Edición Impresa
Lunes 28 de Diciembre de 2015

El otro Villar Rojas que irrumpió en el Macro

Sebastián Villar Rojas volvió en 2015 a indagar —como ya lo había hecho con dos de sus obras anteriores como Moderna (2011) y El exterminador de caballos (2013)— sobre la eternidad de los vínculos...

Sebastián Villar Rojas volvió en
2015 a indagar —como ya lo había
hecho con dos de sus obras anteriores
como Moderna (2011) y El exterminador
de caballos (2013)—
sobre la eternidad de los vínculos
amorosos en tiempos líquidos. El
imperio de lo frágil se llamó la
puesta que de noviembre a diciembre
se pudo ver en un lugar inusual
para lo que es la escena teatral: el
Museo de Arte Contemporáneo de
Rosario (Macro).
Casualidad o no, el dramaturgo
dice que el sitio se le ocurrió estando
de visita en Niteroi, ciudad donde
el gran Oscar Niemeyer —que
tiene un lugar a modo de homenaje
en la obra de Villar Rojas a partir
del proyecto inspirador del Puerto
de la Música— diseñó el museo de
arte contemporáneo. Desde ahí le
escribió a Marcela Römer, directora
del Castagnino+Macro, para
contarle la idea. La propuesta fue
más que innovadora y rompió con
la quietud de cualquier sala teatral.
El público (si es que la puesta
no rompe también con la idea tradicional
de espectador) tuvo que
acompañar piso por piso a los actores
y la obra dialogó con las distintas
muestras con las que le tocó
convivir durante esos meses dentro
del museo y que hicieron las veces
de escenografía. Banquito en
mano, los espectadores salieron de
la quietud, subieron por escalera o
ascensor a cada una de las salas y
sobre todo experimentaron desde
distintos puntos de vista la historia.
Porque se sabe que cuando uno
se mueve nunca vuelve a ocupar el
mismo lugar.
Si bien El imperio de lo frágil
(con actuaciones de Julio Chianetta,
Juliana Morán y Nicolás Valentini
Lassus) muestra la búsqueda
incansable de los tres protagonistas
por lograr la consagración, el éxito
y cierta originalidad a través de la
creación, lo central no deja de ser
el amor y sus distintas formas. ¿Se
puede amar a dos personas al mismo
tiempo? ¿Se las puede amar a
ambas con la misma intensidad? Y
además: ¿un varón puede soportar
que una mujer, su mujer, ame a dos
hombres de igual modo y al mismo
tiempo?
Como si se tratara de una metáfora
de las relaciones en estos tiempos
posmodernos pero también del
arte contemporáneo, en la obra de
Villar Rojas todo se vuelve efímero.
Algo de esa “inteligencia” que
Sebastián genera desde Rosario
y pone en circulación con su hermano
Adrián, artista instalado en
cualquier parte del mundo, parece
recrearse en la puesta. Lo frágil
impera. Lo sólido se desvanece en
el aire. Y al final del recorrido por
el interior de los silos quedan las
ruinas del amor pero también las
del arte.

Comentarios