El Mundo
Lunes 09 de Octubre de 2017

"Ya era hora de que tuviéramos el valor de salir a las calles"

Orgullosos de su gran número, muchos manifestantes contaron cómo se han roto amistades y familias por culpa del separatismo

A sus 63 años, Pedro se manifestó ayer por primera vez en la calle desde la muerte del dictador Francisco Franco (1975). Y lo hizo con una bandera española y en Barcelona. "No soy muy de banderas porque creo que somos todos iguales, catalanes, pero nos sentimos obligados a llevarla porque sino, no existimos", dijo en medio de la gran marcha contra la independencia de Cataluña.

Como él, cientos de miles de catalanes decidieron alzar la voz y dejar de ser al menos por un día esa "mayoría silenciosa" que durante los últimos años asistió con preocupación y sin estruendos a los planes del gobierno catalán de Carles Puigdemont para romper con España. "¡Viva España!, ¡Viva el rey!", se escuchaba en las calles de la capital catalana desde primera hora de la mañana.

Una riada de banderas españolas y "señeras" catalanas inundó el centro de Barcelona. Entre gritos como "Yo soy español" o "España, unida, jamás será vencida", el más escuchado fue "Puigdemont a prisión".

"Es muy fuerte lo que está pasando: cientos de miles de personas están pidiendo que el presidente de su gobierno vaya a la cárcel. Nunca se había visto algo así en España", dijo Vicente, un catalán de 54 años.

Desde primera hora de la mañana, autis con banderas españolas surcaron las calles de la capital catalana, que poco a poco fue tiñéndose de rojo y amarillo. Entre la muchedumbre destacaba Alvaro de Marichalar, ex cuñado de la infanta Elena _hermana del rey español Felipe VI_, por su camiseta con la bandera de España y los escudos de los dos equipos de fútbol más importantes del país: el Real Madrid y el Barcelona. "Esta camiseta es un símbolo de concordia", dijo. "Pero Puigdemont tiene que ir a la cárcel porque es un golpista", añadió.

Muchos manifestantes destacaron la tensión "inédita" en Cataluña y el miedo latente a que la fractura en la sociedad no tenga marcha atrás. "Algunos de mis amigos se han salido del grupo de whatsapp que teníamos y en las comidas familiares no se puede hablar de política", lamentaba una joven con la Constitución española en la mano.Con la esperanza de que su hijo de 17 meses crezca "en una ciudad de paz y convivencia", Isabel hizo caso omiso a quienes le recomendaron que no saliera a manifestarse con el bebé en brazos."Esta semana he estado super-triste porque he discutido con amigos y compañeros de trabajo. Yo soy de izquierdas y me están llamando fascista por no ser independentista. Esto no puede seguir así, hay que hacer algo".

"Mira, tengo los pelos de punta, me emociona ver tanta gente. Ya era hora de que la gente tuviera valor para salir a la calle", decía Teresa, de 51 años, quien se desplazó a Barcelona desde Viladecans. "¡Está todo lleno, no cabemos! ¡Hoy Barcelona es la capital de España!", gritaba con megáfono de los organizadores.

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