Escenario
Sábado 01 de Octubre de 2016

El murguero que rockea para cantar con todos

Tabaré Cardozo presentó "Malandra" en lavardén y ratificó su química con Rosario y el Negro Fontanarrosa.

Tabaré Cardozo saca canciones de su galera con pulso murguero pero en tiempo de rock. Y el público rosarino se lo agradece. Como lo hizo antenoche en el teatro de Plataforma Lavardén ante una platea que lo despidió de pie, bailando y cantando, como si estuviese sobre un tablado de carnaval en Montevideo.

La excusa fue la presentación de su último material "Malandra", un disco con suficiente peso específico en las letras, una buena costumbre que Tabaré Cardozo viene arrastrando desde los tiempos de Agarrate Catalina.

Justamente seis integrantes de esa murga, entre ellos Yamandú y Martín, sus hermanos, fueron el soporte emocional del show local. Delante de ellos, con una base de guitarra, bajo, batería y teclados, Tabaré se despachó a gusto con sus canciones, con la libertad que tiene un pibe que se pone a cantar el último tema de moda en el patio de su casa. Confesó su amor incondicional a la obra del Negro Roberto Fontanarrosa, a quien citó como "el mejor escritor del mundo", le hizo un guiño a Eduardo Galeano con la historia de "Barbosa", el arquero brasileño estigmatizado por el maracanazo uruguayo en el mundial del 50, y hasta homenajeó a su grupo murguero de su infancia con "Los Draculatekas", quizá el mejor tema del show.

Pero lo más jugoso de la noche fue esa rockola gigante que propuso el artista. Porque se animó a blusear con "Todo el año es rock and roll"; a milonguear en plan intimista, pero con coro rosarino, en "Botija maula"; y hasta a invitar a Julia, una chica del público, a cantar "lo que vos quieras" en un acto de generosidad pocas veces visto en un recital.

Quizá para la mayoría lo inolvidable haya sido el segmento final. Porque aparecieron algunos éxitos de la Catalina como "El viaje" y los hits de Tabaré como "El murguero oriental" y "Lo que el tiempo me enseñó". Pero, claro, la imagen del último bis quedó marcada a fuego. Porque los músicos y cantantes hicieron un gran coro murguero, porque la galera voló por el aire y los artistas bajaron del escenario para cantar con la gente. Porque la murga suena mejor cuando se canta entre todos. Y Tabaré asoma con su voz y se luce. Sólo por ser uno más.

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