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Viernes 17 de Junio de 2011

El nene que cambió su chocolatín por tela

Hay miles de anécdotas en estos 13 años de Alta en el Cielo. Y casi como en un sorteo, Vacaflor mete su mano en el bolillero de los recuerdos y comienza a extraer historias. Las que tienen que ver con los pibes de algunas escuelas del país y con gente común.

“La primera experiencia fue en el 99 con un jardín de Funes. Me llegó una carta junto con un retazo de tela. En las localidades chicas juntan más plata que la tela que tiene el tendero. En uno de los párrafos de esa carta un chico me decía que no se había comprado el chocolatín porque tuvo que poner la moneda para comprar la tela. Empecé a tener conciencia de que esto era cada vez más pesado”. La última que se sumó es la del lunes pasado con los chicos de la Escela Nº 54 Manuel Belgrano que lo invitaron a coser retazos en el patio escolar.

“O bien como pasó en un pueblo: se quedó sin tela, va a otro a comprar, y los de la localidad vecina se enteran y empiezan a hacer su propia bandera. Es un efecto rebote para el cual nadie hizo nada”, detalla casi como sin poder creer lo que generó.

También cuenta que en Rauch, provincia de Buenos Aires, hubo una familia que hizo la bandera en el jardín de su hija. Después se trasladaron a Italia. “A los dos o tres años nos mandaron desde allá la misma foto con una bandera que habían hecho en la escuela junto con otros chicos argentinos. La foto era en la misma posición, con la bandera colgada de un puente. Fue impresionante”, recuerda el conductor de La Mamadera.

Desde Ocumazo. Con mucha nostalgia repasa una experiencia con un establecimiento de Jujuy. “En 2001 llegó un sobre de una escuela de Ocumazo, con un retazo celeste. Adentro no había más nada. Siempre me dije que mi deuda era impagable. Cuando nació Alta en el Cielo era para abrazar a todo el mundo, para decir arranquemos de nuevo. No puedo ir a buscarlos a todos, entonces busquémonos nosotros mismos. Y me dije que algún día iba a ir a esa escuela. En 2007 me invitaron a ir a Jujuy, para un 25 de Mayo. Fui con amigos a un encuentro de emprendedores sociales en Maimará y ellos me obligaron a ir a Ocumazo. Viajamos 70 kilómetros de ripio en un auto común, no en una 4x4. Cuando llegué empecé a grabar a la docente que estaba y a los chicos. Empecé a llorar y no paré más”.

Historias, más historias: “Febrero de 2002, un grupo de docentes de la ciudad de Santa Fe hacen una bandera para tratar de que sus hijos, ya grandes, no se fueran del país. Y plantearon hacer la bandera para motivarlos. La hicieron gigantesca y la pasearon por toda la ciudad. Lograron conmoverlos a los pibes. Son signos del deseo y la esperanza que tiene cada retazo y cada bandera. Algunos son nacidos desde el dolor, desde la desesperación, del no saber qué hacer. En este ‘hagamos algo’, Alta en el Cielo le ha permitido a mucha gente arrancar por algún lado”.

“Hay un jardín en Santa Cruz que paseó este año una bandera de 300 metros en la inauguración de la temporada turística de la Cueva de las Manos. Esa llegó hace unos días en un baúl y este 20 de junio estarán algunas docentes que trabajaron en eso”, anticipa.

También Tailandia. También cuenta historias de particulares que viven en lugares insólitos del planeta. “En 2000 recibí un sobre desde Tailandia. Yo no entendía nada. Era una mujer que mandaba un retazo de tafeta para la bandera. Lo hacía ella pero también en representación de su hermana, que vivía Nueva York. Fue un delirio, ni sé cómo se enteraron”.

“Otra experiencia fuerte es con Julia Villafañe —desmenuza—, una mujer que trabaja con los hijos de cartoneros en Boulogne, provincia de Buenos Aires. Ella comenzó en 2001 con Alta en el Cielo y hace un trabajo demoledor. Cuando va a comprar la tela la dueña de la tienda le pregunta para qué tantos metros. Le cuenta y la mujer le devuelve la plata. Y así empezó a coser la bandera. Listo, ya está. Qué más palabras le podés poner a semejante experiencia. Nunca paró de hacer la bandera hasta ahora y sigue sumando escuelas de su radio de acción. Es un animal de laburante”.

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