El Mundo
Lunes 08 de Mayo de 2017

Una victoria que trae alivio, pero que deja muchas incógnitas abiertas

Macron paró la ola populista en Europa, pero no recibió un cheque en blanco de una sociedad que votó muy dividida por clases y regiones.

Voto consuelo: ganó Emmanuel Macron o, en realidad, perdió Marine Le Pen. Francia respira aliviada. Europa también. Estaba en juego su futuro. La acechaban la salida del Reino Unido vía Brexit; el euroescepticismo alentado por los partidos de extrema derecha e izquierda, y los influjos de un intruso, Donald Trump. La acechaban sus fantasmas, capaces de corroer la permanencia en la zona euro de uno de sus fundadores. Y la acechaba en Francia, también, el dilema de inclinarse por la prolongación de un modelo en duda, pero aparentemente seguro, y la amenaza de hacerlo volar por los aires bajándole la persiana a la integración.

La victoria de Macron contra Le Pen en el ballotage dejó todo como estaba. Por ahora. Le paró los pies a la ola populista de Europa, en parte atenuada por la derrota en marzo del líder holandés de extrema derecha Geert Wilders. Los franceses no libraron un cheque en blanco al ex banquero sin más experiencia política que haber sido ministro de Economía del gobierno socialista de François Hollande. Tampoco sepultaron la carrera de la heredera xenófoba del colaboracionismo de Vichy (el régimen instaurado por el mariscal Philippe Pétain en parte del territorio francés y en sus colonias tras la firma del armisticio con la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial).

Un outsider muy francés

Macron es un outsider, pero, por su perfil liberal, responde al uso francés. En 19 de los 58 años de la V República hubo sólo dos presidentes socialistas: François Mitterrand y su tocayo Hollande. En Francia rige un sistema semipresidencialista con elecciones desdobladas. Las legislativas serán el 11 y el 18 de junio.

El antecedente histórico

La situación de Macron, de 39 años de edad, se parece bastante a la de Valéry Giscard d'Estaing, de 48 cuando ganó el ballotage en 1974. Su partido, la centrista Unión para la Democracia Francesa (UDF), manejaba los resortes del Elíseo, pero, como ahora "¡En Marcha!", no contaba con bancas propias en la Asamblea Nacional. Debió tejer alianzas.

Por primera vez en seis décadas no estuvieron en liza la derecha gaullista ni la izquierda socialista. Cayó el telón de una campaña salpicada por dos palabras poco mencionadas: corrupción y nepotismo. La creación de empleos ficticios para parientes hundió al favorito, François Fillon, candidato por Los Republicanos. Por la financiación del Frente Nacional (FN) con fondos del Parlamento Europeo estuvo en apuros Le Pen. Goza de inmunidad por ser eurodiputada. En el FN ocupan puestos su padre, su pareja, su hermana, su sobrina y una ex cuñada. Nada raro: es ilegal, pero el 20 por ciento de los 577 diputados franceses emplea a sus cónyuges y sus hijos.

Los franceses votaron divididos entre clases sociales, edades, la ciudad, el campo. Eso se acentuó por el desgarro de los partidos tradicionales, virtualmente divorciados de la sociedad. En 2002, cuando Jean-Marie Le Pen perdió en forma holgada el ballotage frente a Jacques Chirac, el rechazo masivo del nacionalismo populista se hizo sentir más que ahora. El asedio de los atentados terroristas, machacado por Marine Le Pen, llevó a muchos a pensar que la Unión Europea y la inmigración eran las causas de todos los males. Un desafío para Macron, el presidente más joven de la V República. "Un Peter Pan al revés", según François-Xavier Bourmaud, su biógrafo.

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