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Sábado 27 de Febrero de 2010

El otro es oro

El amor es un trabajo duro. Presupone una sumisión absoluta al milagro, cuando prácticamente todos huyen de él.

El amor es un trabajo duro. Presupone una sumisión absoluta al milagro, cuando prácticamente todos huyen de él. Porque el amor verdadero equivale a la alienación, al descontrol, a la obediencia ciega a un impulso que nos gobierna sin moderación, piedad ni pausa.
El amor es una tarea cotidiana. No significa sólo la plenitud del encuentro, sino la persistencia de la exploración. La incesante búsqueda en el otro de lo que el otro es, y en uno de lo que el otro es en uno.

El otro es el oro del buscador de amor.

Anotó: “Ofrezco dedicación absoluta en los terrenos erótico, culinario, literario. Charla. Mucha charla. Cine. Mucho cine. Chocolate, whisky. Mucho whisky. Caminatas. Bares. Silencio compartido. Sueños compartidos. Mar, montañas y ciudad. Sobre todo, ciudad. Vereda. Esquina. Plaza. Noche. Lectura compartida. Ducha compartida. Ventanas abiertas por donde entra la luz del amanecer sobre el océano”.

Anotó: “Ruego descartar la asistencia en común a cualquier acontecimiento público o ámbito social de rasgos masivos: partidos de fútbol, recitales en estadios, cadenas cinematográficas de shoppings o restaurantes de moda en horarios pico. Los baños de multitud que proponía Baudelaire no son aconsejables para la concentración sin distracciones que requiere el sentimiento amoroso. La consigna es: uno para dos y dos para uno”.

Anotó: “En el amor, todo lo aprendido debe a la vez olvidarse y aplicarse. La experiencia enriquece, pero también frena”.

El amor es una construcción del espíritu. Habita en lo inesperado pero debe esperarse. Quien no lo espera, jamás lo encuentra. Sólo si vive en uno va hacia otro.

El amor es una convicción del espíritu. Pero también una necesidad de las manos.

El amor es una fragancia que se vuelve acto.

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