Cartas de lectores
Miércoles 14 de Septiembre de 2016

El negocio del verso

Un ser humano sólo puede pensar en algo distinto de la mera supervivencia cuándo el entorno económico en el que vive le permite y le ofrece el tiempo y la suficiente energía como para pensar en algo más que en su propio hambre.

Un ser humano sólo puede pensar en algo distinto de la mera supervivencia cuándo el entorno económico en el que vive le permite y le ofrece el tiempo y la suficiente energía como para pensar en algo más que en su propio hambre. Además, "si nadie garantiza el futuro, el hoy se vuelve inmenso". Resulta imposible hoy que la gente común haga un aporte valedero a la sociedad si los instrumentos y los actuales actores que se le proponen son en evidencia ineficaces, vengativos y su gran mayoría de dudosos prontuarios. Convivimos con un tipo de sociedad en cierto grado despótica, que condena filosóficamente la pobreza pero no simpatiza en absoluto con los pobres. Los opinólogos y mediáticos comunicadores desarrollan teorías en base a sus propias y erradas suposiciones, propiciando y negociando evidentes situaciones guionadas de extrema violencia, para llevarlas a la televisión. Publicitando títulos catástrofes o escenificando hechos truculentos, mediante el pago a participantes. Innumerables libretos preestablecidos en procura de un dañoso sensacionalismo, pero jamás proponiendo soluciones, y mucho menos siendo parte de ellas. Haciendo uso y abuso de una famosa brecha que siempre ha existido, pero que hoy les resulta un negocio fantástico. Destacando siempre la cara doliente de situaciones que empobrecen su propia realidad y capacidad de comunicadores. Resulta lógico comprender que cualquier periodista, como humano, puede padecer desazones personales imposibles de aclarar debidamente, y como tales transmitirlas. Para terminar inspirando piedad generalizada por mostrarse involucrados de manera insolente y sólo por motivos económicos, en la búsqueda de una libertad y un bienestar general de barricada y sin haber logrado nunca colaborar en su beneficio.

Norberto Ivaldi

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