Acindar
Domingo 09 de Octubre de 2016

El oasis de las agromáquinas

La recuperación de la rentabilidad agrícola por las políticas económicas, generó un repunte en el sector. Esperan un mejor nivel de actividad en 2017.

Caída del consumo, suba de importaciones y dificultad para ser competitivos a la hora de exportar. Con más énfasis en una u otra variable, son los tres datos centrales para la mayoría de los industriales cuando definen un 2016 que ingresó ya en su recta final. En la provincia de Santa Fe el panorama fue el mismo, con excepción del complejo oleaginoso y la maquinaria agrícola, casi un oasis en medio del páramo que terminará siendo este año la industria nacional. Es que puesta la producción agropecuaria en el podio del modelo, los que fabrican sembradoras, cosechadoras, tractores o implementos, sacaron la cabeza del agua y esperan un 2017 todavía mejor. La Capital dialogó con referentes del sector para hacer un diagnóstico, y pensar lo que viene.

En Santa Fe se produce casi el 40% de la maquinaria agrícola fabricada en el país. Y este protagonismo tiene que ver con historias que se parecen, con una génesis emprendedora que constituye a las pymes del interior santafesino. Entre las oleadas de inmigrantes que llegaron a la Argentina el siglo pasado, vinieron quienes traían oficios vinculados a la herrería y experiencia de trabajo con las labores agrícolas.

Cambio de billetera y de ánimo

Así, se fue desarrollando nuestro sector de la maquinaria agrícola. Un caso emblemático es el de Las Parejas, a cien kilómetros de Rosario, que supo presentarse a sí misma como la ciudad con mayor cantidad de industrias por habitante. En una de estas plantas, hace 42 años que Mirko D'Ascanio fabrica silos. "Estos meses fueron muy buenos para el campo y ahí están nuestros clientes. Hay expectativas en el productor y en mis colegas. Aunque todavía, el entusiasmo no se trasladó a todas las ventas del sector. En sembradoras, hubo muchas operaciones y estimo que el próximo año debería sumarse el resto. Será clave que haya financiamiento, y que el gobierno pueda lograr contener la inflación", plantea el titular de la empresa que tiene 36 empleados, que pudieron volver a trabajar en turno completo.

A muy pocos kilómetros está Armstrong, otra localidad que creció al ritmo de estas historias. Allí funciona Crucianelli, que emplea a unas 200 personas. Su titular es desde hace muy poco el presidente de la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (Cafma). Al asumir, Raúl Crucianelli dijo: "Estamos en un escenario distinto, con muchas posibilidades, con un plafond de crecimiento importante. Técnicamente estamos a la altura de la maquinaria agrícola e implementos de primera línea en el mundo, pero la carga impositiva y el tema cambiario nos quita competitividad hacia afuera".

El gerente de ventas de esa empresa, Adrián Titarelli, lo explica: "La devaluación y la baja de retenciones cambiaron el humor de nuestros clientes. La soja, aunque con una mejora marginal respecto a lo que pasó con el trigo, también ayudó. Hoy, la moneda de cambio de los productores vale más. Y se animaron a invertir. Nosotros en Crucianelli hacemos sembradoras para grano fino y grueso. En los últimos años, se había dado una concentración de ventas en grandes productores y contratistas, sólo de grano grueso, especialmente de soja. Ahora, la perspectiva para trigo, maíz y girasol cambió. También la realidad de los productores de menor escala, que estaban muy atrasados en tecnificarse". Las sembradoras de esta firma van del millón a los cuatro millones de pesos.

D'Ascanio se refiere al fenómeno de la concentración agrícola y su impacto en los que fabrican maquinaria: "Los más grandes fueron los que pudieron seguir comprando. En estos últimos quince años, fue desapareciendo el productor chico de 50 o 100 hectáreas. Hoy esa persona alquila su campo y los reemplazaron los pooles, que no te compran una planta de silos. Ese reacomodamiento a nosotros no nos beneficia", dice.

La expansión de la soja, producida en campos muchas veces alquilados por contratistas, hizo que los silobolsa empiecen a ser parte del paisaje. En términos de costos de instalación, poner una tonelada de grano en esas bolsas cuesta 8 dólares. Y en un silo, cien. Es una relación es 11 a 1. "Si hubiera crédito, en diez años se amortiza el costo y es una inversión para toda la vida", agrega D'Ascanio. Pero el pool elige la rentabilidad rápida, porque ese mismo capital puede migrar a otra actividad.

Los años post 2008

Firmat, sobre la ruta 33, es sede de la tradicional Vassalli, que estuvo a punto de desaparecer, logró renegociar sus deudas con el Banco Nación, recibió apoyo del Ministerio de la Producción de la provincia, y hoy está fabricando nuevamente cosechadoras, gerenciada por un grupo de concesionarios de la firma. Otra localidad con historial fierrero es la pequeña Fuentes, a menos de una hora en auto desde Rosario. Allí Rubén Giorgi, titular de la firma que lleva su apellido, indica: "Había necesidad de renovación de equipos de parte de los productores y los contratistas, después de tres o cuatro años malos para el sector. El resto de la industria venía mejor, pero la maquinaria agrícola estaba muy atrás. En algunos casos no llegábamos al 25% de la capacidad instalada. Tuvimos mucha demanda antes de la siembra. Hoy, no estamos como en años tope, que fueron 2007 o 2011, pero estamos bien. Las fábricas están tomando gente y algunos tienen horas extras. Obviamente que en este proceso hace falta capacitar, porque también se desarmaron algunos talleres que funcionaban para tercerizar trabajos, entonces tenemos que tomarlos directamente nosotros".

Desde Las Parejas, D'Ascanio señala: "Tenemos hoy actividad dispar. Hay fundiciones que son proveedores nuestros, pero también del sector automotriz, el ferrocarril o el petróleo. Ellos no se alcanzaron a reactivar. Los que hacen pulverizadoras, también están bien".

La familia de empresarios Castellani, en la misma localidad, podrían ser una nota en sí misma. Carlos, titular de la firma Apache, es actualmente director del Banco Nación. Hace poco, en diálogo con este diario, destacó que en un año de tasas altas, la entidad oficial destrabó el cepo a los créditos para el productor sojero, que regían hasta diciembre. Orlando, otro de los tres hermanos, decidió en 1990 abrirse de Apache y crear su propia empresa. Fundó Ombú y hoy emplea a 420 personas, que además de máquinas agrícolas, hacen remolques. "De 2012 en adelante, años de poco trabajo para la parte agrícola, esta línea se sostuvo y ayudó a traccionar toda la firma. Había créditos con tasa del 6% anual para la renovación de remolques, muy atractivos. También muchos contratos viales, de construcción, que generaban demanda en transporte", señala.

Orlando Castellani agrega: "A mí siempre me gustó diversificar. Uno a sí es menos eficiente, pero los riesgos son menores. Hoy por ejemplo estamos haciendo higiene urbana, preparamos los camiones recolectores de basura. Eso nos da trabajo con varios municipios. Con respecto a los últimos años, creo que con el modelo anterior se defendía la industria nacional, pero había un concepto erróneo, de que todo productor era un terrateniente. Esa visión equivocada, nos castigó también a nosotros, pequeños y medianos industriales del interior, que toda la vida estuvimos vinculados a la producción agropecuaria". Consultado si la mejora fabril ya se nota en la vida económica parejense, Castellani dijo que "hay más trabajo para nuestra gente, pero las cosas están muy caras. Con lo que subió la inflación, a los obreros no les sobra nada".

"Hoy es diferente a 2014 porque entonces se devaluó y hubo inflación pero no suba de tarifas"

A los empleados fabriles todavía no, pero sí parecen haberles sobrado ahorros a los dueños de los granos. Según la Asociación de Concesionarios de la República Argentina, en los primeros seis meses del año, el vehículo más vendido del país dejó de ser el Chevrolet Classic o el VW Gol. El sitial de privilegio le correspondió a la pickup Toyota Hilux, con 16.584 unidades, a unos 600 mil pesos cada una.

Son camionetas inalcanzables para un asalariado, pero que sirven como capital de trabajo y no como renta. Así, sirve preguntarse qué pasa con la obra privada en Rosario, teniendo en cuenta que de 2003 en adelante el boom sojero derivó en inversión en ladrillos. Adrián García, operador inmobiliario rosarino, señala: "El precio de los cereales aumentó, pero todavía no se ve a la gente de campo buscando propiedades como en otras épocas. Si tienen buena cosecha, estimo que el año que viene va a haber buenas posibilidades de ofrecer este producto".

El frente externo

Adrián Titarelli señala respecto a la ecuación con otros países: "Apenas se devaluó, mejoró la relación cambiaria y recuperamos rentabilidad. Pero al paso de los meses, se achicó el margen. No estamos igual que en noviembre de 2015, pero parecido. Hay mercados que por el tipo del producto que tenemos no los perdimos, como por ejemplo Brasil. Estamos más caros en dólares, pero mejores en calidad. Eso pasa con toda la maquinaria agrícola a nivel nacional, salvo cosechadoras y tractoras que vienen de Estados Unidos".

Por su parte D'Ascanio cuestiona el hecho de que "la chapa galvanizada que usamos en la Argentina cueste un 70% más que en el resto del mundo, en dólares. Y así es imposible ser competitivo". Siderar, Acindar y Aluar tienen el monopolio de la chapa, el acero y el aluminio en el país. "Tener acerías en Argentina es muy bueno, pero no así", se queja D'Ascanio. Y agrega un dato: "En este momento estamos cotizando para armar una planta grande acá en la región. Los otros candidatos son una firma turca y una de Estados Unidos. Nos conocen, por eso creo que lo ganaremos, pero nos dicen que estamos más caros".

Para Gustavo Crucianelli, de la firma homónima, "hoy los costos internos son más importantes que el tipo de cambio. Porque si levantás el precio del dólar, pero vuelven a crecer los costos, no sirve". Ante la consulta sobre la comparación con lo sucedido en 2014, cuando se devaluó y la inflación se comió los beneficios, dice: "No tanto. Porque esa vez no subieron las tarifas. Este año, sí. Además, por factores que no manejamos nosotros, insumos que hacen al costo nuestro, como acero, caucho, retenes o alambre, cuestan más acá que en el resto del mundo".

Desde la Federación Industrial de Santa Fe (Fisfe), el especialista Marcelo Comelli advierte: "En los últimos años, empresas a las que les iba mal se reconvirtieron en otras actividades, como industria petrolera, ferroviaria o la construcción. Y hay muchos talleres que no tienen estandarizada la producción y salen de la cancha. Después hay un sector grande, con la presencia por ejemplo de John Deere en Granadero Baigorria, adonde hubo un intento de sustituir importaciones, que en estos meses no se habló más. Y la firma trajo máquinas importadas. Hay que cuidar que en esta bonanza no se afiancen las multinacionales, como Agco Allis u otras, por sobre la industria local, que tiene capacidad de sobra para hacer buenos productos, si se la acompaña. El Estado tiene que estar presente".


Martín Schorr

Martín Schorr: "El agro ya no es la locomotora"

Martín Schorr, doctor en Ciencias Sociales de la UBA, e investigador del Idaes-Ubsam y el Conicet, es conocedor de los procesos industriales del país. "La idea del agro como locomotora de una industria vigorosa, es en sí misma discutible, más en este contexto global, en el que se han deteriorado los términos del intercambio", dijo.

—¿Por qué hubo rendimientos tan dispares del complejo agroexportador y de la industria en este año?

—La hipótesis de que el agro con más rentabilidad tracciona por sí solo hacia un crecimiento industrial virtuoso, tiene patas cortas. Primero porque lo que hubo fue una fenomenal transferencia de ingresos a los actores más concentrados del sector, que terminó beneficiando al complejo agroexportador. La realidad marca que el agro está eslabonado a sectores industriales con poca generación de empleo como el de procesamiento de granos o la fabricación de maquinaria. Esta idea entonces del agro como locomotora de una industria vigorosa, es en sí misma discutible y más en este contexto. Porque, por un lado, los términos del intercambio se deterioraron para los países que elaboran materias primas. No estamos en el escenario global de 2005 a 2008. Los precios de lo que vende la Argentina al mundo valen menos y este año se dio en dólares una caída de las exportaciones. Segundo, la dinámica de las tasas, con las cuales el Banco Central apostó a contener la inflación, atentan contra los niveles de inversión. Tercero, el mercado interno está planchado, por la pérdida del poder adquisitivo.

—Entonces, ¿por qué piensa que Macri decidió postergar la baja de retenciones?

—El gobierno revisar su promesa electoral postergando la quita de retenciones a la soja, porque tiene un problema fiscal muy grave. Puede haber situaciones que heredó, pero también por una paliza autoinflingida, ya que la recaudación bajó por decisión propia. Al achicar ingresos por derechos de exportación, mientras también se enfriaron la economía y el consumo, se perdieron recursos. Veo que la única opción que maneja es endeudarse. Aquí entran en juego dos variables. Por un lado, que el mundo tampoco es un festival de deuda como lo era en los años 90 y por otro, pese al bajo stock de compromisos que dejó la administración anterior, al ritmo en el que se está yendo hoy, se camina hacia un problema de deuda alta en relación al PBI, un cuello de botella.

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