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Viernes 03 de Julio de 2009

El país que viene

Las elecciones del último domingo marcan con bastante claridad el futuro del país para, al menos, la próxima década. La Argentina se encamina sin prisa, pero decididamente, hacia políticas más conservadoras y de centroderecha. Es el reflejo de Europa, aunque en estas latitudes llegue con algo de retraso. Alemania, Francia e Italia, motores económicos del Viejo Continente, tienen líderes conservadores, pero su poder sufrió la erosión de la crisis financiera internacional. Cuando allí resoplen nuevamente aires más progresistas, la Argentina seguramente estará comenzando una etapa gobernada por el sector más liberal del peronismo, único partido que puede terminar sus mandatos presidenciales sin alejamientos anticipados...  

Las elecciones del último domingo marcan con bastante claridad el futuro del país para, al menos, la próxima década. La Argentina se encamina sin prisa, pero decididamente, hacia políticas más conservadoras y de centroderecha. Es el reflejo de Europa, aunque en estas latitudes llegue con algo de retraso. Alemania, Francia e Italia, motores económicos del Viejo Continente, tienen líderes conservadores, pero su poder sufrió la erosión de la crisis financiera internacional. Cuando allí resoplen nuevamente aires más progresistas, la Argentina seguramente estará comenzando una etapa gobernada por el sector más liberal del peronismo, único partido que puede terminar sus mandatos presidenciales sin alejamientos anticipados.

Un escenario con Carlos Reutemann como presidente, Francisco de Narváez en la gobernación de Buenos Aires y el justicialismo reinstalado otra vez en la provincia de Santa Fe no resultaría extraño. El mensaje de las urnas fue claro y hoy por hoy los argentinos, pese a la gran elección de Pino Solanas en Capital Federal, parecen darle la confianza a ese sector ideológico vinculado al campo, al empresariado y a políticas económicas más liberales que las actuales.

Sin embargo, la lección del menemismo se aprendió y es improbable que gobiernos de similares pensamientos lleven al país a otro desastre económico como el de la década del 90. La historia no siempre se repite. Lo que viene será mejor, no se sabe si para todos, que lo conocido.

Aunque parezca extraño y ya lejano, fue la versión más fiel del peronismo la que produjo el crecimiento del PBI del país a tasas impensadas, disminuyó la desocupación y generó las condiciones de un consumo interno importante para motorizar la producción industrial. Pero también fue esa expresión del peronismo que llevó a la Nación a un enfrentamiento estéril con el campo que, sumado a la crisis global, derivó en inflación y en la desaceleración de la economía, además de poner al país al borde del abismo.

Para el 2011 la recesión mundial ya habrá pasado, los precios de los commodities retomarán un buen valor, como ya se insinúa, y será el tiempo para que los sectores ligados a la agroexportación lleven al gobierno nacional a alguien de su riñón.

En Santa Fe, el socialismo no para de cometer errores tras la ajustada derrota de su candidato a senador. La frase del gobernador Binner que tildó a los votantes de Reutemann como poseedores de una patología psiquiátrica no podrá ser revertida con facilidad y fue quizá lo peor en lo que lleva de mandato. Ese exabrupto tendrá más consecuencias políticas que una buena gestión al frente de la Gobernación. Fue peor aún que la frase de un personaje impresentable como Alfredo De Angeli, quien llamó a “arriar” a los peones de los campos en camionetas y decirles por quién votar.

La gente, guste o disguste, votó por un cambio hacia la derecha, condenó al gobierno nacional, castigó a la apocalíptica Elisa Carrió y puso en observación al socialismo santafesino para ver si en dos años le renueva su confianza o vuelve con el conocido e “incorregible” peronismo.
 

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