuertos. Pero cuando llegás acá, porque por suerte vivo acá, y estás tomando una copa de vino con un amigo, te decís: «No podés perder este laburo». Igual el que más putea soy yo. Soy el más cabrón con los horarios. Los horarios de los viajes me trastornan. Pero aprendí a cumplir horarios, a escuchar y a ser menos egoísta", aseguró.


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