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Domingo 28 de Abril de 2013

El norte puesto en la inclusión social

Siete días en Rosario. El martes pasado los agentes antinarcóticos santafesinos llegaron a allanar un búnker de drogas en el barrio Saladillo.

El martes pasado los agentes antinarcóticos santafesinos llegaron a allanar un búnker de drogas en el barrio Saladillo. Para ingresar a ese reducto fortificado y cercado por alambres de púas tuvieron que romper las paredes y una parte del techo. Adentro encontraron a una nena de 15 años cubriendo un turno de venta de estupefacientes por el que se llevaba unos 300 pesos tras seis u ocho horas.

La edición de hoy de La Capital refleja el pedido de otra adolescente a sus profesores. Quería que la autorizaran a salir antes del colegio porque tenía que ir a "trabajar" a un búnker. La naturalidad del pedido dejó al desnudo una realidad lacerante: para gran parte de los chicos que viven en sectores vulnerables la convivencia con el narcotráfico es algo habitual. Lo tienen incorporado, de allí que para esta chica no tenía nada de extraño pedir permiso para ir a "trabajar" a ese sitio.

La madrugada del jueves, un exaltado grupo de al menos 30 personas ingresó con violencia en el hospital Roque Sáenz Peña y comenzó a destrozar todo lo que se le cruzó en el camino. La ira había sido desatada por la muerte de un joven que balearon en el barrio Las Flores. Minutos después el hospital estaba militarizado. Policías con escudos franqueaban las puertas, los médicos se reunían en asamblea y decidían no atender más que las urgencias. "Está en juego la vida de los profesionales", dijo la secretaria gremial del sindicato que los nuclea, Sandra Maiorana.

Un día después, un centenar de pibes de no más de 16 años arremetió contra los negocios de la peatonal, rompió vidrios e insultó a los comerciantes en el marco del Día de la Chupina, una especie de celebración incomprensible que fue creciendo con los años y que en cada edición deja decenas de detenidos.

Así, la violencia sigue marcando la agenda periodística.

A principios de este mes, cuando fue a inaugurar el periodo de sesiones ordinarias del Concejo, la intendenta Mónica Fein hizo un llamado a la convivencia ciudadana y destacó a la inclusión social como eje de su política de gobierno.

El dato no es menor: demuestra hacia dónde pretende direccionar sus esfuerzos esta administración. Desde ese día, la intendenta comenzó a recorrer los centros de distrito para presentar el plan social. Un programa que incluye talleres, recreación y deporte específicamente destinado a los sectores vulnerables.

Se trata de un plan no marketinero, que no genera grandes títulos ni permite cortar cintas, tan habitual en tiempos electorales, pero que va al centro del problema.

Se pretende refuncionalizar los viejos Centros Crecer por los de Convivencia Barrial. Los Crecer estuvieron vinculados básicamente en los 90 a la primera infancia, esta nueva versión hace eje en la juventud.

Fein destaca una y otra vez la "cohesión social" y la "convivencia". Sabe perfectamente que son esos aspectos los que se deben afianzar si se busca atemperar los niveles de violencia que sacuden a esta ciudad, donde 30 mil personas no tienen hogar y grandes sectores de adolescentes naturalizan la presencia continua del narcotráfico en las calles de sus barrios. Ese norte también sigue el Concejo. El 8 de mayo los ediles sesionarán en barrio Ludueña, el lugar donde a principios de año una disputa de soldaditos narco terminó con la vida de una militante social. Una muerte absurda, como tantas.

Tal vez sume más votos asfaltar una calle, pero estas políticas, las que no son obras tangibles y que no deben presentarse con fines electorales, sin dudas tienen como objetivo futuro generar una ciudad diferente. Una que de verdad sea "la mejor para vivir" y donde la violencia no siga marcando la agenda periodística.

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